Las carachamas, los bocachicos y otros peces mágicos


"Por la boca muere el pez", rezaba el titular de un periódico limeño hace años, cuando yo vivía allá, en mi ciudad natal. Aquella noticia, a la que la prensa amarilla había reservado ese espacio singular de la primera plana, iba sobre un sonado caso judicial que se había convertido en todo un psicosocial de moda en torno a un empresario acusado por sospecha de narcotráfico. Las malas lenguas de toda la prensa barata coincidían en que se trataba de uno de esos a los que llaman pez gordo. Y es que había sucedido con el magnate lo que con cualquier pez frente a una apetecible carnada: había mordido el anzuelo de sucesivos e intrincados interrogatorios, llenos de enmarañadas preguntas que lo habían hecho entrar en contradicciones para terminar 'vendiéndose' con sus propias declaraciones.
Pese al acertado refrán, digno de la más vieja sabiduría popular, hay que decir que no todos los peces caen por la boca. Sobre la forma más exótica de dejarse pescar me enteré por uno de los episodios del Viaje a la región equinoccial del Nuevo Continente de Alexander von Humboldt, en el que su autor describía cómo unos habitantes de esas zonas sabían de unas plantas que surtían el efecto de un sedante. Estos nativos echaban las plantas narcóticas al agua, en la parte donde abundaban ciertos peces, y después de unos segundos lo aseguraba tan asombrado el científico en su crónica salían a flote hacia la superficie de la laguna los peces adormecidos. Y así, soñolientos, eran recolectados a mano por los nativos, luego de lo cual y transcurridos algún par de minutos, los peces salían de su letargo y empezaban a removerse en las vasijas, aunque ya 'pescados'.  Precisamente ese pasaje del libro del renombrado viajero ya lo tenía yo citado en mi Bestiario Personal, pero en un capítulo sobre Camarones y Langostinos, donde cuento cómo había visto en mi niñez a unos niños en un río en Pisco cazar con sus propias manos los camarones, con tanta paciencia, velocidad y destreza que me hacían verosímil el episodio de von Humboldt, a diferencia de algunos colegas incrédulos con los que llegué a discutir aquel episodio casi mágico-realista descrito por el estudioso alemán.
En una de mis últimas visitas a la selva peruana observé otro hecho peculiar, que no solo me convenció de que los peces podían no morir por la boca, ni con narcóticos, sino que simplemente podían no morir, como las gallinas cuando se les corta la cabeza. Resultó que los habitantes de un paraje amazónico al pie de una pequeña laguna pucallpina accedieron a mostrarme su técnica pesquera, cuando les pregunté por las razones por las que unos peces de extraordinaria apariencia estaban nadando en una tina de casi un metro de diámetro que ellos ahí tenían. Me describieron que solían echar una red en medio del agua lacustre hacia el atardecer, para que durante la noche quedaran atrapados en ella algunos peces. A la mañana siguiente los recogían vivos de la red, desenredándolos con cuidado, y los echaban en esa tina grande con agua de la misma laguna para que se mantuvieran frescos hasta el momento de ser cocinados. Esos peces con apariencia de pequeños monstruos submarinos prehistóricos se llamaban carachamas, me dijeron. Mientras me explicaban todo esto uno de ellos había empezado a limpiarlas, es decir, a sacarles a las carachamas los órganos internos, a una por una, volviéndolas a tirar al agua. Y fue entonces cuando vi cómo aquellos peces, ya vacíos por dentro, seguían nadando como si nada por largos minutos, para mi asombro, sin morir enseguida.
Lo cierto es que la naturaleza es sabia, pues permite que el ser humano domine a algunas especies animales y deja que ciertas especies rijan la vida de los cohabitantes humanos de su entorno. Así pasa con un pez de la hidrografía colombiana muy peculiar: el bocachico. La popular cumbia canta: "El bocachico es astuto, como quien sabe escribir. Él sabe el día que llega y cuándo debe partir", porque es así. El sabio bocachico se sabe de memoria el ciclo de su vida y lo cumple a cabalidad, y las personas que de él dependen rigen su rutina anual, y hasta vital, según los movimientos de ese pequeño nadador con branquias: "eso lo haremos para la Subienda", "bautizaremos al niño con La Candelaria", "nos casaremos en febrero", etc.
No todos los peces infunden, no obstante, buena onda y optimismo para planear las vidas de los humanos con quienes comparten su hábitat. En Japón existe la creencia de que cada vez que cierto pez se remueve en las profundidades de la tierra, provoca los terremotos: el namazu. Los japoneses, por intentar voltear la tortilla, han convertido al namazu con los siglos en pez protector de su realidad, pues si ha de remover las cosas con un sacudón telúrico de grandes magnitudes, deberá ser para bien.  De ahí que muchos adoren a ese pez mitológico en estampas mágicas colgadas en el hogar, atribuyéndole casi el estatus de dios rectificador del mundo.
Magia es lo que desbordan estos peces y, al contrario de lo que mucha gente supersticiosa piensa sobre la mala suerte que traen los dibujos de peces en casa, yo tengo encima de mi bañera un cuadro en alto relieve con un pez gigante. Mirándolo mientras me remojo en el agua hasta el cuello, me cargo de energía y me alegro de que existan los bocachicos, las carachamas, los paiches, las pirañas, los dorados amazónicos, las doncellas, etc.

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La novela peruana y la violencia política de los 80'


Prólogo a La novela peruana y la violencia política de los 80'
[Fragmento]

Cuando en el discurso de las diferentes disciplinas humanas se piensa para el caso del Perú en la violencia de los ochenta, solemos ubicarnos en un contexto histórico del siglo pasado de nuestra sociedad peruana, que fue marcado por un nefasto mal que dio en llamarse con distintos términos lo que acaso creara además acaloradas discusiones en los más diversos estudios: guerra interna, guerra popular, conflicto armado, terrorismo. Lo cierto es que dichos fenómenos estuvieron caracterizados por una marcada presencia de violencia en varios sentidos: criminal, social, estructural, ideológica y política, que cual círculo vicioso parecían ser causa y consecuencia de dicho generalizado mal social. Las investigaciones y la crítica que han tratado la violencia de los ochenta, presente en la literatura peruana inspirada en las vivencias de dicha época, han apuntado sobre todo a revisarla como elemento temático de las historias. Frente a ello, la propuesta, en cambio, renovada que el presente libro La novela peruana y la violencia de los 80' muestra, apunta a dilucidar, además de ello, el efecto estructural que deviene de la presentación de la misma en la trama de las historias, así como las diferentes funciones que cumple a nivel narratológico.
             Este libro es, pues, un lúcido y minucioso estudio de los elementos que conforman la arquitectura literaria de las obra escogidas. Se trata de un conjunto de novelas representativas, en las que el tema de la violencia no aparece de manera tangencial, ni como mero trasfondo temático, sino que constituye eje central de la configuración de los personajes y del acontecer narrativo.
     [...]
           Como se ha visto, la presente publicación promete llenar algunos vacíos que la crítica literaria haya podido dejar en el estudio de las novelas aquí seleccionadas  [Lituma en los Andes, Rosa Cuchillo, Abril Rojo, La hora azul, Hienas en la niebla, El rincón de los muertos, Adiós Ayacucho, La barca), y espera también ser punto de partida para nuevas revisiones. Pero sobre todo, el presente estudio espera asentar el camino para nuevas lecturas de las obras literarias escogidas, que comparten en común la búsqueda de una explicación a la violencia ochentista y, con ello, la esperanza de vislumbrar un camino de paz para la todavía convulsionada realidad social peruana.


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LA NOVELA PERUANA Y LA VIOLENCIA POLÍTICA DE LOS 80'. Eduardo Huarag Álvarez.
ISBN-13: 9781533616944  (2016)
Presentación de Salomón Lerner Febres (Rector emérito PUCP).
Prólogo de Ofelia Huamanchumo de la Cuba.
Edición: Eduardo González Viaña.
Axiara Editions y Academia Norteamericana de la Lengua Española.

AGENDA: "Vivir en otra lengua - Escritoras latinoamericanas"

El Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (IILI) con sede en Pittsburgh (EEUU) celebrará su XLI Congreso Internacional: LA LITERATURA LATINOAMERICANA - ESCRITURA LOCALES EN CONTEXTOS GLOBALES en la ciudad de Jena (Alemania) del 19 al 22 de julio, 2016.
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Sección eventos culturales:

"VIVIR EN OTRA LENGUA
Escritoras latinoamericanas residentes en Alemania"
   Ester Andradi (Argentina)
   Ofelia Huamanchumo de la Cuba (Perú)
   Isabel Liphtay (Chile)
   Sonia Solarte (Colombia)
   Elsye Suquilanda (Ecuador)


[Texto del Broschure:]
"Cinco escritoras latinoamericanas residentes en Alemania. Migrantes, viajeras, exiliadas.  Nómadas. Originarias de diferentes países, distintas generaciones, diversas ciudades de residencia.
Narradoras, poetas, artistas. Escriben en su lengua materna, el español.
En la vida cotiiana comparten la lengua del país de acogida, el alemán.
Mantienen relaciones estrechas con las literaturas en ese idioma, y su mirada se nutre también de la convivencia en el mundo alemán. Vivir en otra lengua es la experiencia de la literatura moderna. El desafío de traducir y traducirse en confluencias, desencuentros y canjes con la lengua local. La aventura de una lengua en tránsito, viajera, intrusa. Siempre fronteriza.
Una presentación para disfrutar la vitalidad de esta escritura en el cruce de mundos y culturas."

Miércoles, 20 de julio. 18:30 hrs.
Haus auf der Mauer, Großer Saal.
Friedrich-Schiller-Universität Jena

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(Fuente imagen: http://www.iili2016-jena.de/programa.html)