Manuel Scorza sigue vivo



Foto: "Banda de música en Yanahuanca. 1964"


De las razones por las que a veinte años de su muerte Manuel Scorza, el ‘Cronista de la Epopeya India’, sigue vivo

Si en el Perú de hoy los libros son caros y hablar de ‘La ley del Libro’ constituye un chiste de mal gusto para los poderosos, entonces la revolución editorial que una vez llevara a cabo nuestro compatriota Manuel Scorza [1], podría ser un proyecto resucitable. Pero ¿quién fue este ‘Cronista de la Epopeya India’?. Manuel Scorza (1928-1983), poeta de la llamada ‘Generación del 50’, creador de versos como ‘Hay que vivir ausente de uno mismo / hay que envejecer en plena infancia / hay que llorar de rodillas delante de un cadáver / para comprender qué noche / poblaba el corazón de los mineros’ [2], fue también el autor de un ciclo narrativo, bautizado La guerra silenciosa, que constó de cinco novelas. En ellas se narra con aliento épico los episodios ocurridos en los años sesenta en los pueblos de la Sierra Central del Perú, en los que la entonces compañía norteamericana Cerro de Pasco Cooper Corporation sería la responsable casi directa de las masacres de los pobladores con el fin de ganar cada vez más terreno para sus fines lucrativos. Cómplices de las injusticias serían también ciertas autoridades políticas, jurídicas, militares y hasta religiosas. El estilo con el que se entretejen las dramáticas historias está paradójicamente lleno de ironía, humor, poesía, fantasía y magia, lo que hace de la lectura de Redoble por Rancas (1970), Garabombo, el Invisible (1972), El Jinete Insomne (1977), Cantar de Agapito Robles (1977) y La Tumba del Relámpago (1979), una experiencia que de forma amena logra conmover profundamente, sobre todo por mantener momentos de increíble vigencia y relación con el Perú actual. Por ejemplo, si pensamos en la huelga de maestros a nivel nacional, una huelga insomne que no pestañearía hasta conseguir sus justos reclamos, nos conectamos con el insomnio del Jinete, quien no querría cerrar el ojo hasta conseguir justicia en el reconocimiento de los títulos de las tierras de Yanacocha y transcurre semanas sin dormir hasta que muere; sin embargo, las autoridades no ven nada, por eso Garabombo se vuelve invisible, porque la justicia está vendada de ojos en el Perú, pero no para ser imparcial, sino para hacerse muchas veces de la vista gorda. Para las autoridades en la actual conyuntura no importa que muera un estudiante de educación en Ayacucho o que haya algunos heridos, si todos fueron advertidos, como en el capítulo 31 de una de las novelas “El Gobierno advierte: será usada la fuerza”. Finalmente, en La guerra silenciosa la superstición triunfa sobre la razón para equivocadamente llevar los sueños más caros al fracaso, como quien se fía de un candidato presidencial que se presenta como Salvador de los Incas descendientes de Pachácutec, siendo tan falso como el conquistador que pasó por ‘el enviado de los dioses’. Y así, se podría seguir con numerosos ejemplos. Lo cierto es que el mensaje de Scorza sigue latente: ‘la literatura es el primer territorio libre de América Latina’.

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[1] Significativo es el artículo “Manuel Scorza: el libro en la calle” (Nuevo Mundo, N°23, Lima 1969): “Cien mil libros era todo lo que en el Perú se había editado en los últimos diez años[...]pero en la Plaza San Martín una muchedumbre peleó seis horas y en un día no quedó ni un solo libro [100 000 libros a 10 centavos de dolar cada uno]. Así en un año se editó siete veces más que el total de libros de la Biblioteca Nacional”

[2] De: Canto a los mineros de Bolivia, obtuvo Premio en Juegos Florales de la Universidad Autónoma de México (1951).

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Múnich, 27-oct-03
(Publicado en
Aspermia, Revista de Literatura, Huaraz).