Homenaje a Manuel Scorza, Múnich, 04. dic 2008


Homenaje a la vida y obra del poeta Manuel Scorza
(Lima 1928 – Madrid 1983) :

Conferencia, exposición bibliográfica y galería de fotos de la época y lugares ficcionalizados en La guerra silenciosa. (Ofelia Huamanchumo de la Cuba, Ludwig-Maximilians-Universität de Múnich, Alemania).

Vigencia de La guerra silenciosa

La historia del Perú es en gran parte una historia de guerras, perdidas o vencidas, ensalzadas o minimizadas, justa o injustamente. La guerra silenciosa fue una de las acalladas inmerecidamente, y que sin embargo logró salir del anonimato gracias a la magia y fantasía del gran ‘cronista de la epopeya india’, Manuel Scorza, quien decidió valerse no de la historia o el periodismo, sino de la literatura, para alzar su voz de protesta frente a una serie de sucesos que atentaban contra la dignidad del campesinado peruano, allá por los años sesenta.

Manuel Scorza había nacido en Lima, en humilde hogar. Sus padres, emigrantes de la sierra, lograron darle una educación privilegiada. Cursó entonces la Secundaria en el Colegio Militar ‘Leoncio Prado’ y estudió Literatura en la ‘Universidad Nacional Mayor de San Marcos’. Participó en política hasta alcanzar prisión y exilio en 1948. Recorrió durante algunos años Latinoamerica, hasta llegar a ser un poeta consagrado, autor de versos como: “Yo no sabía por qué los ríos / se secan en el sueño / y ciertos rostros en los Andes/ son puras miradas melancólicas./ Hasta que los mineros cansados / de tener una sola vida para tantas muertes, / domesticaron truenos, / nutriéndose de piedras, / bebiéronse las lluvias, / rompieron con sus manos la jaula de la vida” [1]. De regreso al Perú de los años cincuenta llevó a cabo el más grande y exitoso proyecto editorial nacional y latinoamericano, con el que ganó deudas y antipatías[2], lo que le costaría más tarde el injusto silencio de la crítica nacional frente al éxito internacional que merecieron sus novelas de la pentalogía por ello bautizada La guerra silenciosa.

Manuel Scorza, entregado a su labor de periodista, sensible a la injusticia social y al dolor humano, y luego de haber investigado y verificado personalmente los hechos ocurridos en Cerro de Pasco a comienzo de los sesenta, recurrió a la ficción como medio de protesta, ya que ni periodistas ni intelectuales se interesaron por el problema del poblador del Ande: "Cuando en América Latina se pierden todas las instancias - por ejemplo, cuando en un combate humano un Gobierno masacra a todo un pueblo -, entonces queda la posibilidad de escribir un libro, y el libro reabre el debate. La rebelión de los comuneros de Cerro de Pasco - una de las miles de rebeliones que recorren clandestinamente nuestra historia continental - hubiera desaparecido en el olvido." Así, inspirado en los acontecimientos reales que en su momento fueron silenciados por la prensa y el poder en el Perú, casi una década después de sucedidas las masacres de campesinos en la sierra central peruana, Scorza logrará publicar sus novelas Redoble por Rancas (1970), Garabombo, el Invisible (1972), El Jinete Insomne (1977), Cantar de Agapito Robles (1977) y La Tumba del Relámpago (1979), en un estilo en el que las trágicas historias se presentan paradójicamente llenas de ironía, humor y poesía, a lo cual se suma el extraordinario tratamiento de los elementos fantásticos y mágicos que invaden el universo retratado. Y es que lo que en las novelas de La guerra silenciosa aparece como un conjunto de acontecimientos de una realidad colosalmente mágica, dignos del mejor contador de fábulas, funda sus raíces en una realidad trágica e increíblemente injusta, que la óptica y el aliento poético scorzianos supieron ver y retratar. Se trató de los conflictos, terminados en sangrientas masacres, que enfrentaron a los pueblos de la sierra central peruana contra la entonces compañía norteamericana “Cerro de Pasco Cooper Corporation”. En aquellos años inmediatos a la publicación de la primera novela Redoble por Rancas (1970) el propio presidente del Perú, Velasco Alvarado, se vio obligado a liberar el 28 de julio de 1971 al ciudadano Héctor Chacón - apodado ‘El Nictálope’ en la novela, donde aparece con su propio nombre -, nombrándolo símbolo del sufrimiento de los comuneros del Perú.

Instalado en Europa, Manuel Scorza fue Lector de la ‘Escuela Normal Superior de Saint Cloud’, en Francia. En otra dirección temática y estética publicó más tarde la novela La Danza Inmóvil (1983). Ese mismo año fallece en el accidente aéreo de Barajas, Madrid, un 28 de noviembre de 1983.

La lectura de La guerra silenciosa es una invitación a sensibilizarse y comprometerse por el Perú, no sólo política, social o moral, sino artísticamente. Pienso en El Jinete Insomne llevada al cine, por ejemplo, y mi imaginación se inunda de colores, melodías, fotografías, palabras, visiones y sensaciones, al infinito. Por todas estas razones Manuel Scorza sigue vivo y su guerra silenciosa, vigente. Como en el mito de Pariacaca, sus cinco novelas son cinco días eternos que transcurren a cada lectura y hacen que resucite para hacernos escuchar su voz de eterna denuncia, de inconformismo y de protesta, que dice: ‘Ya regresé. Ahora soy eterno, ya no moriré jamás’. [3]

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[1]De: Canto a los mineros de Bolivia, obtuvo Premio en Juegos Florales de la Universidad Autónoma de México (1951)

[2] Significativo es el artículo sobre Scorza como editorManuel Scorza: el libro en la calle (En: Nuevo Mundo, N° 23, Lima 1969): “[Manuel Scorza]: Cien mil libros era todo lo que en el Perú se había editado en los últimos diez años [...] pero en la Plaza San Martín una muchedumbre peleó seis horas y en un día no quedó ni un solo libro [100 000 libros a 10 centavos de dolar cada uno]. Así en un año se editó siete veces más que el total de libros de la Biblioteca Nacional”(Julio Ortega, 1968, NM, (23): 84-86).

[3] Del mito quechua de Pariacaca, tomado de las narraciones en Dioses y Hombres de Huarochirí, recogida por Francisco de Ávila (1598), según el cual el alma de los muertos abandona el cuerpo luego de cinco días para ir a contemplar a Pariacaca, hacedor del mundo, y así eternizarse. Al ánima se le esperaba con bebidas y comidas para celebrar su retorno eterno junto a sus padres y hermanos. Esta primera parte del mito es mencionada también en el ciclo narrativo de Manuel Scorza.

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[Artículo completo publicado en "Socialismo y Participación", Nr. 106, abril 2009, 119-121:

http://www.cedepperu.org/cedep/index.shtml?apc=h-1n-&x=62147&s=b&cmd[742]=i-742-3e7e90fb39cc765322ddf56b3aae83fe ]