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Una entrevista trasatlántica con TERRA LITERARIA

Fuente de la imagen: Detalle del canal TERRA LITERARIA en Spotify

 
Frente a los territorios apátridas  ---que parecieran ser los del exilio en cualquiera de sus sentidos: exilio voluntario, exilio forzado, insilio, autodestierro---  no faltan los terrenos fértiles para el cultivo de las letras y de la literatura. Uno muy fructífero es el blog de TERRA LITERARIA, un lugar especial en el que estarse en casa es ubicarse en un "espacio abierto para la creación y la experimentación con diversos formatos, estilos, géneros, voces y temas". Así lo presentan sus creadoras y líderes, Malu Oliveira y Dianela Cano Rodriguez, quienes a dos manos (portugués y español) y a través de varios canales mediáticos acorde con los tiempos (facebook, instagram, youtube) difunden artes y cultura, mostrando al mundo autor@s, obras y trayectorias, con reseñas, lecturas, recuentos, reportajes y entrevistas.
En esta oportunidad fue un placer conversar con las feministas y activistas Malu Oliveira y Cristina Lima, en conexión trasatlántica que unió a Brasil con Liechtenstein y München. 
Aquí puedes acceder a la entrevista TERRA LITERARIA (4. Juli 2023) 
Disfruta la lectura del poema "Insilio Pandémico" (2020), visitando en youtube el canal de TERRA LITERARIA.


En: INSILIO POÉTICO (Autodestierro, 2001 – 2021) Múnich: Epubli, 2021 (=serie Poesía, 4); ISBN: 978-3-754911-69-3




 

Dossier PALABRAS FUERA DE LUGAR

"Puentes literarios: obras y traducciones. Una conversación con Ofelia Huamanchumo de la Cuba"
Por Giovana Minardi 

[Fragmento:]

[Giovanna Minardi:] En una entrevista has declarado que tienes poco espíritu de luchadora social en masa, que jamás fuiste a ninguna marcha de nada, que eres más del tipo ratón de biblioteca, te gusta leer, y escribir sería tu única forma de alzar alguna protesta. ¿Entonces crees que la literatura puede ser arma de protesta social?
[Ofelia Huamanchumo de la Cuba:] No solo la literatura, creo que todas las expresiones culturales pueden ser arma de protesta social. No obstante, no siempre esa lucha social a través del arte es posible, puesto que en muy pocas veces el artista no se traiciona, es decir, es difícil que la expresión literaria, ya sea un poema, la letra de una canción, un cuento, una poética, no caigan en el panfleto, cegados sus autores por la fiebre social. La Historia de las Mentalidades, y otras disciplinas humanas como el Derecho, la Filosofía o las Ciencias Políticas, han estudiado, o lo tienen entre sus objetos de estudio, a ese fenómeno que hace que muchas sociedades reaccionen con violencia frente a la injusticia social y, a su vez, ha hecho que ellas no se libren de optar también por la creación artística como salida opcional a la reacción violenta. Lo vemos en el teatro de Federico García Lorca frente a la represión franquista, en el arte mural zapatista, en muchas canciones 'protesta' durante la última dictadura chilena, o en el teatro contemporáneo de Humberto Robles frente al feminicidio mexicano, etc. En lo personal, no estoy en contra de las marchas, tampoco les tengo poca fe; me parece excelente que quiera marchar toda aquella escritora que sienta la necesidad de hacerlo, o también me parece saludable que pueda marchar quien no tenga otro camino para protestar. El rol de un escritor en su sociedad, si tuviera que atribuírsele uno concreto, no es salir a marchar; no obstante, no creo que sea un valor agregado, ni tampoco deshonra, que un escritor, un poeta o un dramaturgo lo hagan. Tampoco creo que sea asocial ni inmoral no solidarizarse con ninguna marcha siendo escritor, o sea, dejando de participar en ella. Las épocas de 'ora la espada, ora la pluma' ya pasaron.>>

Entrevista completa en:
Dossier: Palabras fuera de Lugar. Literatura peruana contemporánea. 
(Coords. Emilia Perassi y Emanuele Leonardi)
"Puentes literarios: obras y traducciones. Una conversación con Ofelia Huamanchumo", (pp. 142-148).




Fuente de la imagen: Webseite de Altre Modernità

Para leer novela policial latinoamericana


A PRÓPOSITO DE LA NOVELA NEOPOLICIAL  
Mientras huya el cuerpo (Lima: Editorial Estruendo Mudo, 2012)
de Ricardo Sumalavia.

Una entrevista con el autor, entre las pausas del Congreso "Reims, Champagne, París. Imágenes de Francia en la literatura latinoamericana". Reims, Francia, enero 2014.

Ricardo, yo te conocía como el especialista en la novela policial peruana. ¿Qué es la novela policial? ¿Cuál es la neopolicial?


Yo estuve dedicado una etapa, como dices,  a los estudios en torno a la novela policial. Ése es un género que tiene unas reglas fijas y determinadas en sus diversas etapas. Tanto en la novela policial clásica, donde un investigador no forma parte de un cuerpo de investigación, más bien es un aficionado, pero que utiliza su capacidad de razonamiento para resolver estos crímenes; como en otra etapa, donde sobresale el detective privado, cuya moral a veces se confunde con la del criminal que está en los bajos fondos; este detective es un marginal, que se vale de su razonamiento y de su acción física directa, en un medio además en que la novela va sirviendo también de crítica social.

¿Con cuál de ambas se identifica la literatura latinoamericana?
En el caso latinoamericano en estos últimos años la novela policial se identifica más con esta segunda descripción del detective, que no siempre tiene necesariamente esa profesión, sino que se trata de profesores, periodistas, gente que busca un verdad.

¿La novela policial entonces puede tener como figura central a alguien que tenga otra profesión, alguien que no sea necesariamente policía?
Exactamente, pero que se vale de su razonamiento porque quiere encontrar cierta justicia, pero que, sin embargo, sabe desde el comienzo que no la va a encontrar; la busca pero sabe que no la va a encontrar.

Si la novela policial clásica trata de un delito que es esclarecido por un detective, ¿de dónde sale esta tradición variada, o cómo se genera en el caso latinoamericano?
En el caso latinoamericano la novela policial es mucho más flexible porque digamos que no hay una tradición de confianza en el cuerpo policial como un ente de regulación de justicia, nunca la habido lamentablemente, más bien de desconfianza. Eso hace que los detectives de la literatura policial latinoamericana pertenezcan a otros espacios.

¿Y el término neopolicial cuándo y dónde nace?
Es un término creado por Vásquez Montalbán. Por otro lado, es un tema desarrollado por el cubano Leonardo Padura. Según estos escritores, una parte de la literatura latinoamericana se vale de las estrategias del género policial, pero sólo como un pretexto, nada más, y esas estrategias pueden aparecer en mayor o menor medida únicamente para hacer un despliegue de personajes y una problemática social determinada; entonces terminan siendo una especie de estrategias de la novela policial manipuladas, o sea que se genera un género que ya no es puro. De hecho, no estamos en una época de géneros puros. Ese carácter nuevo genera el término 'neopolicial', como un paso adelante que utiliza los modelos anteriores, nada más.

Y la cuestión del humor, ¿se permite humor en este tipo de novelas o desde el momento en que éste aparece pierde su carácter policial?
No, más que el humor yo diría más bien la ironía, que es un elemento que está mucho más presente, es un rasgo que se encuentra con frecuencia pero no es determinante. Eso tiene que ver más con el autor, con la novela misma, pero no necesariamente es una condición de la novela policial. Puede aparecer, o suele aparecer, porque está el detective muy vinculado con lo marginal y eso le genera un discurso en el que él trata de aproximarse pero también tomar distancia, entonces la ironía le permite ese juego de aproximación y distancia.

Y sobre el tipo de narrador de las novelas policiales peruanas ¿cuál es el que abunda, un omnisciente o un narrador protagonista?
Bueno, suele ser un género en el que puede haber un narrador omnisciente o un protagonista, aunque suele ser más el narrador protagonista. Ahora, si hablamos específicamente del Perú, no hay verdaderamente una tradición de novela policial peruana de la que podamos decir que hay ciertos rasgos precisos, como puede ser el caso la novela policial en Argentina, Cuba, México.

¿Por qué no hay una tradición marcada de novela policial en el Perú?
Es difícil de responder. Tenemos todas las condiciones sociales, literarias, etc. La sociedad, el estado, el crimen, el realismo tienen tradición en la narrativa peruana, pero debe haber otro tipo de factores que no han nutrido este tipo de tradición. Esto es algo muy curioso porque fíjate que la tradición del cuento policial se inicia de la mano con la tradición del cuento fantástico. Edgar Allan Poe es el iniciador del cuento fantástico moderno y del policial. Son dos caminos hacia la verdad, hacia la razón, que te lleva hacia lo verificable, lo comprobable, o hacia lo fantástico, lo improbable.  En el caso peruano parece que hemos optado más por lo fantástico, donde ya hay una larga tradición, pero sin embargo no tanto por el lado del policial.

¿Crees que para el caso peruano la novela policial tienda hacia la novela negra o tenga un parentesco ineludible con ella?
Sí, claro. La novela negra es un término que se ha ido ampliando respecto de su significado original, pero que representaba este caso de la novela americana, tipo Dashiell Hammett, Raymond Chandler, donde hay una participación directa del detective, del submundo, del crimen, de las mafias. En el caso nuestro, la novela negra peruana creo que ha asumido un poco esas características.

¿Qué nos recomiendas de la buena novela policial peruana o latinoamericana?
Yo diría Leonardo Padura, que me parece un escritor estupendo. Paco Ignacio Taibo.  Hay un chileno que tiene novelas policiales que me gustan mucho: Roberto Ampuero. Y bueno, hay una lista muy grande. Creo que la tetralogía de Leonardo Padura, titulada "Cuatro estaciones" con el detective Mario Conde, es un buen ejemplo, una gran entrada.

Si tuvieras que resumir tu novela 'neopolicial' Mientras huya el cuerpo en pocas palabras ¿qué dirías?
Mi obra Mientras huya el cuerpo es una novela fragmentaria que busca formar una armonía a partir de un caos, busca una verdad, en ese sentido el género policial sí me favoreció.
.....................

Entrevista publicada también en: Revista Digital S5 (Chile), 2014.

De libros, quipus y mafias


Entrevista a Ofelia Huamanchumo de la Cuba
Por Fernanda Gayoso



Ver booktrailer

Ofelia Huamanchumo la Cuba (Lima, 1971) ha publicado en julio de este año la novela corta Por el Arte de los Quipus, bajo un joven sello editorial (Vagón Azul Editores) de su ciudad natal. La autora, radicada en Alemania, teje en su ópera prima una entretenida historia sobre las peripecias que pasan dos filólogos, un peruano y una española, de paso por el Perú, mientras van tras las pistas de un manuscrito colonial que descifraría el misterio del sistema de comunicación prehispánico de los quipus. Se interponen en el camino la pasión y la locura, pero también las mafias, tema polémico sobre el que la escritora y docente universitaria ha accedido a conversar.


Con tu novela Por el Arte de los Quipus inauguras un tema en la literatura actual peruana asociado al género que está de moda, conocido como ‘de aventuras bibliófilas’. Lo que llama la atención es que no sigues la tradición de ir por el camino de la novela histórica que se remite a recrear tramos paralelos al pasado historiográfico conocido, o rellenar vacíos, sino que tú tocas más que todo acontecimientos actuales, a manera de denuncia, como es el tema del robo de libros y manuscritos antiguos de instituciones en el Perú.  ¿Qué te llevó a ello?
En realidad esta novela era inicialmente otra historia, que nunca pude desarrollar: la de unos coleccionistas de estampillas, y estaba tejida en torno a las mafias de vendedores de sellos postales falsificados que alguna vez rondaron por la feria dominical de filatelistas que se llevaba a cabo en el patio del Correo Central de Lima. Ese esbozo de novela que algunos amigos míos leyeron, durmió por mucho tiempo hasta que en el año 2011, cuando yo tenía preparado un viaje de investigación a Lima, un día antes de mi vuelo, a finales de febrero, el director de la Biblioteca Nacional del Perú anunció en comunicado público oficial el cierre de la institución debido a los robos habidos, y por inventarios, etc. Yo no pude cancelar el viaje y entonces con el tiempo que ya no necesitaba para pasarme el mes entero en bibliotecas y archivos limeños decidí sentarme a escribir la novela sobre libros perdidos o perseguidos, con la esperanza de hacer más bulla en torno a ese problema, pero de una manera amena y entretenida, sin tedios ni discursos moralistas como los que le siguieron a la campaña en favor de la recuperación de los libros robados. A mí me llamaba la atención que se conminara a devolver los libros robados a la innumerable masa de peruanos, que seguro que ni en su décima parte había pisado alguna vez la Biblioteca Nacional. Lo que tenía que haberse hecho, aunque pareciera una empresa descomunal, era sacar las listas con número finito de trabajadores, o investigadores, que habían podido tener acceso a los libros que se buscaba y preguntarles primero a ellos dónde creían que podrían estar los libros perdidos; sin ánimo de ofender, claro.

Para ti las mafias que trafican con incunables, documentos de archivos y otros tesoros bibliográficos estarían más relacionadas entonces con personajes con cierto poder en la sociedad peruana: catedráticos, investigadores, religiosos de altos cargos, incluso creas una figura de un candidato a congresista y de un falsificador de documentos que deambula por los pasillos de los Ministerios. ¿Te inventas de la nada esas personalidades o piensas en figuras públicas concretas con nombre y apellido?
Es una mezcla de todo, basándome en anécdotas o historias raras, escuchadas en alguna reunión, o leídas en noticias en la prensa; en todo caso, material que mi fantasía ha inflado, escogidas a dedo porque si el río suena es porque piedras trae. Hace un año o poco más, en la prensa, por ejemplo, cuando yo ya había casi terminado mi novela, apareció una noticia sobre un peruano en Lima que vendía títulos nobiliarios ingleses falsificados, lo cual me causó más que asombro mucha gracia de pensar en los ingenuos compradores. También es por todos conocido el caso de la catedrática italiana que presentó como primicia el hallazgo de unos manuscritos de aparente autoría del jesuita Blas Valera al mundo entero y puso de un plumazo en duda varios tomos de la Historia del Perú, armando una alborotada polémica entre los historiadores más serios. 

A lo largo de la trama novelesca se mencionan, sin embargo, hechos concretos con fechas y lugares que se pueden cotejar con la realidad histórica y actual peruana. Frente a ello en el preámbulo de la novela anuncias que cualquier coincidencia no será casual ni premeditada, sino inevitable. ¿Ha sido así realmente? ¿Por qué?
Es cierto que en la novela se mencionan acontecimientos con- cretos con fecha y lugar, y que tienen un correlato verificable en la realidad. Lo peculiar es que se presentan recontextualizados en otras circunstancias, fruto de mi fantasía. Es una manera borgeana de impostura pero no de personajes, sino de los marcos circunstanciales en los que aparecen ciertos sucesos acaecidos de verdad, por ejemplo, el incendio de la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, el robo de unos mapamundis de la Biblioteca Nacional de Madrid, el comunicado del director de la Biblioteca Nacional del Perú,  el robo de manuscritos y pinturas coloniales de muchas iglesias y archivos en Arequipa o Cusco, etc.  Y bueno, es inevitable su referencia porque para hablar de la mafia del comercio de libros y patrimonio cultural en el Perú, aunque fuera dentro de una historia de ciencia ficción, no se podría evitar tener que mencionar a la Biblioteca Nacional, a las Iglesias virreinales, a leyes y dictámenes judiciales ‘arreglados’, etc. Con todo ello, yo en mi novela denuncio de una manera sutil y solapada, y no he arremetido contra alguien o algo en concreto con la osadía a la que llegó el gran Heinrich Böll en su novelita El honor perdido de Katharina Blum, cuya advertencia cito en la mía.

En tu historia, al igual que en la que has mencionado de Böll, presentas la trama en una línea continua que narra una crónica, y das saltos en el tiempo para atrás, e incluso al igual que el autor alemán pones la voz de la presunta asesina en estilo directo. ¿Cuánta influencia hay de esa novela del escritor alemán que mencionas en la tuya?
No sé; pero sí es verdad que le seguí los pasos en cuanto al tema de mostrar la enorme influencia que la prensa puede llegar a tener sobre la opinión pública, al punto tal que muchos gobiernos asentados en ciertas democracias de papel latinoamericanas la usan para ejercer su poder, crear cortinas de humo, crear simpatías con ciertos personajes o tendencias, etc. Y ahora yo he tenido un instrumento más fácil para colocar la voz en estilo directo de la protagonista, a través de un blog con el que ella se dirige desde la cárcel ---cosa que vemos que realmente ocurre en la realidad del Perú--- a la opinión pública e incluso logra un grupo de seguidores de su caso.

Por otro lado, y para terminar con las conexiones con Böll, tú ironizas en torno a la prensa amarilla, pero extendiéndote hasta el periodismo radial y televisivo ¿Qué opinión tienes de la prensa peruana actual?
El poco acceso que tengo a la prensa peruana desde donde vivo es a través de Internet. En principio no veo noticieros de TV peruana por Internet ni cable, a lo mucho repaso a diario los titulares de los periódicos que tengan versión online, de todas las ciudades. A diferencia de leer los periódicos impresos, en estos se agregan los comentarios anónimos de los lectores. Yo sólo podría opinar sobre estas fuentes y me parece que lo primero que salta a la vista no es tanto el modo como se ofrecen las noticias, sino los temas, que dan muy poco espacio a la promoción de la cultura y demasiado protagonismo a las noticias de robos, asaltos, asesinatos, etc., y otros delitos del hampa por las calles, como si eso fuera el único acontecer delincuencial peruano; y se deja de lado el silencioso robo que poco a poco va ocurriendo en restos arqueológicos abandonados, en capillas coloniales de lugares alejados de la capital, donde desaparecen cerámicas, óleos de incalculable valor, manuscritos viejos, libros antiguos, etc.

… Como el Arte de los Quipus, ¿por ejemplo?, que lo fechas en tiempos coloniales.
[risas…] Bueno, ese libro me lo he inventado yo, no existe, pero creo firmemente en que debe haber existido en esos años y que alguien se lo robó y lo escondió en algún lugar, o fue incinerado en alguna hoguera inquisitorial, o quizás esté escondido en el Vaticano y alguien dentro de algunos años lo va a sacar a la luz cuando lo encuentre en el basurero de una biblioteca o de una iglesia [risas…]. En la época de la colonia hubo un fructífera producción de libros que se elaboraron con el afán de registrar los usos de las nuevas lenguas que los religiosos que llegaban a América iban pretendiendo describir sistemáticamente; a dichos libros se les llamaba Gramática, o el otro título que se usó mucho fue el de Arte, por ejemplo, en el Perú los más conocidos son, entre otros incunables, la Gramatica o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú de Domingo de Santo Tomás (1560), o la Gramática y arte nueva de la lengua general de todo el Perú, llamada Lengua Quichua, o Lengua del Inca, de Holguín (1607),  o el Arte de la lengua yunga (1644) de Fernando de la Carrera.

¿De qué trata tu incunable  Arte de los Quipus? ¿Cómo nació?
En la historia que cuenta la novela el Arte de los Quipus (que fecho en 1574) se presenta como un codex, o un manuscrito que nunca se llega a imprimir, por lo tanto no es un incunable en sentido estricto, porque para pasar por la imprenta hubiese tenido que contar con la autorización de la Iglesia, lo cual hubiese sido riesgoso para el autor, pues se hubiese tenido que exponer a una negativa y hasta una confiscación de su obra; quiero decir, …si fantaseamos un poco en torno a la existencia de religiosos extremistas que buscaban ahogar entre los fieles ciertas costumbres de origen prehispánico que pudieran considerarse idolátricas. Obviamente si es un Arte tenía que haber tratado de la descripción del ‘idioma de los quipus’, por pintarlo muy sencillamente, o sea, era un libro que explicaba las formas de elaborar y decodificar los nudos que servían para todo un sistema de comunicación.


¿Por qué escogiste el tema de los quipus como objeto central de tu novela inclinándote hacia ciertos géneros, como el policial y la novela negra? ¿Nostalgia por el Perú?
En realidad, el libro que me invento y titulo Arte de los Quipus, que aparece en la novela, ‘nació’ ---como me preguntaste antes--- de una frustración personal, de una resignación frente a la imposibilidad de ir más allá en las investigaciones en torno a los quipus. Eso me llevó a tocar el tema de los quipus simplemente. Se ha escrito mucho en torno a los quipus en estudios serios, y pero también en otros que sólo parecen serios, se ha especulado a diestra y siniestra, y creo que ni siquiera el hallazgo de una cosa como una piedra de roseta nos ayudaría a descifrar su misterio. Creo que sólo el hallazgo de un libro, algo así como un Arte de los Quipus, que alguien escribiera en los primeros años de la colonia nos llevaría a algo. Ese libro alguien lo tiene que haber escrito, mi intuición de lectora, pasional y concienzuda, de crónicas, gramáticas, confesionarios, memorias geográficas, libros de viaje, etc, de la época, pero también de documentos judiciales y de la administración colonial, me llevan a pensar que algo así tuvo que haberse escrito. Algún día se encontrará ese manuscrito [risas…]. Ése es mi sueño loco. Y, bueno, la ciudad de Múnich es el marco perfecto para escribir en esos géneros, a diario la ciudad ofrece conferencias y lecturas de autores del género policial, hay librerías especializadas en el género Krimi, se ruedan series policiales para la tele por sus calles, en sus barrios viven autores famosos del género, en fin, hay ambiente suficiente para inspirarse sin muchas nostalgias, sino con los pies bien puestos en la realidad. Y quiero decir en la ‘realidad literaria’ porque Múnich es una de las ciudades más seguras y con menor porcentaje de delincuencia en Alemania, casi un paraíso.

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Novela POR EL ARTE DE LOS QUIPUS 

La violencia de los ochenta en la novela peruana última

Entrevista al escritor Eduardo Huarag
(Fragmento)

(Imagen: Eduardo Huarag frente a la Facultad de Filología Románica de la LMU, München, enero 2010.)

La violencia terrorista vivida en el Perú hacia los años 80 y principios de los 90 y sus secuelas políticas, morales, sociales, económicas y psicológicas entre los habitantes del país ha sido tema central en muchas de las manifestaciones artísticas nacionales de los últimos años: desde trabajos artesanales y letras de canciones del folklore nacional, hasta películas cinematográficas, teatro, galerías fotográficas y producción literaria. Al menos en el género narrativo dicho tema parece haber inspirado los frutos más ricos en cantidad y calidad. Precisamente sobre las características más resaltantes de la literatura peruana última han tratado las conferencias que el profesor universitario y escritor Eduardo Huarag Álvarez ha dado en universidades e instituciones culturales europeas, en una gira realizada en enero 2010 por Alemania, Francia y España. Durante su paso por la Ludwig- Maximilians- Universität (LMU) de Múnich, Alemania, accedió amablemente a una entrevista.

En su última novela corta La barca (Ed. San Marcos, 2007) usted se enrola en la fila de los autores peruanos que toma el tema de la violencia de los años 80 y principios de los 90 como transfondo decisivo para una historia de amor. ¿Qué lo ha llevado a incursionar también en ese tema?

Bueno, hay varias cosas que tendría que mencionar. Primero, la experiencia vivencial de por medio. Yo pasé tres años, del 80 al 82, por la Universidad de Huamanga, en Ayacucho, y conocí una realidad muy diferente a la de Lima. Viajé hacia algunas localidades y constaté lo que significaba la pobreza extrema. No se podía pensar el país del mismo modo desde esos lugares ancestralmente marginados. De esa experiencia salió un tema, al que le fui dando vueltas por un buen tiempo, escribiendo una primera versión, y haciendo varios otros intentos, fallidos, por cierto. Y así fui armando una primera novela sobre esa materia: La promesa (2005). Esta novela, sin embargo, lleva la trama hacia otro asunto, de pronto sentí que el tema de la violencia se me había ido, y terminé escribiendo sobre el desgarrador tema del incesto. En cambio, en La barca (2007) a pesar de la distintas miradas desde diferentes espacios y tiempos, logré centrarme en la violencia y la trama policial. Y si bien el argumento central gira en torno a la relación de una pareja, Santiago y Alejandra, se tramite toda esa atmósfera de incertidumbre promovida por los servicios de Seguridad del Estado. En esta novela a través de la metafórica figura de una barca, que nunca llega a su destino y en la que mueren muchos anónimos personajes, he querido mostrar todas las implicancias que de algún modo supusieron esos años de violencia y de conmoción para el país. Creo que aquella fue una experiencia que no se puede ignorar o pasar por alto. Mi novela La barca fue así el resultado de una necesidad vital de transmitir y construir una historia sobre eso que me había dejado muy marcado por sus implicancias sociales, políticas, e incluso personales y sentimentales o emocionales.

Como sucede quizás también con novelas como La joven que subió al cielo ([1988] 2009), Rosa Cuchillo (1997), Abril rojo (2006), La hora azul (2007) e incluso Un lugar llamado Oreja de perro (2008), en las que el tema de la violencia terrorista está directa o indirectamente presente, ¿cree usted que todas ellas tienen algo en común, como para que se pueda hablar de la novela corta última en la literatura peruana?

Bueno, tienen en común eso que yo mencionaba hace un momento, esa veintena de años violentos que sacudieron la conciencia del país, tanto en Lima como en provincias. No es coincidencia que estas novelas toquen ese tema. Hay por parte de los autores un interés especial. En mi caso particular, tuve motivos de experiencia personal, pero soy consciente de que hay una actitud distinta de todos los escritores de tocar no sólo ese tema. A unos les interesa más la relación de la insurgencia con el pensamiento mesiánico, mítico; otros prefieren explorar en el conflicto existencial y el problema psicológico. Me parece que los escritores de ahora han tomado mayor conciencia del cómo hay que contar las historias, es decir, del uso concienzudo de técnicas y estrategias narrativas. Eso sí que es común a todos estos autores, si no, me atrevo a sostener que no serían relevantes sus obras.

¿Y esos escritores del Cusco – por ejemplo, Enrique Rosas-Paravichino, Luis Nieto Degregori, Mario Guevara - tienen algo especial en sus obras que permita hablar de una materia aparte con el título de ‘literatura cusqueña’ actual?

Creo que hay varias motivaciones en la producción literaria actual del Cusco. El tema de la violencia es sólo uno; también existe la tendencia hacia el rescate histórico, la metaforización, los hechos absurdos de la cotidianeidad, pero también los hechos extraordinarios muy cercanos al realismo maravilloso. Si nos ponemos a observar el conjunto de producciones de los últimos años encontraremos que no hay una temática o inquietud homogénea, como en la época del grupo Narración, por ejemplo. Hoy en día me parece que eso no existe.

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Entrevista completa en:

QUEHACER - Revista del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (Desco) Nr. 178 (abril - junio 2010), 102-107.



ENTREVISTA a Ofelia Huamanchumo

Manuel Scorza y el exilio,
la política y el compromiso con la literatura.
Por Fernanda Gayoso

Ofelia Huamanchumo la Cuba (Lima, 1971) ha publicado un estudio monográfico, Magia y fantasía en la obra de Manuel Scorza. Hacia una reflexión estructural de La guerra silenciosa (2008). Se trata de un libro pensado para invitar al debate a los estudiantes de literatura y está dedicado a Manuel Scorza - renovador de la conocida corriente literaria peruana del ‘indigenismo’ de los años 50 - como homenaje a su vida, que dedicó a la actividad literaria en gran parte desde el exilio. La autora, radicada en Alemania, nos comenta su visión sobre diversos temas relacionados con la obra scorziana: literatura, exilio, política, compromiso.

Ofelia Huamanchumo de la Cuba, en Múnich, mayo 2009.

¿Cuándo y cómo nace tu interés hacia la obra de Manuel Scorza?

A raíz de su muerte, en noviembre de 1983. Cuando la noticia del accidente aéreo se hizo pública llegó a mis manos Redoble por Rancas, y quedé fascinada ante el primer capítulo. Mis padres habían estado en Cerro de Pasco por los años sesenta, participando en el programa de Reforma Agraria auspiciado por el gobierno militar de entonces, poco después de las masacres ocurridas que Scorza toma de base para sus historias, y por eso mis padres lo recordaron en esos días de su fallecimiento contando anécdotas de esa experiencia y rebuscando su obra en nuestra biblioteca. Hasta aquel entonces, los cuentos de tema indigenista me parecían de lo más cansados y serios. En general, me gustaba leer de todo, menos Ciro Alegría, Clorinda Matto, Arguedas. Eso era para mí como ponerse a ver cuadros aburridos de vidas tristes de los pueblos serranos del Perú. Yo había viajado por la sierra con mis padres en plan de paseo, tenía otra visión de las cosas: ir hasta Ticlio en el auto era divertido, mirar la chimenea más alta del mundo en La Oroya y comprar ollitas de barro en la feria de Huancayo.

¿Cuándo te contagia Scorza su conciencia por el problema de los más relegados del Perú? ¿Fue la lectura de La guerra silenciosa?

Bueno, a la muerte de Scorza me enteré del motivo central que había movido siempre su vida y su obra, desde su poema de Canto a los mineros de Bolivia, por ejemplo, hasta las novelas que ya conocemos. Su bellísima poesía social y después el humor negro con que Scorza cuenta las tragedias de las maltratos de los campesinos y mineros en la sierra peruana fue lo que me cautivó, me hizo llorar de risa, primero, y de pena, después; porque además coincidió en esos años con otros cuadros que descubrí en la realidad cotidiana de mi vida, cuando regresaba del colegio y leía en el auto a Scorza, en los semáforos rojos de la avenida Javier Prado se ponían los mineros recién llegados a Lima a vender alfajores con cartelitos de reclamos por pagos incumplidos colgados al pecho, “de la mina tal, del centro minero cual”. Esos eran como cuadros vivos que te hacían ‘clic’ en la cabeza y te empezabas a preguntar cosas.

¿Qué te preguntabas?

Ninguna pregunta del tipo de si el Perú era ‘una promesa o una posibilidad’, pero digamos que me empezaba a parecer que en la realidad peruana había gato encerrado. En esos años yo cursaba la secundaria. A los adolescentes peruanos les gustan por lo general otras cosas. En principio la obra de Scorza me fascinó por su lenguaje ameno, de buen fabulador, como de quien cuenta algo bien serio con mucho humor, como un Benigni filmando el holocausto nazi. Pero ahí quedó el asunto. Fueron muchos años después cuando valoraré con seriedad su novelas desde el punto de vista de la crítica literaria y como ejemplo de un escritor auténtico, que dedica todo su arte para una obra de bien: sacar del silencio aquellas anécdotas borrascosas que la prensa y el poder habían silenciado en su momento sobre la matanza de mineros y campesinos en la sierra central peruana de los años 60, y que fueron destapadas también por el periodista César Hildebrandt diez años más tarde, a raíz de unas cartas que Scorza enviara a la prensa en tono de reclamo.

¿Y cómo entonces tomas conciencia seria de la protesta scorziana?

Por la forma como Scorza nos acerca a la tragedia de los campesinos y mineros, con el buen tratamiento de la magia y la fantasía de las historias que cuenta, que es lo digno de resaltarse, pues logra sensibilizar al más indiferente de los peruanos, o de los ciudadanos del mundo. Porque cuando yo inicié mis estudios de Letras en la Pontificia Universidad Católica de Lima, mis intereses literarios eran otros, me gustaba mucho y casi exclusivamente el Siglo de Oro español y leía bastante literatura alemana en la biblioteca del Instituto Goethe de Lima. Tengo además poco espíritu de luchadora social en masa, jamás fui a ninguna marcha de nada, a las que sí veía que iban mis colegas de la universidad, como quien va a una reunión social, parece que había que dejar bien claro en esos años que uno era de la élite intelectual democrática. Me acuerdo que era casi como un estatus ir a las marchas de Alejandro Toledo. A mí no me importaban las marchas, y yo lo decía además en voz alta y perdí ‘amigos’ por ello. Yo soy más del tipo ratón de biblioteca, me gusta leer, y escribir sería mi única forma de alzar alguna protesta, me dan miedo las multitudes.

¿Qué protestas políticas has publicado, por ejemplo?

Bueno, protestas tipo panfleto político: ninguna. Sólo saqué por los años 90 un boletín literario, Café con Letra, donde en la columna editorial escribía sobre lo que me inspiraba el mundillo literario limeño que yo frecuentaba en esa época: la falta de una política seria contra la piratería de libros, la falta de interés por motivar la lectura a través de bibliotecas públicas, el exilio acelerado de muchas promesas de la literatura, etc. Me acuerdo que dediqué un número a criticar a los poetas por la paz, por la democracia, por la dictadura, por la justicia total, etc., los puse a todos en un mismo saco de poetas panfletarios, creo, todo porque hacia fines de los 90 hubo una ola de recitales literarios con aire político en Lima y yo no veía, como no veo ahora, ningún ‘canto general’ ni ningún ‘aparta de mí este cáliz’ que quedara de esos años. Quizás valió el intento, fue política y moralmente correcto para algunos poetas y escritores participar en esos recitales.

¿Y tu libro no es parte de esas publicaciones de protesta política?

Por supuesto que no, pues se trata de la publicación de una tesis de investigación literaria que va dirigida sobre todo a los profesores o estudiantes de literatura, o a los lectores de Scorza, para invitarlos al debate. En el Perú se publica muy poco ensayo y mucho menos las tesis, a lo mucho éstas se prestan a lectura en sala en las bibliotecas universitarias, como si fuesen grandes misterios. Yo creo que es cuando hago mi tesis de postgrado aquí en Alemania sobre La guerra silenciosa, e investigo todo el contexto social, político, artístico, etc. en que Manuel Scorza escribe su obra y la publica, ahí es cuando, en la distancia del exilio, se me abren muchas preguntas más sobre el Perú, y el Perú empieza a dolerme de otra forma.

¿De qué forma?

Bueno, mis padres siempre me habían educado, con su ejemplo de vida, con cierta conciencia social por el prójimo. Mi madre dedicó toda su carrera profesional de asistencia social a luchar por la dignidad de la gentes de los pueblos jóvenes que en los años 70 se formaban a mucha velocidad en el cono sur y norte de Lima. Y mi padre, como ingeniero agrónomo, participó también toda su vida en programas de apoyo al campesino, sobre todo en la selva con los cultivos alternativos al ilegal de la hoja de coca, y publicó también sobre ello, desmitificando falsas creencias y criticando objetivamente la política agraria de los gobiernos de turno. En la distancia comprendí entonces que había un tipo de compromiso ético al que tenía que sumarse cualquiera que se sintiera no patrioteramente peruano, sino simplemente humano en cualquiera que fuese su actividad profesional. Entonces, por eso yo también me decidí a publicar un artículo en la revista QUEHACER en el 2003 para hacerles recordar a todos la obra y el mérito de Scorza en su oficio de escritor, que coincidía con el aniversario de los veinte años de su muerte y de la ‘matanza de Uchuraccay’. Yo llevaba recién tres años viviendo entre Lima y Alemania y me parecía que por todas partes se publicaba mucho sobre el terrorismo, pero en un mismo tono sordo y llorón, sin que nadie se hiciera la pregunta esencial que era la de los motivos por los que había surgido ese fenómeno del terrorismo en nuestra sociedad. Eso era lo que me llamaba la atención.

¿Crees entonces que la literatura o el ensayo pueden ser armas de protesta social?

Toda palabra puede ser un arma, incluso de doble filo. Hay de los que hacen del uso de la palabra un ejemplo admirable, pero también hay charlatanes y demagogos. Es difícil llevar la verdad en los labios. Sin ir muy lejos, a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación le ha costado esfuerzo. Muchos ‘sólo políticamente culpables’ al final y poco de la discusión sobre el origen del asunto. Lo mismo con los deseados polémicos museos de la memoria. Memoria de las consecuencias del flagelo terrorista, de los asesinos, de los paramilitares, de las violadas, de los desaparecidos, de los soplones, de los arrepentidos. Pero quién se ocupa del recuento de las causas… Me niego a creer que las causas del surgimiento del terrorismo se hallen en los genes o en la innata mala suerte de los relegados del Perú.

¿Crees que La guerra silenciosa, o la obra scorziana en general, puede seguir teniendo vigencia en el Perú?

Creo que La guerra silenciosa podría enumerarse entre los clásicos de la literatura peruana del siglo XX, no tanto porque si el problema de los campesinos, los mineros y sus tierras parece no haberse desterrado en el Perú, sino por ser un modelo de literatura comprometida, no en el sentido de haber sido escrita con una ideología política específica de su autor, sino por ser ejemplo del compromiso de un escritor con su tarea y su oficio; para los que vino al mundo: escribir, decir, no callar. Toda obra literaria es un compromiso estético y social del escritor consigo mismo y con su entorno, como se ve en el libro, muy tierno y humano, con notas y poemas sobre la vida y los sueños del gran escritor, que el año pasado la señora Hoyle, viuda de Scorza, publicó. Yo, por mi parte, he divulgado en conferencias y veladas literarias La guerra silenciosa a través de galerías fotográficas y la lectura de fragmentos de las novelas, pues creo que lo que vale es acercar al público al goce estético mismo de la lectura, más que discursear sobre las consecuencias que esa lectura pueda despertar, que es algo que queda en el nivel individual del lector. Lo que me apena todavía es el hecho de no poder divulgar como se debiera la obra poética de Scorza, pero en ello se trata de un problema de los derechos de autor que hasta hoy no se ha resuelto, y por lo cual han quedado bloqueadas hasta reediciones en imprenta y algunos otros proyectos de reediciones de la obra poética scorziana en el extranjero. ¡Una verdadera pena tamaño ensañado silenciamiento!

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Carlos E. Zavaleta en gira por Europa



"Literatura y política en el Perú".
Entrevista con Carlos E. Zavaleta.
(Fragmento)

¿Usted considera que existe una relación casi inherente entre literatura y crítica social, o literatura y política?
En algunas novelas sí. No es una necesidad obligatoria, sin embargo, en las obras literarias puede haber un transfondo social y político; se puede decir que hay pocas novelas peruanas de los últimos cuarenta años que no lo tengan; e incluso dentro de las obras de cada autor hay algunas que se relacionan más, o menos, con lo social y político. En literatura evitar la política es evitar la realidad misma. Uno, aunque no sea un autor realista, tiene que darse cuenta de cuál es el país donde vive y no tiene por qué esconder esa verdad. Y si tenemos alguna idea de cómo explicar estos dramas humanos, tenemos la obligación de pintar esto en novelas, cuentos, ensayos, para que así se divulgue un retrato moral, social y espiritual del Perú, y hagamos algo por cambiarlo. El panorama general peruano no es alentador para un artista y sin embargo nosotros no hemos cejado en ningún momento en irnos en contra de las dificultades y tratar de buscar un retrato auténtico del Perú. De nuestro país se pueden hacer caricaturas y figuras deformes pero realmente lo que hay que buscar es un retrato más o menos realista y que de ahí emerga cualquier otra corriente.
¿Usted cree que ha hecho alguno vez política con alguna de sus obras?
En verdad, sí. Por ejemplo, en Los Aprendices (1974) yo por primera vez describo el panorama de un periodo electoral que está olvidado por la literatura: el del gobierno de José Luis Bustamante y Rivero. Justo en 1948, fecha grave para el Perú, están todos girando en torno a una pregunta de ésas, juveniles, de juego, chistosas, como la de “cuándo se jodio el Perú”; frasesitas que son divertidas, pero que si quieren ser serias, la respuesta está ahí: 3 de octubre de 1948; ahí se frustró una de las más grandes esperanzas para el Perú. Esa vez Bustamante y Rivero subió con casi el 70% de los votos, tenía la mayoría en el congreso, había un espíritu nuevo en el mundo, porque acabada la segunda guerra mundial había habido una liberación de París; y así, nosotros pensamos, los jóvenes, los estudiantes de Guadalupe, de San Marcos, sentimos que había una liberación de Lima. Estábamos listos para empeñarnos en un programa político serio, encarnado por el Apra y el Frente Democrático; sin embargo, los victoriosos se dividieron en dos grupos y pelearon entre sí y se destrozaron ellos solos. El año 48 fue un año nefasto para el Perú y ojalá no tengamos otro en que grupos que parecen distintos se unen en una conciliación pacífica, prometen todo para las elecciones, luego suben como si fueran los angelitos de la esperanza, y después arriba comienzan a pelear de nuevo.
¿Cómo ve usted o valora las últimas tendencias de la narrativa peruana?
Yo no he seguido línea por línea las últimas tendencias de la narrativa actual peruana. Yo he estudiado en calidad de docente y de escritor estos pasos hasta los años ochenta y noventa. No obstante, he tenido la suerte de oír a grandes críticos como Luis Jaime Cisneros decir que en nuestra generación del cincuenta se fundaron muchas cosas: la seriedad en la literatura, un estilo verdaderamente considerable, una estructura plausible, una dedicación al país donde se está, y el seguimiento de las reglas literarias, así como el hecho de tratar de escribir una novela seria, preocupándose en serio de los principales problemas del Perú. Este respetable catedrático reconoce también que el estilo que nosotros llegamos a tener - junto con Julio Ramón Ribeyro, Eledoro Vargas Vicuña, Enrique Congrains, Manuel Mejía Valero, José Durán - ha persistido y sobrevivido hasta los años ochenta y noventa. Este juicio a mí me llena de satisfacción y de alegría. A los jóvenes que escriben en los noventa y a comienzos del siglo XXI, no hay que enamorarlos ni ponerlos en orden de validez, sino recomendarles seriedad en el estudio, en el desarrollo de la estructura, maestría en el uso del diálogo, en el dominio de los personajes, etc. Una pieza literaria vale cuando está bien estructurada y es verdaderamente rotunda, líquida, vigente no solamente ahora sino para algún tiempo mayor. Creo que nosotros en los años cincuenta buscamos una nueva literatura, cambiamos el panorama que estaba dominado por costumbristas e indigenistas, salimos a la calle y trasladamos el foco de narración de la sierra a la costa y luego, por tanto, yo creo, fuimos honestos con nuestro tiempo y época. Y trabajamos duro y entregamos una prosa limpia, tersa, incluso elegante y poética, a los escritores que nos siguieron, empezando por Vargas Llosa y mi exalumno Bryce.
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Oswaldo Reynoso en Alemania

Oswaldo Reynoso en Múnich, invierno 2006



"La estética de la pobreza es un planteamiento político".
entrevista con Oswaldo Reynoso

Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) es autor del poemario Luzbel (1955); del libro de cuentos Los Inocentes (1961); de las novelas En octubre no hay milagros (1965), El escarabajo y el hombre (1970), En busca de Aladino (1993), Los eunucos inmortales (1995); y del libro de relatos El goce de la piel (2005). En gira por Europa el escritor nos habla de temas que en el Perú se entrelazan: literatura, política y poder.
¿Qué significa para tí ser invitado a un evento cultural en Europa como autor representativo entre la gama dispar y diversa como se considera en el extranjero a la narrativa contemporánea del Perú?
Estoy muy satisfecho porque fundamentalmente yo soy un escritor - podríamos decir – nacional. Mis relatos tratan del Perú y la difusión de mis libros ha sido exclusivamente en el Perú. Claro que últimamente me invitaron a la Feria de Colombia, a la Feria de Guadalajara. Pero la invitación de ahora es diferente porque tenemos la oportunidad de presentar nuestros libros, dar lectura a unos fragmentos y dialogar con el público alemán que tiene interés por la literatura latinoamericana y, en especial, peruana.
Este evento se convocó con el fin de promover un acercamiento crítico a la cultura peruana - a través de su literatura - a propósito de las elecciones presidenciales próximas. ¿Tú cómo ves esa relación entre literatura y política?
La literatura no puede estar ajena del entorno en que se desarrolla. Toda literatura expresa una ideología, que es la concepción que el hombre tiene de su historia y de su entorno económico, social y cultural. No puede haber una literatura ajena a la realidad en la cual vive el autor. Actualmente se está hablando de una literatura “globalizada” que dicen que es universal; pero habría que recordar a Mariátegui cuando hace un deslinde entre lo que es la literatura universal y lo que es la literatura cosmopolita La primera es aquella que está detrás de las modas de las grandes metrópolis cuturales o económicas y se olvida de su entorno social; la segunda es aquella que es capaz de penetrar hasta encontrar la raíz de la humanidad, es decir, de aquello que nos hace iguales a todos los hombres que vivimos sobre la tierra; caso Vallejo, Arguedas, Rulfo, Dostojewski y Proust.
¿Crees que tú has hecho alguna vez política con tus obras?
Yo creo que todas mis obras tienen un contenido político, puesto que yo siempre he querido expresar a través de la literatura mi ideología
Sin embargo, tu última obra, El goce de la piel, parece no ser una literatura de corte político.
Se dice que en mi última obra, El goce de la piel, no hay una posición política, pero me parece que eso es falso. Son cuentos que, por ejemplo como en el primero, hablan de la educación en el Perú, hasta cierto punto medieval, de mucho contenido religioso. En el primer cuento el personaje rompe esa concepción medieval y a través de la belleza de los cuerpos descubre el renacimiento, es decir, la libertad. Se ha dicho que en esta obra, cuyos relatos en conjunto conforman una novela, hay una propuesta que los críticos han llamado la “estética de la pobreza”. Y efectivamente es así; los personajes de mis novelas son pobres, el Perú es un país pobre, la gran mayoría de la gente es pobre. Mi novela precisamente dirige el ojo a la pobreza, pero no para hacer de ella un cuadro esperpéntico, sino para encontrar ahí la belleza. Para mi es más bello el cuerpo de un pobre que el cuerpo de un rico. Y ése es un planteamiento netamente político. En otro relato se tiene la estancia del joven que es tomado preso; ahí se ve cómo se denigra a la juventud en el Perú. Pero el joven a pesar de todo eso resplandece en belleza y en actitud moral, y eso es una actitud política A veces la gente cree que hacer política es hablar de determinados tópicos. Pero la “estética de la pobreza” es un planteamiento político.
Se podría decir que tus personajes son también seres marginales siempre.
Sí, son personajes marginales porque no participan de la sociedad y yo también me considero,- y me han considerado siempre - un escritor marginal, porque estoy aparte de los mecanismos de poder en el país.
¿Tú consideras que el escritor debe imponerse la marginalidad para poder escribir? ¿O el exilio, por ejemplo?
No, no lo creo. Esa es sólo mi concepción; no puedo exigírselo a nadie ni imponer esa concepción a nadie. Yo creo que todos los escritores deben ejercer a plenitud su libertad.
Retrocediendo hasta tus inicios literarios, en los años en que Oswaldo Reynoso publica Los Inocentes. Relatos de Collera (1961) ya se hablaba de dos corrientes en la poesía peruana: la poesía pura y la poesía social. ¿Hubo algo así en ese entonces a nivel narrativa?
No, creo que no hubo esa posición. En ese momento se descubría Lima a través de lo que se llamaba el “realismo urbano”. No había, en todo caso, una contraposición, sino dos corrientes, que Salayar Bondy y Wáshington Delgado llamaron “narrativa urbana” y “narrativa agraria”, esta última totalmente diferente a lo que se llama “literatura andina”. Porque la narrativa agraria se da tanto en la costa como en la sierra y selva, ya que se refiere a los personajes que trabajan la tierra, actividad que no sólo se desarolla en los Andes. Tenemos el caso actual del Cusco, que es una ciudad cosmopolita, a la que llega gente de todo el mundo y ya los problemas y personajes que se desarrollan en el Cusco no pueden ser agrarios o campesinos, sino personajes urbanos, y esto está sucediendo en otras ciudades del Perú que han alcanzado un desarrollo comercial.
¿Qué tendencias ves ahora en la narrativa peruana?
Cuando se habla de la narrativa peruana actual hay una confusión. ¿Nos referimos a la actual narrativa que escriben los jóvenes o a la que se publica? Actualmente en el Perú, escritores de diferentes generaciones, la más antigua constituida por los del 50, seguimos publicando. Si cuando se habla de literatura actual uno se refiere a la de los jóvenes, entonces sería literatura de jóvenes escrita por jóvenes, pero no toda la literatura. En la actualidad podemos distinguir todas las tendencias y escuelas, autores desde 80 años hasta 19, estamos en un período de auge; esto se debe a varias razones. Una vez destruida la dictadura de Fujimori ha habido mayores canales de expresión en el país; por otra parte, el avance tecnológico en las impresiones permite que cualquier persona a bajo costo publique y hasta uno mismo pueda diseñar su libro e imprimirlo en su computadora. Aparte están las páginas de internet. Todo esto ha permitido que haya una cantidad de impresiones considerable en el Perú, sobre todo en narrativa y tambien en poesía. Nunca antes se ha visto la cantidad de libros de poesía como los que se publican en estos últimos años en el Perú. No hay que olvidar tampoco las plaquetas que sacan los estudiantes en las universidades. No todo tiene valor, pero se ve un verdadero movimiento. Por otra parte, hay anualmente por lo menos siete congresos regionales, nacionales, de escritores, de estudiantes de lengua y literatura, los congresos del norte, etc. Hay una convocatoria masiva que junta a escritores de todas partes para que lean sus obras y entren en contacto y amistad, lo que permite un intercambio fluido. Antes un escritor de Tacna no sabía lo que se escribía en el norte; ahora a través de los congresos, de internet, del intercambio, de los viajes que hacen los jóvenes a lo largo del país, etc., se está llevando a cabo un verdadero movimiento cultural en el Perú, un movimiento cultural integrado.
¿Qué opinas del voceado “debate” entre escritores andinos y criollos?
A mí me parece que ha sido un debate insulso y desbaratado. La culpa de todo esto la tiene el escritor Zen Zorrilla. Yo no sé por qué se le ocurrió lanzar un manifiesto indicando que en el Perú la literatura era desarrollada por dos tipos de escritores, los andinos y los criollos. Yo me encontré con él y le dije: “Yo no soy un escritor andino ni criollo, dime tú entonces ¿qué mierda soy?”. Me miró extrañado y me dijo: “Bueno, es una división que yo he hecho desde mi punto de vista”. Y yo le dije: “Ya pues, pero ¿dónde me colocas a mí?”. Esas clasificaciones no corresponden a la realidad. ¿Qué es eso de andinos? ¿Los que escriben sobre el Ande, sea ciudad o campo? ¿O los que viven en el Ande? Entonces los que viven en Lima y escriben sobre el Ande ¿no son andinos?. Hay que aclarar. Por otra parte, con el término criollo, que es muy lato, se designa varias cosas. Tomando la acepción corriente, el criollo es el que vive en Barrios Altos, en Breña, gente a la que le gusta la jarana, que toma pisco, que sabe piropear, toca guitarra, se para en las esquinas. Eso es un criollo, de ahí la música criolla, las fiestas criollas. Para el señor Zorilla ‘criollos’ son los pitucos de Miraflores. ¿Qué tienen que ver el señor Ampuero o el señor Cueto con los criollos? Ellos son pitucos de Miraflores.
Pero sí hay división de escritores o ¿cuál es el meollo del asunto?.
De lo que se trata es de que hay un grupo de gente que domina los medios de comunicación en lo que se refiere a la cultura. Cuando los medios de comunicación en un país son pocos y los espacios que se dan a la difusión cultural son muy reducidos, se genera poder. Porque si en el Perú habría muchos espacios culturales, entonces el poder se distribuye, pero si no, el que maneja ese espacio se convierte en el dictador de ese espacio. Así, esos que dominan determinan quién es malo o bueno, quién debe salir, quién no. Y como están vinculados a los medios de comunicación que pertenecen a los grandes grupos de poder, entonces necesariamente son los que representan la cultura peruana dentro y fuera del Perú, es decir, la cultura oficial. Porque los grupos de poder también tienen su ideología cultural.
¿Y eso tiene algo que ver con las premiaciones de los concursos literarios?
Sí, si tiene que ver, pero más que todo con lo que hace años eran los criterios para calificar a un crítico. En el Perú habían fundamentalmente dos criterios para determinar el valor de una obra literaria: la opinión de un crítico, que a lo largo de su trabajo crítico había demostrado cultura y cierto acierto en sus observaciones. Este crítico se transformaba en una persona que podía opinar con fundamento y cuya opinión era aceptada, es decir, se ganaba su sitial como crítico. No era que un periódico lo convocaba y empezaba a ejercer de crítico, no. El otro criterio era la aceptación de los lectores. Ésas eran las dos normas para la valoración de una obra literaria. Actualmente eso ha desparecido.
¿Cuáles son los criterios actualmente entonces?
Ahora se valora una obra dependiendo de si sacó un premio, si la editorial es de gran prestigio, y si tiene traducciones a otros idiomas.
O si ha sido pirateada...
Sí, pero éstos son criterios al margen del valor mismo de la obra. ¿Por qué?. Porque supone, por ejemplo, que todos los escritores tenemos la obligación de presentarnos a un concurso. Yo no tengo ningún premio porque yo nunca me he presentado a ningún concurso. Pero la gente piensa así y el escritor que no gana es malo. Lo cual es un criterio deleznable; tanto como pensar que si ha ganado un premio su obra es buena. Por otro lado, las editoriales han degenerado en la calidad. Hace años la editorial Gredos publicaba buenas obras, uno compraba a ojo cerrado; o la editorial Losada o Fondo de Cultura Económica de México. Ahora no. Uno no se puede fiar de la editorial. Éstas quieren ahora un mercado de público y lanzan novelas como las de Coelho o Bayly. Además se ha descubierto que entran en negociaciones con los autores, quienes posiblemente van a recibir la mitad del premio, y etc. Hay autores que han denunciado esto, otros que se han retirado de los jurados. Eso es la alcahuetería literaria que se está produciendo en el mundo. Y ya en España se dice: “Lo que natura no da, Alfaguara no lo presta” [...risas]. El otro criterio, el de las traducciones, entra también en el negocio de las editoriales. Uno compra la traducción de una novela alemana o italiana, pero no siempre es buena, pues ahí también funciona lo del mercado.
Para terminar, ¿qué elementos crees tú que nos quedan entonces, o qué criterio?
Los elementos de ahora son sólo la valoración del lector. Sólo el lector en su fuero interior puede determinar qué obra deja de leer y cuál lee. De ahí la gran misión de la educación. Los profesores deben formar el buen gusto literario en sus alumnos, pero para ello ellos mismos deben empezar por cultivarlo.

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Publicada en la Revista Andina de Cultura SIETECULEBRAS n° 21, jul-oct 2006.