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"Café Salón Literario" de París

Palais Concert, en la Lima de comienzos del siglo XX.


El café y la literatura parecen guardar una relación estrecha desde siempre, pero el momento en que unen sus caminos en una senda común que ha dado lugar a mitos, tradiciones y costumbres en el mundo entero se remonta hacia solo un par de siglos atrás. 
            Con todo, pocos saben que la planta del café es originaria de Etiopía y que existen actualmente varios miles de variedades de su fruto; y que cuando los árabes y los turcos llevaron el café a Europa se le ingirió primero solo en pequeñas cantidades y fue tomado como medicina, hasta que hacia fines del siglo XVII se aceptó como bebida. Fue entonces cuando se abrió en Inglaterra el primer salón-café europeo: el Will's Café de Londres, que en realidad parecía un club para caballeros. Ahí se daban cita los escritores para intercambiar sus opiniones políticas y literarias en largas tertulias.  Más tarde cuando en París se inauguraron los primeros Cafés Turcos la entrada de mujeres a dichos locales fue considerado algo inmoral; sin embargo, ya en la segunda mitad del siglo XVIII había en París más de trescientos Cafés.  El gran Voltaire llegó a afirmar que no podía vivir ni trabajar sin el café, por lo que esta bebida se hizo característica de la Revolución Francesa y de los racionalistas.
            A la ciudad de Lima llegó en 1913 dicha moda con la inauguración del Palais Concert, que imitaba al Café de la Paix parisino. Ahí se reunían los escritores del Grupo Colónida con Abraham Valdelomar a la cabeza.
            Desde hace algunos años, emulando esas tradiciones que reunían a escritores y pensadores en torno a una buena taza de café para conversar sobre libros, autores y ediciones, se lleva a cabo el Café Salón Literario en París, organizado por el Centro Cultural Peruano (CECUPE) en esa ciudad, bajo la dirección de Yolanda Rigault. Este año 2018 viene con un programa interesante que ofrece las últimas novedades de la literatura peruana a través de presentaciones, lecturas, exposición, venta y firma de libros, con la presencia de algunos autores. La cita es el sábado 3 de febrero a partir de las 13:30 horas hasta 17:30 de la tarde. 
Bestiario Personal estará en el Café Salón Literario de París 2018

Los cisnes cuello blanco

Nunca me tragué el final del cuento de Hansel y Gretel. Que los dos niños se fueron volando a lomo de cisne hasta casa y todos fueron muy felices, había sido siempre para mí un final demasiado tirado de los pelos. Cuando era aún pequeña y no había visto un cisne en mi vida, yo creía —por categorización mental, o inercia cognitiva— que esas hermosas aves eran solo poco más grandes que un pato. Siendo así, no imaginaba que dos cisnes pudieran lo que se dice 'volar' alto —como los patos grandes y regordetes que había visto alzar vuelo con muchísimo esfuerzo en tierras iqueñas—, si encima tuvieran que llevar dos niños a cuestas. Hasta que un día, cuando ya era joven y no hacía mucho que acababa de instalarme en Múnich, experimenté una visión casi de cuento. Mientras estaba con la mirada perdida en dirección al tráfico de la avenida que se veía desde la ventana de mi piso, me distrajeron de ese ensimismamiento dos cisnes blancos que atravesaban el firmamento dando la impresión de que solo raspando irían a superar el edificio de cuatro pisos en el que me encontraba, o que se estrellarían contra él. Nada de eso ocurrió. Entonces me convencí, de la noche a la mañana, de que los cisnes sí podían ser tranquilamente héroes de historias imposibles. 

.... Seguir leyendo en mi columna BESTIARIO PERSONAL, en OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, nr 45, feb 2017, año 11





Los armadillos


La primera vez que vi la imagen de un armadillo y escuché sobre esos animalitos noctámbulos fue gracias a mi padre, quien en uno de sus viajes por el Alto Huallaga, esa singular región de la selva peruana, les había hecho una foto a dos niños andrajosos, pero felices, que llevaban entre ambos a una de esas criaturas en los brazos, y que, al parecer, mantenían en cautiverio, cual mascota.  


---> Seguir leyendo en:  Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES, nr 44, dic 2016, Año 10.

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Las carachamas, los bocachicos y otros peces mágicos


Prensa peruana (2017)
"Por la boca muere el pez", rezaba el titular de un periódico limeño hace años, cuando yo vivía allá, en mi ciudad natal. Aquella noticia, a la que la prensa amarilla había reservado ese espacio singular de la primera plana, iba sobre un sonado caso judicial que se había convertido en todo un psicosocial de moda en torno a un empresario acusado por sospecha de narcotráfico. Las malas lenguas de toda la prensa barata coincidían en que se trataba de uno de esos a los que llaman pez gordo. Y es que había sucedido con el magnate lo que con cualquier pez frente a una apetecible carnada: había mordido el anzuelo de sucesivos e intrincados interrogatorios, llenos de enmarañadas preguntas que lo habían hecho entrar en contradicciones para terminar 'vendiéndose' con sus propias declaraciones.


---> Seguir leyendo en:   OTROLUNES Revista Hispanoamericana de Cultura, nr. 43 (set 2016, Año 10).
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La fauna con púas


El filosofo alemán Arthur Schopenhauer, temprano defensor de los derechos de los animales, dedicó una de sus famosas parábolas a los puerco espines.  En ella quiso mostrar cómo se practicaban las relaciones sociales entre esos animalitos espinados que, en el fondo, parecían ser el modelo a seguir en las relaciones humanas.  El minucioso pensador describió cómo en un fuerte invierno los miembros de una sociedad de puerco espines se arrejuntaban con mucho afán para protegerse mutuamente de un inminente enfriamiento; sin embargo, apenas cada quien empezaba a sentir las púas del otro, empezaban todos a separarse de nuevo un poco. Y así, repetidas veces, los puerco espines iban arrejuntándose y separándose hasta encontrar el punto medio en que el calor del vecino les calentara sin dañarse con las púas ajenas. Para Schopenhauer esa distancia promedio para mantener saludables las relaciones entre aquellos animales tenía su paralelo en nuestra sociedad: la cortesía y los buenos modales.
          De esta parábola me acordé un verano, cuando visitaba una zona protegida en las playas de Paracas, hacia la costa sur peruana. Y es que sucedió que íbamos un grupo de visitantes en un bus bordeando tan bellas costas con un inconmensurable horizonte marino y mirando el hermoso paisaje conjunto de arena, mar y sol, cuando el guía propuso hacer una pausa en un paraje dispuesto por el Ministerio de Cultura para ello, donde había además un restaurante. 

---> Seguir leyendo en: 

Columna BESTIARIO PERSONAL,  Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES (Nr. 42, julio 2016, año 10), dirigida por el escritor cubano AMIR VALLE.


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Las lechuzas y los búhos


Hace poco un buen amigo mío regresó de México, donde había pasado una temporada en laborioso viaje de estudios e investigaciones, y me trajo un obsequio peculiar: un buhíto exótico, tallado en madera de copal, pintado el cuerpo en azul y las garras en blanco, decorado con unos puntillos celestes a manera de plumas, y tatuado con flores rosadas y hojas verdes. Mi amigo dijo haber encontrado ese souvenir en Arrazola, Oaxaca, región en la que esos animalitos fantasiosos de artesanía son llamados 'alebrijes' y considerados como seres enigmáticos que visitan a los humanos en sueños y visiones.
            Lo cierto es que para mí las lechuzas y los búhos son del tipo de aves que yo asociaría más bien con el insomnio y las noches de luna llena. Ya sea por ser pájaros nocturnos, o por tener que ver con la actividad de estudiar, características ambas que al juntarse dan como resultado el quemarse las pestañas leyendo durante varias insomnes madrugadas. No por nada se muestra siempre un búho entre los dibujos de los anuncios de librerías, de editoriales, de marcas de materiales para escritorio; incluso en esas ilustraciones a los búhos les suelen poner gafas. En una palabra, búho en nuestro sentido común y corriente occidental se suele usar como símbolo de sabiduría. 

---> Seguir leyendo en mi columna BESTIARIO PERSONAL, de la Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES (Nr. 41, mayo 2016, año 10), dirigida por el escritor cubano AMIR VALLE.


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Los sapos y las ranas


La diferencia, entre el tipo de anfibios a los que llaman 'sapos' y el otro tipo al que llaman 'ranas', no la supe bien nunca. Al parecer, sería pedante poderlos distinguir cual marisabidilla, pues desde que tengo uso de razón siempre he oído a todo el mundo utilizar ambas palabras casi como sinónimos. 
          La primera vez que escuché alguna referencia a estos animalitos de feo aspecto y color entre verde y marrón, arrugados, con cara de vejestorios y casi de pequeños monstruos, fue en algunas leyendas para niños, donde un sapo se convertía en príncipe al sentir el beso de una joven; o donde una rana sagrada salía de una cocha[1] andina y, de un salto, se comía la moneda de oro para que los deseos de una aclla[2] se cumplieran. Y la primera vez que vi una imagen de estos húmedos anfibios fue en un libro de rimas infantiles, que me recitaba mi hermana mayor, cuando yo aún no sabía leer: "Cucú, cucú, cantaba la rana; cucú, cucú, debajo del agua; cucú, cucú...".  Ahí estaba la ranita color verde chillón, con cara triste, que contemplaba la luna llena en una noche estrellada, sentada, no debajo sino, encima de una hoja de flor de loto en medio de un lago...


---> Seguir leyendo en mi columna BESTIARIO PERSONAL, de la Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES (Nr. 40, mayo 2016, año 10), dirigida por el escritor cubano AMIR VALLE.



          



[1] Del quechua: laguna.
[2] Del quechua: doncella destinada al servicio del Inca, en tiempos prehispánicos.

El caballito de palo


     
A pesar de la actual era tecnológica con las más grandes ofertas de juegos electrónicos para niños, y pese a lo práctico que resultan tabletas y teléfonos con plataformas lúdicas en versiones multimedia e interactivas para distracción de los más pequeños, he observado que el caballito de palo sigue siendo uno de los juguetes preferidos de los infantes varones, si se les pone uno a la mano: ese palo de madera a cuyo extremo superior va adherida una testa de caballo, de juguete, con brida y riendas para que los pequeños se imaginen que son los más diestros jinetes del mundo.  Pero por otro lado, lo de caballos, a secas, parece ser un hobby de niñas: no solo se ofertan caballos rosados, de plástico, de jebe o de madera, en todos los modelos y tamaños en las secciones de juguetería, sino que los clubes alemanes de equitación infantil y juvenil están invadidos por el género femenino. Incluso hay una serie libresca para niñas adolescentes —con una protagonista y su caballo— que es la competencia directa de Harry Potter.
---> Seguir leyendo en mi columna BESTIARIO PERSONAL, de la Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES (Nr. 39, ene 2016, año 10), dirigida por el escritor cubano AMIR VALLE.
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Los cuyes o conejillos de Indias


Las palabras españolas que sirvieron para nombrar por primera vez a las raras bestias de las Indias occidentales, o sea, de América, buscaron dar cuenta de la naturaleza de los nuevos animales, nunca antes vistos por los recién llegados, con un léxico conocido por los europeos de habla castellana. Por ejemplo, a los auquénidos andinos se les llamó corderos de la tierra, y por extensión a los productos derivados de ellos, frazadas de la tierra. También, sin embargo, a las aves de corral que llegaron al nuevo continente se les recalcó con el nombre de gallinas de castilla, para distinguirlas de otras aves oriundas. Y a esos dulces roedores que hoy conocemos como cuyes, alimento supremo de las poblaciones amerindias y entonces ofrenda para rituales funerarios, se les llamó conejillos de Indias.

---> Seguir leyendo en mi columna BESTIARIO PERSONAL, de la Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES (Nr. 38, oct 2015), dirigida por el escritor cubano AMIR VALLE.

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También publicado en 
BESTIARIO PERSONAL (Berlín: Epubli, 2017; 108 págs) 




Los Loros

[FRAGMENTO]

Cuando yo era estudiante en Lima, un soleado mediodía de verano, un amigo de la niñez, al que yo no veía hacía mucho tiempo, le dejó un encargo para mí al vigilante de mi calle: una jaula con un peruanísimo loro verde de cabeza roja, de esos “que hablan”. Mi amigo tenía que hacer unas prácticas de Zootecnia por dos semanas en una granja avícola en Huaral, adonde por estar “terminantemente prohibido” no podía llevarse la jaula con el lorito verde de cabeza roja, su mascota, me había escrito. La carta que acompañaba a la jaula con el ave portaba además instrucciones claras: “Coloca la jaula a dos metros de altura, pero no lo tengas enjaulado. Ábrele la puertita y deja que salga solo de la jaula y se pose sobre ella. Se quedará ahí todo el día sin molestar. No lo dejes solo en casa. Si tienes que salir: prende la radio en algún programa de comentarios políticos o noticiero con mucho debate, pues mientras escuche voceríos no intentará escaparse donde la vecina, si se da cuenta de que no hay nadie en casa. Puedes atreverte a rascarle suavemente entre el ala y el buche, le gusta. Cuando empiece a oscurecer lo puedes meter a su jaula (no suele entrar de manera voluntaria), esto es difícil, pero seguro que podrás. Cúbrele la jaula con una franela, así se dormirá enseguida. Ahora en el verano puedes tenerlo todo el día afuera a la sombra, y ahí también puede pernoctar dentro de su jaulita tapada. Cada tres días puedes ponerle al pie de la jaula un lavatorio con agua, de aprox. 5 cm de profundidad, él sabe bañarse solo. Te dejo un saco de sus semillas favoritas, pero ofrécele también fruta, le gusta la papaya y el plátano, y no olvides darle agüita”.


---> Seguir leyendo en mi columna BESTIARIO PERSONAL, en la Revista Hispanoamericana de Cultura OTRO LUNES (jun 2015, nº 37).

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