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Los cafés y las fuentes de soda

 


"Y pienso que si no hubiera nacido, otro pobre tomara este café"

César Vallejo


«Café con letra. Ese era el nombre del boletín literario que edité hacia fines de la década de los noventa en Lima. La palabra 'café' aludía ahí a la bebida producto derivado del grano del mismo nombre que yo llegué a consumir con devoción en aquella época bajo el convencimiento de que ese oscuro bebedizo pudiera traerme lucidez, inspiración literaria y un insomnio que me permitiera alargar la jornada para leer y escribir más durante una mayor cantidad de horas al día, o incluso refugiarme en la lectura rápida y voraz entre los silencios exclusivos de las madrugadas....»

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OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 56 (agosto 2020) , Año 14


A4 de literatura: Café con Letra N° 5

Editorial-

Lima, octubre 2000
"Para negocio de poeta - y de poeta hispanoamericano - malo no estaba el del cultivo del café ". José Santos Chocano (Memorias)


En octubre no hay milagros, reza el título de una novela peruana. Sin embargo, las largas colas que he visto este mes en las embajadas de diferentes países en Lima parecen demostrar que miles de profesionales aún creen lo contrario, a saber, que los milagros de las becas para estudiar en el extranjero existen, por ejemplo. Si uno saca las cuentas del dinero que un estudiante acabado de graduar tiene que invertir en traducir papeles – para el caso de aspirar a un postgrado en una universidad de algún país de habla no hispana – o en sólo homologar títulos y pretítulos – por si postula a Chile, a México o a España –, en comprarse el pasaje de avión (normalmente no incluido en la beca) y en dejar un depósito monetario cuantioso en una cuenta nacional que asegure el regreso a casa, entonces uno se da con la sorpresa de que se necesitan un par de años de haber estado trabajando y ahorrando para siquiera pensar en postular a una beca. Pero ahí no queda el asunto. Y es que además del dinerillo hace falta una buena dosis de Vitamina C, es decir, de ‘Conections’; sin olvidar, claro está, en postular a la carrera adecuada, una que luego de acabada la beca “pueda brindar progreso y desarrollo al país”. Y en este punto parece estar descartada la carrera de Literatura.
Con todo, muchos poetas y escritores peruanos siguen exiliándose milagrosa y voluntariamente. Es verdad que muchas de las grandes figuras de las letras peruanas tuvieron que vivir en el exilio (César Vallejo, Manuel Scorza, etc.), y que otras escogieron voluntariamente esa opción (Julio Ramón Ribeyro, Jorge Eielson, etc.); pero todas ellas pudieron dar grandes frutos, que no vinieron de añadidura por el hecho de encontrarse en “el extranjero”, sino que tenían un valor y un peso universales en sí.
Yo no creo en milagros, pero tengo fe en que nuestros poetas y escritores idos regresen al Perú, no necesariamente en persona, pero por lo menos en libros publicados, o en fajas de manuscritos para publicar.




A4 de literatura: Café con Letra N° 4

Editorial -
Lima, marzo 2000

"... a la noche el café sin café restañando el insomnio". Domingo de Ramos.

A diferencia de los inicios del siglo que pasó, la letras en nuestra querida Lima, siglo XXI, no son actividad exclusiva de los grupos dominantes o de una clase política vinculada a la administración del país; el discurso literario no es una parte apenas diferenciada del discurso político oficial. Por ello, si bien es cierto que, aquí y ahora, la cultura en todas sus manifestaciones se desarrolla en los más diversos tonos sociopolíticos, es lamentable que, para el caso de la literatura, la presencia del verso patriotero simpatizante y el panfleto revolucionario opositor se repita y alcance espacios significativos.
Se sabe que a lo largo de la historia literaria de nuestro país hubo grandes figuras que combinaron muy bien sus actividades y pensamientos políticos con el discurso universal que ofrecían sus obras; César Vallejo y Javier Heraud, son un ejemplo. Sin embargo, es triste constatar que actualmente en nuestro pequeño mundo de las letras - prensa, universidad, centros culturales, cafés y bares literarios - consigan infiltrarse politiqueros disfrazados de poetas, de filósofos, de grandes pensadores. Nadie que viva en Lima ha podido dejar de respirar en las últimas semanas un mal olor de aire político que ha logrado colarse en algunos ambientes culturales de la ciudad: recitales poéticos contra la dictadura, literatura por la paz, poetas por la libertad, manifiestos por un país con futuro. Pero: ¿Cuál es la vara para medir la frontera entre arte y revolución? ¿A qué temperatura la fiebre política del artista se convierte en delirio? ¿Cuándo un poema-protesta se transforma en canto universal? ¿Es imprescindible en el arte apuntar a la búsqueda de una identidad política?
Tomando en cuenta que en nuestro medio no se puede hablar de crítica literaria sin abordar el tema político - a pesar de que muchos estudios se apoyan en la interpretación de la conducta de sus creadores frente al poder, antes que en las propias obras - tendré paciencia en esperar a que pasen los huracanes electorales para evaluar las obras sobrevivientes.
Ofeliah.
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(Publicado en Café con Letra, A4 de literatura, distribución gratuita, mil ejemplares, N° 4, marzo 2000, Lima, Perú)

Imagen: Detalle cuadro "H.B P-A. con su hija Flora" (F. von Amerling, 1833).

A4 de literatura: Café con Letra N° 3

Editorial -
Lima, julio 1999

"...y el aroma del café con su insomnio húmedo, oscuro, intenso". Wáshington Delgado.

Me resulta difícil suponer que exista un minúsculo número de lectores limeños que no hayan comprado alguna vez un libro pirateado, ya sea por respeto a los derechos del autor, por temor de la propia conciencia o porque les sobre la plata. Y es que decirle NO a la piratería llega a constituir un loable acto cívico, si se considera los elevados costos de cualquier ejemplar en librería y los extremadamente tentativos precios de regalo que al paso nos ofrecen los ambulantes piratas (casi siempre en los semáforos rojos de cualquier esquina). Además, porque gracias a dicha heróica actitud pueden subsitir todavía viejas librerías y algunas firmas editoriales en nuestro medio.
Sin embargo, y sin ánimo de justificar la piratería, pienso que es la propia falta de ediciones populares (libros de bolsillo, una especie de "pueblilibros", etc.) lo que alimenta en gran parte ese oscuro mercado paralelo.
Imaginemos, a propósito de la Feria Internacional del Libro de Lima (acontecimiento que busca alcanzar a los lectores las obras más significativas de las editoriales nacionales y extranjeras), otra Feria Internacional del Libro Pirata. En cuestiones de ventas, me imagino a la segunda todo un éxito: gente amontonada arranchándose ejemplares de los más reconocidos autores y de las últimas traducciones científicas al español. Y en cuestión de lectores: sería fácil pensar que nadie compre ediciones baratas para lucirlas en una biblioteca particular, ni como obsequio lujoso, sino para leerlas de verdad; por lo tanto, llegaríamos a estimar que la segunda feria superaría también con gran margen a la primera. En cuanto a los eventos paralelos al comercio: en la feria imaginada tampoco faltarían los recitales, conciertos, conferencias; aunque de hecho no habría algún puesto con autores dispuestos a autografiar ejemplares. Pero, ¿sería posible una Biblioteca Ambulante como parte de las actividades en ambas ferias?: imposible; las metas de ambos acontecimientos habrían de seguir apuntando siempre a la VENTA.
Visto de este modo, creo que la preocupación principal frente a la piratería debe centrarse en promover la LECTURA, sobre todo entre niños y jóvenes, para que, a la larga, todos - editores, consumidores, autores y lectores -, podamos cosechar los frutos que consigo arrastrará la cultura, por ejemplo: el afianzamiento de los valores, entre ellos, el respeto a la propiedad intelectual.
Ofeliah.
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(Publicado en Café con Letra, A4 de literatura, distribución gratuita, mil ejemplares, N° 3, julio 1999 Lima,
Perú)

Imagen: Detalle cuadro "Velleda" (Camille, 1640).

A4 de literatura: Café con Letra N° 2

Editorial-Lima, abril 1999

"Lo poetas toman café con leche, que siempre alimenta...". Camilo José Cela

Si en nuestros ambientes literarios actuales se preguntara al aire por la razón de ser de ciertos grupos poéticos, absolutamente nadie nos daría una respuesta convincente. Sabemos que desde hace décadas nuestra ciudad ha sido testigo de la aparición de poetas reunidos en agrupaciones o movimientos, algunos con mayor cohesión que otros, y con mayores o menores intereses culturales, incluso hasta políticos, en común; sin embargo, parece haberse tratado de integraciones extraliterarias que otorgaron a cada uno de sus miembros la suficiente libertad para desentenderse de cualquier compromiso estético al interior de las mismas.
Por otro lado, se puede decir que se ha tenido en dichos grupos a poetas reunidos, pero en muy pocos casos, por no decir en ninguno, a narradores. Y aunque es notoria esta peculiaridad, los motivos por los que en nuestros lares un género haya tenido mayor poder de convocatoria para dichos menesteres colectivos que otro, en este caso la poesía frente a la narrativa, parecen no haber llamado la atención de estudiosos o críticos todavía. Yo, al menos, no hallé siquiera hipótesis alguna.
No estoy muy segura de que a continuación estén todos los que son y sean todos los que están, o hayan sido o estado, pero no voy muy despistada si nombro a Hora Zero, Movimiento Katerba, Neón, Pan Integral, Grupo Neosurrealista, Línea Éter, Letra Viva, etc., entre la agrupaciones que se ocuparon de leer, discutir, recitar en eventos culturales y ferias en las últmas décadas. Hasta donde me enteré, no todas - o ninguna - han llegado a publicar alguna antología grupal. Tampoco sé de algún grupo que se reuniera para escribir. El oficio poético sigue siendo así una tarea solitaria. Mil y pico poetas enfrentando mil y pico papeles con mil y pico plumas a mil y pico horas distintas en mil y pico diferentes lugares.
Como quiera que sea, esperamos que esas energías coletivas que se liberan en el espacio, llámense temeridad-de-la-acción-en-masa, fuerza-de-la-confianza-colectiva, ternura-de-amigos, afición-masiva-hacia-algo, angustia-por-separación, aspiración-light, afán-de-moda, rigor-académico, pura-pose o porque-sí logren pulirse hasta que sólo quede lo que vale: la poesía.
Ofeliah.

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(Publicado en Café con Letra, A4 de literatura, distribución gratuita, mil ejemplares, N° 2, abril 1999 Lima. Perú)

Imagen: Detalle cuadro "La femme au bain" (Stevens, 1867).

A4 de literatura: Café con Letra N° 1

Editorial -
Lima, nov 1998

"Y pienso que si no hubiera nacido otro pobre tomara este café". César Vallejo.

Decir que la tertulia literaria limeña está ligada sólo a los cafés y los bares, sería una exageración. Pero más exagerado aún es afirmar - como lo han hecho ya ciertos críticos - que el mundillo literario limeño actual está en relación directamente proporcional a una moda, a una pose, a lo light, al consumo de alcohol y drogas, a las trasnochadas callejeras y a las lecturas en recitales con un público que no es más que la collera de quienes ahí se presentan. Esta falsa visión de parte de observadores y observados pareciera desconocer toda formación académica y ridiculizar una especie de frontera movediza entre la realidad de los literatos peruanos y el arquetipo clásico de marginales que se atribuye a las gentes dedicadas a las letras.
No quiero desacreditar el lado romántico de la actividad literaria porque conozco sus orígenes y su formación a través de la historia. Sé que desde la antigüedad los griegos consideraban al poeta como un ser sagrado a través del cual los dioses se manifestaban, el poeta era un ser que actuaba fuera de sí y no contaba con la razón, sino que era guiado por la inspiración sobrehumana y divina. Los romanos conservaron esas ideas e invocaron también a las musas u otras deidades. Con el cristianismo de la Edad Media las musas fueron reemplazadas por personajes y símbolos cristianos, e incluso por el propio Cristo. También en el Siglo de Oro español se creía que la poesía era algo que venía del cielo. Luego en el Renacimiento surge la idea del poeta como genio, era él quien debía tener buen entendimiento y ser diestro en todas las artes. Más tarde en el Romanticismo se tomó la figura del poeta como hombre marginal y maldito. Es a partir de entonces que se originan otras corrientes del siglo XIX y XX, creyentes de las fuerzas irracionales y los dones extraordinarios de los llamados a escribir pese a la adversidad.
Aquí aceptaré esta recuento histórico sin olvidar que la preparación y la constancia son la base de la ocupación del escritor y del artista, así como esencial es la difusión de toda obra, ya sea en tertulias o en una cátedra, a través de entrevistas radiales o televisivas, por internet o en congresos, en libros o paskines, en revistas o A-cuatros (A4) como éste.
La consigna aquí es difundir guiados por la brújula de la propia sensibilidad estética. Decir ahora o callar para siempre.

Ofeliah.
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(Publicado en Café con Letra, A4 de literatura, distribución gratuita, mil ejemplares, N° 1, nov 1998, Lima. Perú)


Machotes del Boletín A4 de Literatura CAFÉ CON LETRA, nrs 1-5 (Lima, 1998-2000)


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Imagen: Detalle cuadro "Retrato de mujer" (Conte, sin fecha)