La calle

Av. La Marina, Lima 2001

"Tú tienes lle-ca", me dijo el chico que había conocido en la interminable cola de un viejo cine limeño al que había ido sola, poco después de cumplir mi mayoría de edad a finales de los años ochenta.  En esa ocasión a aquel simpático muchacho le entendí que se refería a que yo no le parecía tonta, sino lista, o sea, astuta; es decir, en otras palabras y por el machismo que salía de su mirada: le parecía bien 'zorra'. Y es que la verdadera escuela de la vida en las grandes urbes del mundo como Lima parece tener que ser la escuela de las calles, primero las de tu barrio y luego las que vas conquistando poco a poco; solo que en sociedades como la Lima de ese entonces las aceras parecían reservadas para cosas de hombrecitos y no de niñas. Pero, de verdad: ¿nos dejan alguna moraleja las veredas, las esquinas, la avenida, la callecita, el pasaje? ¿Es verdad que algo se aprende tonteando por el barrio o atreviéndote junto con tus amigos desde temprana edad a traspasar las calles de 'tu zona', primero a pie, luego con la bici? ¿Son esenciales para la vida los primeros e inocentes rituales callejeros transgresores: tocar timbres y correr, y otras palomilladas? Será tal vez que muchos de esos paradigmas son herencia de un imaginario colectivo de alguna ancestral lección que nos hace ver la calle del gran conglomerado cosmopolita como fuente de sabiduría emocional. O quizá sea esa vieja tradición religiosa impregnada en nuestras sociedades occidentales de considerar a las grandes ciudades como las madres de todo pecado, las prostituidas, salidas de esas historias bíblicas que parieron a más de una metrópoli: Babilonia, Sodoma, Gomorra, que junto a otras tantas urbes textuales se van heredando y plasmándose en las literaturas del mundo, pasando de la ficción a la realidad y viceversa.
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Ver texto completo, publicado en mi columna URBES TEXTUALES:
OTROLUNES - Revista Hispanoamericana de Cultura nr. 47, setiembre 2018, año 12

SIMANCAS: Los espías en la Monarquía Española

              
La escritura cifrada
Desde el verano de este año hasta julio del próximo el Archivo General de Simancas está ofreciendo la exposición Espías: servicios secretos y escritura cifrada en la Monarquía Hispánica, que propone un acercamiento al sistema de espionaje que existió en los siglos XVI y XVII como instrumento esencial de los estados modernos.

Folleto de la exposición
La exquisita muestra está dividida en tres partes: La organización del espionaje; Los espías; La escritura cifrada. Dice el folleto de la misma: "La exposición ilustra tanto cuestiones relativas a la organización del espionaje (infraestructura institucional, normativa, financiación, etc.) como aquellas más asociadas al ámbito concreto de los espías (métodos, tipos de los agentes, contraespionaje, etc.), haciendo un énfasis especial en la escritura cifrada, muy vinculada a la diplomacia y los servicios secretos".  Algo muy peculiar de la exposición, entre documentos inéditos, mapas, croquis, planos, tablas de alfabetos cifrados, lo constituye un ejemplar de tiempos más modernos: una máquina ENIGMA, prestada del Museo Militar de Burgos, cuya presentación es acompañada de un audiovisual que explica su funcionamiento y usos sobre todo en la época franquista.


      Sin duda esta exposición es un ejemplo de la riqueza que guardan estos repositorios documentales que nadie debería dejar de visitar. No por nada, el Archivo General de Simancas ha sido calificado recientemente por la UNESCO como 'Memoria del Mundo'.



Archivo General de Simancas, agosto 2018
           


Samanta Schweblin en Múnich





Samanta Schweblin, Eberhard Falcke, Ines Hollinger
Cuando era niña, su familia, sus padres, su hermana menor y ella, Samanta Schweblin, solían veranear en Uruguay. Los días que llovía los aprovechaban al máximo e igual salían en el auto a ver las fachadas de las casas de los alrededores. A su madre le gustaba ver los detalles, los marcos de las ventanas, ciertos cercos, al punto de que hacía detener el auto a su esposo para observar con minuciosidad algo que la había impresionado. En uno de esos instantes de su niñez, Samanta sintió lo absurdo de la situación y, sin embargo, la riqueza de posibilidades que se abrían de descubrir 'algo' en lo que de buenas a primeras parecía un ejercicio extraño: salir a ver casas.  Esta es la explicación con que la consagrada escritora argentina Samanta Schweblin respondió a la pregunta del periodista Eberhard Falcke para ilustrar el origen o la inspiración del material de su último libro de cuentos "Siete casas vacías", que ayer martes 17 de julio se presentó en su edición alemana Sieben leere Häuser. Erzählungen (Berlin: Suhrkamp 2018) en el Instituto Cervantes de Múnich, bajo la organización de Der Tukan Kreis, y cuya lectura en alemán, de algunos cuentos del libro, estuvo a cargo de la actriz Ines Hollinger.
Pájaros en la boca y otros cuentos
           Dicha colección de cuentos es también la historia de la infelicidad a la manera de distintas familias como, según el entrevistador, diría Tolstoi. Para la joven escritora, no obstante, las familias no son felices siempre, sino que viven instantes de felicidad, y también están llenas de dolor, porque a pesar de que la relación padres-hijos es de las mejor intencionadas y más amorosas que hay, los padres pueden en su afán de querer proteger al hijo, terminar llenándolo de miedos y limitaciones. Los cuentos de esta colección no traen una moral bajo el brazo, explicó Schweblin, sino que simplemente lanzan una chispa para que el lector se abra preguntas. A diferencia de Pájaros en la boca y otros cuentos, que para la autora están llenos de horror y de elementos fantásticos imposibles de suceder, los nuevos cuentos tienden más a jugar con lo extraño, aquello que uno no conoce y, por tanto, teme, pero que puede llevarse a cabo, pasar, realizarse.

México: Editorial Almadía, 2014
   A la pregunta del entrevistador por sus preferencias de género, a escoger entre el cuento corto y la novela, Schweblin confiesa, a propósito de la pronta aparición de su próxima novela,  que le ha costado más trabajo y que en general le parece un mayor esfuerzo el lograr un buen libro de cuentos, puesto que para ella la novela tiene otro tipo de tensión y más libertades que el cuento, género que exige mucho rigor. Mientras que su novela corta Distancia de rescate tuvo una impronta marcadamente fantástica, fruto de su gusto por la tradición de la literatura fantástica latinoamericana y norteamericana, de la que la autora además confiesa haberse nutrido, si se mira como un alzamiento de voz respecto a la problemática del 'ecocidio' que está viviendo Argentina con tanta manipulación genética y fumigaciones en los campos agrícolas, puede adquirir una lectura política. Su nueva novela de unas 300 páginas opera sobre un trasfondo en los que empatía y suspenso son importantes. 
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        Como cierre de la velada literaria Samanta Schweblin respondió preguntas del público; luego firmó autógrafos gracias a que la Librería Española también se hizo presente con exquisitos ejemplares, y finalmente la autora bonaerense, residente en Berlín, accedió con paciencia a posar para alguna foto con ella a pedido de más de un par de entusiastas asistentes.