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Poética de las Urbes Textuales

 

URBES TEXTUALES  (München: Epubli Verlag, 2023 // ISBN: 978-3-758432-26-2)

 Si las calles de cualquier ciudad —sea cual fuere su tamaño— son peligrosas, esa debilidad social eleva la geografía que las alberga a la categoría de 'gran urbe'. Contrario a ello, si se trata de una enorme ciudad, civilizada, moderna, pero en cuyas calles 'nadie mata ni una mosca', entonces sus extensas geografías se ven reducidas a 'pueblos' grandes.

A estas afirmaciones pareciera poderse llegar en la actualidad con un poco de sentido común, sin  embargo,  hay dos elementos citadinos más —anonimato y automatismo— que requieren aguda observación y vivencia personal para percibirse. Soy una convencida de que mientras más anónimos y automáticos sean los quehaceres ciudadanos, más chances hay de aprovechar malsanamente esas condiciones y convertir en una jungla de cemento, agreste y riesgosa, a cualquier ciudad, donde si acaso 'sucede algo', a las finales 'no pasa nada' porque reina la ley de la selva.

Sobre calles y elementos de grandes urbes que han sido tratados en la literatura van estos textos, de un género a caballo entre las crónicas literarias y las memorias, en torno a cuestiones leídas y, algunas que otras, vividas en esas dos grandes ciudades que ya son también mis dos patrias literarias, o mis urbes textuales: Lima y Múnich.

Estos textos no son inéditos. Desde setiembre de 2018 a julio de 2023 aparecieron en mi columna Urbes Textuales, en la sección Otra Opinión de la publicación digital Otrolunes Revista Hispanoamericana de Cultura (dirigida por el escritor Amir Valle), aunque ahora por primera vez saldrán a la luz en papel y reunidos bajo el mismo título. Sirva su edición en este librito de bolsillo para que se cumpla el deseo mío —que es, en realidad, casi una certeza—  de que el lector avispado sepa —o sabrá— encontrar en ellos el hilo conductor de mi poética de las urbes textuales.  

Ofelia Huamanchumo de la Cuba.

Múnich, otoño 2023


Los cementerios

"Hacia mis quince años conocí a un grupo de chicos que se reunían en la Plaza de la Constitución. Su vestimenta los destacaba del resto de los habitantes de la ciudad: usaban ropa oscura y desgastada con motivos de calaveras, zapatos industriales, chaquetas de cuero negro. A primera vista yo no tenía nada que ver con esa gente, excepto que su lugar predilecto para reunirse era el Panteón San Miguel. Aproveché la primera oportunidad que tuve para demostrar que conocía todos su recovecos. La afición de estos chicos por lo fúnebre me hacía pensar en mis autores más queridos. Empecé a hablarles de ellos, a contarles historias de apariciones y fantasmas, y terminé por convertirme en una integrante más del grupo. Fueron ellos quienes me iniciaron en Tim Burton, en Philip K. Dick cuyas novelas adoré desde el principio, y en otros autores como Lobsang Rampa que nunca acabaron de gustarme."

Después del invierno, Guadalupe Nettel  

A una pareja de peruanos, que vivía aquí en Múnich ya un par de años, les pasó algo inaudito. Resulta que una vez vieron un alma en pena, vestida de blanco, en el cementerio Westfriedhof. Fue una noche en la que regresaban a pie de una reunión, algo bebidos. Cuando casi daban las doce en punto y teniendo de manera ineludible que bordear aquel camposanto para llegar a casa, se vieron alumbrados por un brevísimo resplandor que salía desde dentro del parque de tumbas, aseguraban. Ellos creyeron ver en aquel detalle una señal de sus seres queridos ya fallecidos. No sé por qué, pero mientras me contaban aquella anécdota se me iba metiendo el miedo en el cuerpo. Pienso que no tanto por la fantasía que tenía desarrollada en mi imaginación tras haber leído tantas historias de terror que suceden en cementerios, sino porque la complicidad de ser compatriotas míos le daba crédito a aquel episodio, que en boca de algún muniquense me hubiera sonado absurdo, falto de esa superstición ancestral tan típica de las historias de aparecidos contadas allá en mi adolescencia entre broma y broma con los amigos del barrio, sobre todo en la víspera del día de los muertos, más conocida ahora como halloween, con las luces apagadas y un par de velas encendidas...


Seguir leyendo aquí:

OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura Nr.61 (Año 15) noviembre 2021


Publicado en:  URBES TEXTUALES (München, 2023; 84 págs / ISBN 978-3-758432262).

Los zoológicos

 

Parque de las Leyendas
Felinario (Parque de las Leyendas)



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"Tomamos los jeeps para dirigirnos hacia la parte de la Hacienda Nápoles dedicada al zoológico. Escobar conduce uno de los vehículos y está acompañado de dos chicas brasileras en tanga [...] En la distancia aparecen tres elefantes, quizás la primera atracción de todo circo o zoológico que se respete. Aunque yo nunca he podido distinguir entre los asiáticos y los africanos, Escobar los describe como asiáticos. Nos informa que los machos de las especies mayores y en vía de extinción de su zoológico tienen dos o más hembras y que, en el caso de las cebras, los camellos, los canguros, los caballos appaloosas u otros menos costosos, muchísimas más. Y añade con una sonrisa maliciosa: —Por eso se mantienen tan contentos, y no atacan ni son violentos."

Amando a Pablo, odiando a Escobar  - Virginia Vallejo 

  Siempre he confesado que mis libros de cabecera van todos de psicología animal, y que me gusta observar animales salvajes, pero no en el zoológico, sino en su hábitat original. Creo que el marco de lo natural permite a las bestias salvajes el movimiento en libertad, no calculado, auténtico, feliz, algo lejos de lo que pudiera ofrecerles hasta la más fina jaula de oro en un zoológico. No obstante, después de haber visitado varios zoológicos en grandes ciudades del mundo y experimentado la misma sensación de tristeza por las fieras encerradas, como si hubieran cometido un delito a cadena perpetua, yo creo que estos lugares extraordinarios de las grandes ciudades del mundo llegan a ser en algunos casos un mal necesario. ...>>


Seguir leyendo aquí:  OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 60 (sep. 2021), Año 15.

Publicado en:  URBES TEXTUALES (München, 2023; 84 págs / ISBN 978-3-758432262.

Las salas de cine

 

© Ofelia Huamanchumo de la Cuba


            "Los mendigos anónimos
vienen del cine mudo
posan en blanco y negro [...]
los mendigos anónimos
antes tenían nombres
y memoria y subtítulos"
En  blanco y negro, Mario Benedetti

Si preparo popcorn en casa, dos cosas me vienen a la memoria: los festejos de cumpleaños de la niñez y las salas de cine de Lima. Desde el nacimiento mundial del séptimo arte las salas para proyectar películas parecían ser parte inherente de ese fenómeno que tanto fascinara enseguida a las vanguardias del mundo entero. Primero, mudo, y a blanco y negro, luego con música al paralelo, después con sonido, más tarde a colores, con subtítulos, mucho después doblado a otros idiomas, muchísimo después en 3D con las supergafas oscuras, incluso con efectos sonoros extras en sala y movimientos de butaca, dependiendo del lugar. Aquí en Múnich, sala de gala, con asientos reclinables y mesitas desplegables con servicio de champán y cena a la carta. Todo iba viento en popa hasta que pasó un huracán pandémico que nos movió la alfombra roja y convirtió la esencia del cine en una pregunta de vida o muerte, o de reinvención, o de renacimiento: ¿el cine es igual a sala de cine? ¿son necesarias las salas de cine? ¿netflix no es cine, por más que uno tenga un pantallón instalado en la pared más grande de la casa? ¿un streaming de película cinematográfica no es cine? ¿el chiste del cine era mirar la película en medio de una masa de gente, entre cuatro paredes, engullendo popcorn? 


....Seguir leyendo aquí:   OTROLUNES  - Revista Hispanoamericana de Cultura Nr. 59, Año 15 (mayo 2021).

Publicado en:  URBES TEXTUALES (München, 2023; 84 págs / ISBN 978-3-758432262.

Las bibliotecas

 



"Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana —la única— está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta."          La Biblioteca de Babel, Jorge Luis Borges                                                                                                


          «En la biblioteca de un centro de idiomas ubicado en la ciudad de Lima allá por los años noventa del siglo pasado —una de las pocas bibliotecas que ofrecían estantes de libros para lectura presencial en esa época— se hizo un estudio estadístico sobre pérdidas de libros (bajo la causa "no devuelto" o "ejemplar desaparecido en sala") y resultó ser que "se perdían", si mal no recuerdo, dos libros por día, y aquella biblioteca solo abría 6 horas al día, de lunes a viernes. De leyenda. Bien; pero actualicemos. Un programa de fomento de lectura de la ciudad de Lima vino a ofrecer hace un par de años el servicio de préstamos de libros para lectura durante el viaje en transporte público. En el primer año se registraron pérdidas del noventa por ciento de los ejemplares. Menos mal que, con las campañas de "educación civil" que se vio obligado a crear aquel programa para subvertir tamaña ignominia, se logró casi revertir la cosa en un año más. Increíble fenómeno; o milagro de octubre limeño...»


Seguir leyendo aquí:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 58, (feb 2021), Año 15.


Las huacas citadinas


                                                
"Más tarde, cuando conocimos la Huaca Juliana, nos olvidamos del mar. 
La huaca estaba para nosotros cargada de misterio. Era una ciudad muerta, 
una ciudad para los muertos. Nunca nos atrevimos a esperar en ella el atardecer
bajo la luz del sol era acogedora y nosotros conocíamos sus terraplenes y el 
sabor de su tierra, donde se encontraban pedazos de alfarería.  A la hora del
crepúsculo, sin embargo, cobrara un aspecto triste, parecía enfermarse y
nosotros huíamos, despavoridos, por sus faldas".
Los eucaliptos, Julio Ramón Ribeyro.



«Las huacas de Lima son edificios de edades ancestrales: restos arqueológicos de construcciones de impronta prehispánica que la desidia vecinal limeña no ha logrado destruir a pesar de tanta modernidad citadina. Las hay por todas partes, imposible viajar un buen rato en auto por Lima y no toparse con alguna. El material con el que generalmente fueron construidas es el adobe, frente al cual las escasas lluvias y la fina garúa limeñas poco poder destructivo han tenido; no obstante, ell corazón con que los habitantes de mi ciudad las miran y protegen es bien diferenciado.....»


Seguir leyendo aquí:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 57 (noviembre 2020) , Año 14
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Imagen: Foto de la Huaca Mateo Salado desde el colegio que colinda con ella (IE 1021), Lima.


Die Großstadt Lima in der Literatur und in der Musik Perus

Radiosendung MUSICAL DREAMS 
unter der Leitung von Celia Vila Castro

LIMA ---  ©  Foto Café con Letra
,,Die Großstadt Lima in der Literatur und der Musik Perus"
Im Gespräch mit Ofelia Huamanchumo de la Cuba 
am 21.Juli.2020 auf Radio Lora 92,4


«Ofelia Huamanchumo de la Cuba, eine Münchner Autorin aus der Großstadt Lima, begleitet uns an diesem Abend durch ihre Heimatstadt, und zeigt uns wie die Hauptstadt Perus in der Literatur und der Musik dargestellt wird. Dabei stellt sie uns ihren neuesten literarischen Beitrag zum Kollektiv Roman La Novela Limeña 2019 vor. Die Stadtverwaltung von Lima hat im Rahmen ihres Leseförderungsprogramms LIMA LIEST ein einzigartiges Projekt durchgeführt. Unter der redaktionellen Leitung des peruanischen Schriftstellers und Herausgebers Juan Manuel Chávez wurde die erste Fassung des ursprünglichen Kollektiv Romans La Novela Limeña 1920 durch zeitgenössische peruanische Autoren und Autorinnen neu aufgelegt. Die Fassung hat eine Druckauflage von zehntausend Exemplaren und ist als Teil der Feierlichkeiten zum 200. Jahrestag der Unabhängigkeit von Peru veröffentlicht worden, die bis 2021 in Peru stattfinden werden».

Im Rundfunkstudio von RADIO LORA


Las alamedas y los boulevards



 Lima

"A esta alameda muriente
 he traído mi cansancio,
y estoy ya no sé qué tiempo
tendida bajo los álamos,
que van cubriendo mi pecho
de su oro divino y tardo."
Gabriela Mistral


Mi vieja costumbre de salir a caminar. Salir a andar por las calles del limeñísimo centro de mi ciudad para pensar, es decir, caminar sin observar nada. Circulación autónoma y anónima, o como la de cualquier sencillo número de una contribuyente de impuestos más. Disfrutar del paseo sola en medio del amontonamiento de ciudadanos apurados.  Esquivar, no necesariamente, un codazo, un roce, un estornudo, una tos, ni tampoco incluso a un carterista, a un bolsiqueador, a un listo. Caminar sin que me importe nada y sin ser reconocida por nadie, porque en las grandes urbes los infiernos son diminutos, y se puede ser feliz marchando así.
      De pronto, sentir la necesidad una tarde de oír el mecer de las ramas por el aire, el rish-rash de las hojas removidas por el viento.  Dirigirse, entonces a la alameda, al boulevard, a la avenida con palmeras. Lima es grande y hay espacio para todo tipo de calles y avenidas, paseos peatonales y jirones, con o sin árboles de cedro, casuarinas, poncianas, o eucaliptos. En una alameda de Barranco concentrarse en el trino de los pájaros y olvidar la gentil urbanidad. O en el Paseo de La Punta, al pie del mar, cruzarse con igual cantidad de gentes e ignorarlas.  Sentirse así, anónima también, en la frontera entre cemento y naturaleza.


Seguir leyendo aquí:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 55, Año 14

Los bares, las cantinas y los shishabars

Bar "Museo del Pisco", Lima

"—Yo, es la primera vez que vengo al Negro-Negro 
—dijo Santiago—.Vienen muchos pintores y escritores, ¿no?
—Pintores y escritores náufragos —dijo Carlitos—. 
Cuando yo era un pichón entraba aquí como las beatas
 a las iglesias. Desde ese rincón, espiaba, escuchaba,
cuando reconocía a un escritor me crecía el corazón. 
Quería estar cerca de los genios, quería que me contagiaran."
Conversación en La Catedral, Mario Vargas Llosa


El "Negro-Negro" es un bar en el que conversan los personajes de Zavalita y Carlitos en diálogos intrusivos dentro del diálogo mayor que se lleva a cabo en el bar "La Catedral". Si bien un bar con el mismo nombre algún día existió en la ciudad de Lima y hoy ya no existe, los seguidores del afamado autor de Conversación en La Catedral visitan el sitio para decir "aquí estaba ese bar".
En la literatura contemporánea hay historias que ocurren en los bares de grandes urbes. Esos bares fictivos, cuando tienen sus correlatos en las realidades urbanas de ciudades en concreto, saltan a la realidad para convertirse en sello especial de determinados lugares y cobrar cierto fetichismo. Es el caso del Bar Cordano, el Queirolo, o el Bar del Hotel Bolívar del centro de Lima, por los que todo el mundo quiere pasar, para ver el escenario real que aparece en ciertas historias consagradas. Por otro lado, hay otro tipo de bares reales en las ciudades reales que se convierten en lugares a los que concurren los narradores mismos, como el Floridita de La Habana, al que iba mucho Hemingway. De ahí que muchos aspirantes a poetas, y amantes de las letras y la escritura, se empeñen en visitarlos, convencidos de que adquirirán inspiración, o de que podrán reencontrarse con los espíritus de los escritores muertos y combatir así un poco la página en blanco. También, para muchos, asistir a esos bares 'literarios' es un simple gesto ceremonial que busca rendir homenaje a una figura especial de la historia de lecturas personales.


Texto completo en:  OTROLUNES Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 54, Año 14

Los parques y los jardines




Huerto de Calixto y Melibea - Salamanca, España

"[Melibea:] Todo se goza este huerto con tu venida, [Calixto].
Mira la luna cuán clara se nos muestra. Mira las nubes cómo
huyen. ¡Oye la corriente de agua de esta fontecica, cuánto
más suave murmurio y zurrío lleva por entre las frescas
hierbas! Escucha los altos cipreses, cómo se dan paz unos
ramos con otros por intercesión de un templadico viento que
los menea. Mira sus quietas sombras, cuán oscuras están
y aparejadas para encubrir nuestro deleite."
   La Celestina, o Tragicomedia de Calixto y Melibea [Siglo XV]



¿Qué sería de Nueva York sin el Central Park, de Londres sin el Hyde Park, de Múnich sin el Englischer Garten, de Paris sin el Bois de Bologne, de Madrid sin el Parque del Retiro y de tantas otras grandes urbes sin su enorme parque representativo? Si se borrara aquellos lugares emblemáticos del plano de sus ciudades, quedaría una huella como de cráter inactivo y la ciudad, mutilada en su elemento más simbólico. Pues en estos casos se trata de superficies considerables que constituyen realmente paraísos verdes en medio del cemento y el hormigón de las ciudades que los albergan. Esos inmensos lugares abiertos fueron creados, en principio, para acercar un poco a las poblaciones modernas hacia la naturaleza; algunos de ellos fueron diseñados tratando de imitarla en su forma más salvaje, al más puro estilo inglés del siglo XVIII, y otras ciudades quisieron crear áreas verdes que funcionaran como pulmones citadinos y para dar a su vez espacio a actividades de ocio en medio de los nuevos estilos de vida cada vez más agitados y cosmopolitas, sin tiempo para relajarse, o darse una escapada a las afueras o al campo.


...Seguir leyendo en: 

OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, nr. 53, Año 13 (dic 2019) 


El tráfico y los ruidos



"He visto una ciudad
una avenida
una calle inundada de cantos
de poemas sonando como bocinas de carros".
Poema sin límites de velocidad.
Carlos Oliva

Hace casi cien años en una revista peruana se publicó por entregas semanales una obra colectiva: La novela limeña [1920], cuyo escenario principal era la urbe capitalina. En el primer capítulo el autor inaugural, José Gálvez, escribió: "Cuando el auto pasó por la Merced, las campanas del templo se echaban a vuelo en desatentado repique y el repetido llamamiento de los bronces trajo a Juan Antonio, ese día desorbitado y nervioso, la visión de Lima antigua...". Semanas después otro de los autores, bajo el seudónimo 'Juan de Zavaleta', al presentar sus descripciones se dejó también inspirar por el contrapeso que los ruidos modernos parecían traer a cierto sosiego citadino en extinción: "El automóvil que conducía a las dos amigas runruneaba alegremente, saltando sobre el empedrado de la Alameda de los Descalzos. A un lado de la Alameda, toda una larga serie de casas chatas y polvorientas, pintadas de colores chillones ---azul índigo, rojo vivo, amarillo claro--- mostraba sus puertas anchas, sus patios empedrados, sus ventanas enrejadas y sus balconcillos floridos. Al otro lado, el paseo enseñaba la frescura de sus sauces y ficus mal podados, y la blancura marmórea de las estatuas que el descuido y la mano torpe de los chicuelos habían implacablemente mutilado. Al fondo, el convento, grueso paredón adosado al cerro y provisto de una torrecilla cuyo esquilón tañía incesantemente, completa el decorado. Diríase un rincón aldeano, todo paz y sosiego, un paisaje de la Lima, lánguida y colonial, si el intermitente piteo de una fábrica cercana y los campanillazos de los tranvías eléctricos no hubieran roto la ilusión instantánea"; eso, como una ilusión instantánea, es decir, como un instante de engaño óptico, intentaba presentar el novelista esa sensación ensoñadora del limeño que suspira imaginando tiempos pasados, aunque coloniales, mejores; a pesar de que hace un siglo, el ruido del tráfico diario se reducía al paso de un automóvil sobre una callecita empedrada y al estridente cencerro ---por utilizar un termino bucólico--- de un moderno tranvía. Completaban la bulla urbana apenas los pitos de las fábricas.
[...]



Fuente de la imagen: http://www.protransporte.gob.pe/ 

Ver artículo completo en mi columna URBES TEXTUALES en:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, nr. 52, (setiembre 2019), Año 13.

Los edificios y los ascensores


Lima, siglo XXI


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Cinco metros de poemas [1927] 
Carlos Oquendo de Amat


Si alguien me preguntara por la diferencia arquitectónica entre una ciudad y un pueblo, de hecho lo primero que señalaría yo como construcciones significativas de la gran urbe serían sus altos edificios: no sus casitas a dos aguas, sino sus azoteas coronando elevados inmuebles; no el armonioso condominio de moradas de una planta con jardines comunes, sino la elevadísima mole de concreto con números de apartamentos en vez de nombres de vecinos; no sus edificaciones medianamente "subibles a pie", sino sus construcciones supraterrenales, imposibles de conquistarse sin ascensores, y que parecen seguir una especie de estilo gótico ultramoderno, como espigados monstruos de cemento intentando estar lo más cerca del cielo. No por nada las imágenes que se evocan al pensar hoy en día en alguna de esas grandes urbes son aquellas donde reinan excelsos edificios, desde rascacielos y alzados bloques lujosos hasta verticales favelas de hormigón, como hay en Nueva York, Tokio, Dubai, Londres, París, Frankfurt, Milán, Río de Janeiro, Buenos Aires, Caracas.  



Seguir leyendo en mi columna Urbes Textuales :
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, junio 2019, nr. 51, Año 13. 

Los semáforos



Semáforo doble en la Plaza Mayor de Lima

"Esa chica de azul que espera enfrente en
el semáforo, ¿quién será?,¿de dónde vendrá?,
 ¿adónde irá con el bolso en bandolera?"
Manuel Vincent

El instante suspendido de lo que dura el color rojo de un semáforo para peatones ---en medio de ese inexorable tiempo de las grandes urbes--- puede ser el marco a una extraña reminiscencia, a un dubitativo recuerdo de alguien que acaso se creyera haber conocido en otra vida, a una fugaz ternura, e incluso exagerando, a un amor a primera vista. Todo a condición de soñar, de darse el lujo de jugar a evadir la realidad por unos segundos. Segundos que entonces se convierten en un bálsamo temporal, en una festina lente de ese apresurado devenir del hombre contemporáneo.  ¿Qué sería de tantos peatones apremiados en Berlín, Bonn, París, Milán, Viena, o peor aun, en Nueva York, en Tokio?, para quienes los semáforos pudieran ser la única forma de hacer un alto en su diario trajín, como quien se mira ante un espejo, contemplando a otros de su especie con las mismas prisas, aunque debido a distintas causas, detenidos enfrente.
[...]


Ver texto completo en mi columna URBES TEXTUALES:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura nr. 50, marzo 2019, año 13. 

La novela limeña 2019




Detalle de la Revista Semanal HOGAR, año 1, 1920
(Ejemplar resguardado en la Biblioteca Nacional del Perú)

En el año 1920 la revista limeña HOGAR  inició la publicación de una novela colectiva de entrega por capítulos ---que llegaron a ser trece,  del número 31 al 50, desde agosto a diciembre de ese año---, cada uno de los cuales estuvo a cargo de un autor distinto, entre otros: José Gálvez, Raúl Porras Barrenechea, Félix del Valle. En dicha trama, presentada al inicio como La novela limeña de "Hogar", se retrataron las costumbres y vida de los limeños dando el marco de fondo a las caracterizaciones de los personajes principales.  Un par de décadas después uno de los autores que había participado en aquel proyecto, Luis Alberto Sánchez ---quien para ese entonces ya era un reconocido catedrático---  reeditó aquel material en la forma de un solo libro, titulándolo La Novela Limeña (Lima: Imprenta UNMSM, 1967).

La novela limeña; edición Municipalidad de Lima 2018
A manera de homenaje a esa primera y ya legendaria publicación ---que se ha convertido en la fuente más antigua de registro del nombre del coctail peruano 'pisco sour' y otras costumbres limeñas--- la actual gestión de la Municipalidad de Lima, en el marco de su programa LIMA LEE, dirigido por Alex Alejandro Vargas, ha llevado a cabo un proyecto peculiar. Bajo la dirección editorial de Juan Manuel Chávez, escritor y editor peruano, se ha reeditado aquella primera versión en tres volúmenes, La Novela limeña 1920, cuya misma trama además ha sido reescrita por la pluma de autores contemporáneos (Alina Gadea, Daniel Soria, Rosa Carrasco Zuleta, Martín Roldán Ruiz, Miguel Ángel Vallejo Sameshima, Miguel Ruiz Effio, Carolina Cisneros Pinedo, Julia Wong, Ofelia Huamanchumo de la Cuba, Pedro Novoa, Gabriel Rimachi Sialer, Francisco Ángeles, Jennifer Thorndike) en términos recreados al año 2019 ---de ahí que el nuevo título rece: La novela limeña 2019---  y publicada en dos volúmenes (nrs. 14 y 15 de la colección Lima Lee) como parte de las ediciones en conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Perú, celebración a la que se sumará el municipio capitalino.

Léase aquí entrevista a Juan Manuel Chávez acerca de La novela limeña para la revista digital LIMA EN ESCENA.

Las multitudes



"À côté des fourmis, les populations"
Alfred de Vigny

Contemplar la ciudad de Lima desde el mirador ubicado en la cima del Cerro San Cristóbal es una experiencia que empapa nuestros cinco sentidos de impresiones únicas e inenarrables. La vista ofrece un color arena, secundado de un celestial gris, como si toda la capital estuviera cubierta de un fina capa de polvo. Un ligero e imperceptible olor a basural incinerándose contribuye también a esa invasión que sufren hasta los olfatos menos refinados. Si uno va comentando algo mientras observa la metrópoli anónima, la lengua parece llenarse de un fino talco que suele no ser otra cosa que tierra muerta levantada por una ligera brisa. Las uñas de las manos pueden llegar a negrearse sin haber tocado carbón alguno, tal vez a raíz del smog que, sumado a la humedad, se pegotea por todos lados. Lo menos perceptible resulta ser, sin embargo, eso que le da el toque de urbe inconmensurable e inasible a tamaña región cosmopolita como es Lima: su ruido. Es un ruido sordo que se oye allá arriba, si uno cierra los ojos y se percata. Llega como de muy lejos y, no obstante, se siente cerca. Es una bulla urbana que uno se imagina posible en aglomeraciones de millones de gentes en su cotidiano quehacer. Es un rumor salido de multitudes interactuando y que comprende bocinazos, motores, silbatos de policía de tránsito, campanillas de camión de la basura, ajetreo comercial, muchedumbres haciendo ruido con el choque de sus zapatos contra las aceras, o con su simple conversación callejera; en pocas palabras, es el ruido de un hormiguear de gentes. Sobre todo es aquel runrún de hormigas humanas lo que produce un estremecimiento que colinda con el vértigo.
[...]
Al fondo: Cerro San Cristóbal, Lima

Ver texto completo en mi columna URBES TEXTUALES:  OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 48, noviembre 2018, Año 12.


La calle

Av. La Marina, Lima 2001

"Tú tienes lle-ca", me dijo el chico que había conocido en la interminable cola de un viejo cine limeño al que había ido sola, poco después de cumplir mi mayoría de edad a finales de los años ochenta.  En esa ocasión a aquel simpático muchacho le entendí que se refería a que yo no le parecía tonta, sino lista, o sea, astuta; es decir, en otras palabras y por el machismo que salía de su mirada: le parecía bien 'zorra'. Y es que la verdadera escuela de la vida en las grandes urbes del mundo como Lima parece tener que ser la escuela de las calles, primero las de tu barrio y luego las que vas conquistando poco a poco; solo que en sociedades como la Lima de ese entonces las aceras parecían reservadas para cosas de hombrecitos y no de niñas. Pero, de verdad: ¿nos dejan alguna moraleja las veredas, las esquinas, la avenida, la callecita, el pasaje? ¿Es verdad que algo se aprende tonteando por el barrio o atreviéndote junto con tus amigos desde temprana edad a traspasar las calles de 'tu zona', primero a pie, luego con la bici? ¿Son esenciales para la vida los primeros e inocentes rituales callejeros transgresores: tocar timbres y correr, y otras palomilladas? Será tal vez que muchos de esos paradigmas son herencia de un imaginario colectivo de alguna ancestral lección que nos hace ver la calle del gran conglomerado cosmopolita como fuente de sabiduría emocional. O quizá sea esa vieja tradición religiosa impregnada en nuestras sociedades occidentales de considerar a las grandes ciudades como las madres de todo pecado, las prostituidas, salidas de esas historias bíblicas que parieron a más de una metrópoli: Babilonia, Sodoma, Gomorra, que junto a otras tantas urbes textuales se van heredando y plasmándose en las literaturas del mundo, pasando de la ficción a la realidad y viceversa.
[...]


Ver texto completo, publicado en mi columna URBES TEXTUALES:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura nr. 47, setiembre 2018, año 12.