Las multitudes



"À côté des fourmis, les populations"
Alfred de Vigny

Contemplar la ciudad de Lima desde el mirador ubicado en la cima del Cerro San Cristóbal es una experiencia que empapa nuestros cinco sentidos de impresiones únicas e inenarrables. La vista ofrece un color arena, secundado de un celestial gris, como si toda la capital estuviera cubierta de un fina capa de polvo. Un ligero e imperceptible olor a basural incinerándose contribuye también a esa invasión que sufren hasta los olfatos menos refinados. Si uno va comentando algo mientras observa la metrópoli anónima, la lengua parece llenarse de un fino talco que suele no ser otra cosa que tierra muerta levantada por una ligera brisa. Las uñas de las manos pueden llegar a negrearse sin haber tocado carbón alguno, tal vez a raíz del smog que, sumado a la humedad, se pegotea por todos lados. Lo menos perceptible resulta ser, sin embargo, eso que le da el toque de urbe inconmensurable e inasible a tamaña región cosmopolita como es Lima: su ruido. Es un ruido sordo que se oye allá arriba, si uno cierra los ojos y se percata. Llega como de muy lejos y, no obstante, se siente cerca. Es una bulla urbana que uno se imagina posible en aglomeraciones de millones de gentes en su cotidiano quehacer. Es un rumor salido de multitudes interactuando y que comprende bocinazos, motores, silbatos de policía de tránsito, campanillas de camión de la basura, ajetreo comercial, muchedumbres haciendo ruido con el choque de sus zapatos contra las aceras, o con su simple conversación callejera; en pocas palabras, es el ruido de un hormiguear de gentes. Sobre todo es aquel runrún de hormigas humanas lo que produce un estremecimiento que colinda con el vértigo.
[...]
Al fondo: Cerro San Cristóbal, Lima

Ver texto completo en mi columna URBES TEXTUALES:  OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura, Nr. 48, noviembre 2018, Año 12.


AGENDA: De mujeres hembra


De mujeres hembra (München, 2018)

En su obra El segundo sexo, considerada fundamental en la historia del feminismo, Simone de Beauvoir razonaba hacia 1949 que los grandes pensadores y constructores del imaginario occidental parecían considerar que todo ser humano hembra no era necesariamente una mujer, pues tenía que participar de esa realidad misteriosa y amenazada que era la feminidad. En consecuencia, Simone se preguntaba: "Esta feminidad: ¿la decretan los ovarios? ¿O está fijada en el fondo de un cielo platónico? ¿Basta el frou-frou* de una falda para hacer que descienda a la Tierra?".  
       Las preguntas sin responder de Simone de Beauvoir siguen abiertas, de ahí que De mujeres hembra haya intentado coger esa posta, pues se trata de un conjunto de poemas que abriga varias voces que se alzan para desmenuzar las miradas que aún se proyectan en nuestros tiempos hacia algunos animales superiores con sexo de hembra, o seres humanos llamados mujeres. 
        Así, en lo que dichas mujeres pueden haber devenido en nuestras sociedades dan muestra los poemas que se reúnen en esta plaqueta especialmente confeccionada en provocador y, a pesar y todavía, provocante color rosa:  De mujeres hembra.
.....................
* frou-frou: Simone de Beauvoir sin duda se debe haber referido al término que se utilizaba en la moda femenina de comienzos del siglo XX. Concretamente en dicha época el término frou-frou hacía referencia onomatopéyica al ruido que surgía del roce de los fustanes y las faldas, o la ropa interior, confeccionados con tafetán.

DESCARGAR aquí ---> la plaqueta "De mujeres hembra" en PDF


ESCUCHAR aquí --->  "De mujeres hembra" en audio


...........................
Lesung: "A propósito de De mujeres hembra Vigencia poética de una lucha"
Organiza: Palabras urgentes (Grupo de poesía a cargo de Mónica Sardi y Agustina Ortiz).
Fecha / Hora: 8 de noviembre, 2018 / 19:00 hrs.
Lugar:  FREIRAUM, Pestalozzistr. 8, 80469 München



Entrada libre






































...................
Fuente de la imagen: Póster de PALABRAS URGENTES.

La calle

Av. La Marina, Lima 2001

"Tú tienes lle-ca", me dijo el chico que había conocido en la interminable cola de un viejo cine limeño al que había ido sola, poco después de cumplir mi mayoría de edad a finales de los años ochenta.  En esa ocasión a aquel simpático muchacho le entendí que se refería a que yo no le parecía tonta, sino lista, o sea, astuta; es decir, en otras palabras y por el machismo que salía de su mirada: le parecía bien 'zorra'. Y es que la verdadera escuela de la vida en las grandes urbes del mundo como Lima parece tener que ser la escuela de las calles, primero las de tu barrio y luego las que vas conquistando poco a poco; solo que en sociedades como la Lima de ese entonces las aceras parecían reservadas para cosas de hombrecitos y no de niñas. Pero, de verdad: ¿nos dejan alguna moraleja las veredas, las esquinas, la avenida, la callecita, el pasaje? ¿Es verdad que algo se aprende tonteando por el barrio o atreviéndote junto con tus amigos desde temprana edad a traspasar las calles de 'tu zona', primero a pie, luego con la bici? ¿Son esenciales para la vida los primeros e inocentes rituales callejeros transgresores: tocar timbres y correr, y otras palomilladas? Será tal vez que muchos de esos paradigmas son herencia de un imaginario colectivo de alguna ancestral lección que nos hace ver la calle del gran conglomerado cosmopolita como fuente de sabiduría emocional. O quizá sea esa vieja tradición religiosa impregnada en nuestras sociedades occidentales de considerar a las grandes ciudades como las madres de todo pecado, las prostituidas, salidas de esas historias bíblicas que parieron a más de una metrópoli: Babilonia, Sodoma, Gomorra, que junto a otras tantas urbes textuales se van heredando y plasmándose en las literaturas del mundo, pasando de la ficción a la realidad y viceversa.
[...]


Ver texto completo, publicado en mi columna URBES TEXTUALES:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura nr. 47, setiembre 2018, año 12.