8 de marzo: ¿Mujeres que viajan solas?


A propósito de Dias de un viaje. Fotorrelatos de una limeña (Berlín, 2015).

El año pasado publiqué en edición especial un libro de relatos en el que comento mis impresiones a lo largo de un viaje que hice por Europa en busca de soledad para oír mis musas. Un viaje que emprendí con mucho entusiasmo y al que puse fin con tristeza y esperanza a la vez.

El Colofón del librito dice así:
"Las dias literarias o diapositivas narrativas (fotorrelatos) reunidas aquí son una muestra de las varias imágenes de las que tomé nota a lo largo de aquel viaje, emprendido con la fuerza que nos da la curiosidad típica de la temprana juventud.
En la mayoría de ellas se respira una búsqueda, una pregunta abierta, un camino hacia las musas; y todo porque antes de partir yo no había sospechado que las mayores distancias y los más hondos abismos se escondían en el interior de mi propia alma. Solo poco después, instalada otra vez en Lima y ayudada del tiempo, que todo lo aclara, llegaría a comprender ciertas cosas".

Más de dos décadas me separan de aquella aventura, y veo con espanto que hasta la actualidad ---sobre todo en los días en torno al destinado a 'celebrar' internacionalmente a la mujer--- la cuestión de 'viajar sola' siga siendo tema polémico, cuando de señalar el perfil de una muchacha se trata. Señoras y señores, hay cosas que no tienen género, aunque quizás sí edad: la cordura, la soledad, el alma viajera, los caminos...


Poetas hispanoamericanas en Múnich


En estos primeros tres meses del año la ciudad de Múnich se ha complacido en escuchar tres de las varias voces líricas de las letras en español afincadas en esta ciudad.
                 La poeta mexicana Agustina Ortiz ofreció en enero pasado una lectura de su último poemario Luna de papel (2015), impreso en Argentina, dentro de la Colección Poesía del sello Ediciones La Yunta, en el marco de un diálogo sobre el oficio de escribir. La poeta, Maestra en Letras y Literaturas Hispánicas, ha ejercido la docencia en varias instituciones educativas de Estados Unidos y Alemania; así como publicado un amplio repertorio de poemarios, editados en diversas ciudades de Latinoamérica y Europa.
                   La poeta colombiana Jannet Weeber Brunal presentó luego en febrero su poemario Otra cosa es el silencio (2015), editado en España bajo el sello Ediciones Torremozas en su colección La Noctámbula. La autora es Lectora de Español en la universidad LMU y dirige el blog literario "Voces"; recibió en el año 2013 una mención honorífica del Premio Platero de Poesía de la ONU.
                   Y finalmente, a comienzos de este mes la poeta argentina Dorita Puig presentó su poemario De breve Infinitud III (2015), el último de una trilogía poética, publicado en Argentina, bajo el sello de Editorial Dunken.  Bachiller en Letras y Derecho, la autora se ha desempeñado en diversos campos afines a las letras. Ha obtenido varios premios literarios y representado a Argentina en recientes ferias internacionales de libros.
            Queda decir que no es menor mérito el de las instituciones y los amantes de la lírica contemporánea, que apoyan la difusión de estas voces desde otras lenguas que se alzan en la ciudad muniquense. Proporcionar y promover espacios para el desarrollo de tan viva poesía, como lo hacen: el colectivo Palabras Urgentes, dirigido por Mónica Sardi, la Librería Española de Múnich de Cecilia Estrada y el programa cultural de Living Sprachen del profesor Iani Haniotis, es tarea de nobles cultores.


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Luna de Papel - Agustina Ortiz
ISBN 978-087-3800-05-4


Qué agonía la de las manos

tejer el día
rostros en el agua y ayer
con los hilos de gelatina azul
que prenderían como las plantas
esta noche
en la tierra han caído
las derrotas
la sal de las ausencias
y la luz amarilla
de la luna de papel.



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Otra cosa es el silencio - Jannet Weeber Brunal
ISBN 978-84-7839-624-5



Pasos

Caminar entre ramajes secos
llenos de olvido
perseguidos por ese rumor
de alma quebrada
entre hojas de eucalipto
y dejarte caer en el abismo
venciendo a la oscuridad
a la efímera belleza
de un corazón latiendo.





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De breve infinitud III - Dorita Puig   
ISBN 978-987-02-8073-6


[Parte I]

6

Dejaré aquí a mi hijo,
mis libros, mis palabras
y ya no volveré a afiebrarme
bajo las estrellas
me iré despojada de azules,
envuelta en la insolencia
de mis formas.



Los sapos y las ranas


La diferencia, entre el tipo de anfibios a los que llaman 'sapos' y el otro tipo al que llaman 'ranas', no la supe bien nunca. Al parecer, sería pedante poderlos distinguir cual marisabidilla, pues desde que tengo uso de razón siempre he oído a todo el mundo utilizar ambas palabras casi como sinónimos. 
          La primera vez que escuché alguna referencia a estos animalitos de feo aspecto y color entre verde y marrón, arrugados, con cara de vejestorios y casi de pequeños monstruos, fue en algunas leyendas para niños, donde un sapo se convertía en príncipe al sentir el beso de una joven; o donde una rana sagrada salía de una cocha[1] andina y, de un salto, se comía la moneda de oro para que los deseos de una aclla[2] se cumplieran. Y la primera vez que vi una imagen de estos húmedos anfibios fue en un libro de rimas infantiles, que me recitaba mi hermana mayor, cuando yo aún no sabía leer: "Cucú, cucú, cantaba la rana; cucú, cucú, debajo del agua; cucú, cucú...".  Ahí estaba la ranita color verde chillón, con cara triste, que contemplaba la luna llena en una noche estrellada, sentada, no debajo sino, encima de una hoja de flor de loto en medio de un lago...
          En mi niñez conocí también unas ranitas de metal, que eran la pieza clave de un juego difícil que requería buena puntería y una precisión no propia de niños, sino más bien de adultos: el juego del sapo. En los clubes campestres en las afueras de la ciudad de Lima, a los que se podía ir en invierno para escapar de la neblina y gozar del sol serrano, nunca faltaba uno. Se jugaba lanzando unas fichas de bronce hacia una especie de cómoda, en cuya superficie se encontraban unos agujeros ---entre ellos, el de la boca de una escultura de metal en forma de rana---, donde había que embocar aquellas gruesas monedas, con el fin de ir ganando cierto puntaje según el valor del cajoncito adonde iban a parar las fichas embocadas.
          Ya más tarde, en uno de mis viajes por Europa llegué a conocer la portada del edificio de la Universidad de Salamanca, donde se encuentra la famosa figura, tallada en alto relieve, de una rana, quizás como firma del escultor, posada sobre una calavera. Hasta el día de hoy se mantiene viva la tradición entre los estudiantes de echarle un vistazo en épocas de exámenes, costumbre heredada de los bachilleres en la época del Siglo de Oro, quienes confiaban en la buena fortuna que la ranita les podía traer, si al pasar por ahí la divisaban al primer intento en medio del laberinto plateresco de figuras y relieves. Desde ese entonces opté por llevar en mi mochila de estudiante una postal de la ranita salmantina.
           ¿Pero cuándo avisté una rana de verdad por primera vez?... Repaso las hojas, hacia atrás y hacia delante, de este cuaderno de mi Bestiario Personal y no hallo respuestas claras. La explicación es fácil. Yo crecí en Lima, una mole urbana con poca naturaleza; difícilmente podría haber encontrado en mi niñez una ranita en los surquitos de riego del parque de mi barrio...  Ahora que recuerdo, fue en la ciudad de Piura, en la costa noroeste peruana, donde topé con una ranaza, un año después de que hubo pasado por ahí el Fenómeno del Niño del 98 con todas sus consecuencias: desde la aparición de una laguna en medio del desierto, hasta la sobrepoblación de ranas enormes por toda la región. La rana que vi aquella vez en una noche calurosa de primavera tenía por lo menos 20 cm. de diámetro, y unos 8 cm. de altura, y parecía una piedra inexplicablemente olvidada en el borde de una vereda citadina. La mayor sorpresa de aquel hallazgo fue el comprobar la certeza de la onomatopeya que se leía en cuentos y fábulas: "¡croac!, ¡croac!, croac!"; así saludaba de veras la rana.
               Un par de años después, en Caraz, una región mas bien helada y ubicada en las alturas de la sierra peruana, volví a acercarme a otra rana. Fue en una noche de luna llena, cuando un grupo de amigos esperábamos a que se doraran un poco nuestros choclos al palo, sobre una fogata armada para los huéspedes de la posada rústica donde nos hospedábamos. En medio de los exteriores había una fuente de agua que tenía cuatro esculturas de granito en forma de rana, por cuyas bocas salían los chorros de agua, y donde fue que vi que reposaba, ¡oh casualidad!, una rana de verdad que, para mi sorpresa, croaba igual que la rana costeña de Piura y tenía el mismo color marrón barro, aunque no era tan grande.
          Con todo, la mayor revelación a mis conocimientos sobre sapos y ranas tuvo lugar el año pasado, cuando volví una vez más por la selva peruana. Una noche en la que cenábamos apaciblemente en la cabaña donde nos estábamos quedando a varios kilómetros de la civilización, se escuchó un ruido extraño, que asemejaba un timbre de teléfono antiguo, pero opacado, como salido desde dentro de una caja de madera cerrada. De primera impresión, los que habíamos llegado hasta ahí de visita desde Múnich, pensamos que podría ser un pájaro carpintero de los que abundan en los bosques bávaros, pero en versión amazónica, o sea: nocturno y temerario; no obstante, era absurdo imaginarse un pájaro carpintero alpino en ese hábitat, golpeteando la pared de la cabaña desde afuera. Y es que la casa era de madera y tenía  paredes de doble fondo. ¿Se podría haber colado alguna pequeña bestezuela por ahí que nadie veía pero que empezaba a alimentar mi imaginación de miedos? De pronto, cual mecanismo de defensa, del baúl de mis recuerdos afloraron intentando cobrar sentido unos versos que aparecían en un libro de lectura de primaria y que nunca, solo hasta ese preciso instante, creí entender en toda su expresión:
"Nadie sabe dónde vive,
nadie en la casa lo vio,
pero todos escucharon
al sapito glo-glo-gló".
          Mi intuición animal había dado en el clavo, pues nos sacó de la duda nuestro anfitrión al ver nuestros rostros interrogantes: "Así son los sapitos selváticos, están ahí, o escondidos o mimetizados, pero haciendo siempre buena compañía".



[1] Del quechua: laguna.
[2] Del quechua: doncella destinada al servicio del Inca, en tiempos prehispánicos.


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"Los sapos y las ranas", artículo publicado en mi columna BESTIARIO PERSONAL, de la Revista Hispanoamericana de Cultura OTROLUNES (Nr. 40, marzo 2016, año 10), dirigida por el escritor cubano AMIR VALLE.


TRADUCCIÓN: Del poeta Daniel Graziadei

El poeta va, y en su andar por el mundo versifica sus aprehensiones. Así es una de las voces contemporáneas más significativas de la ciudad de Múnich. Antologado recientemente en una edición bilingüe en alemán y español, vuelve a atravesar los pasadizos de la traducción para salir ileso a pesar del intrincado desafío: el poeta Daniel Graziadei (Meran, 1981).



klein bleiben
                                      klein bleiben
                                      klein bleiben
                                      & mit einem lächeln
                                      und einem rufezeichen
                                      zeilen überschreiten,
                                      weiterreiten
                                      sonnengleiten


 quedarse pequeño
                                      quedarse pequeño
                                      quedarse pequeño
                                      & con una sonrisa
                                      y un signo de admiración
                                      saltearse líneas
                                      seguir cabalgando
                                      planeando el sol

(Del poemario ge dichter
Augsburg: Iduna Verlag, 
colección Goldene Bücherei,
2010). 



Muestra completa de poemas traducidos al español publicada en la revista digital Vallejo & Co. (marzo 2016):
 5 poemas de GEH DICHTER (2010) de Daniel Graziadei

El fuego eterno del poeta José Pancorvo

José Pancorvo (Lima 1962 - 2016)


Juego del fuego

Yo soy el cazador del fuego,
fulminador de las colinas
y calcinando los boscajes
cazo las presas escondidas
con mis hondazos estentóreos.

Yo soy el cazador en fuego
y con tormentas me enceguecen
los animales sorpresivos
y disparando mi arco alegre
me quedaré con sus relámpagos,

Muy por la noche empuño lanza
para enfrentar y acometer
a la infinita esfera viva
que nos sostiene sin cesar
como un sol más que universal.

En fuego y cazador del atroz fuego,
soy trofeo pero hay juego
de voces a relámpagos.








( De: Los Éxtasis del Incarrey. 
Antología Poética 1989 - 2009
por José Pancorvo. Arequipa: Cascahuesos,
 Colección Pájaro de cera 4, 2009; 94 pp.).

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Sobre la novela DEMONIOS DEL PACÍFICO SUR de José Pancorvo