Fin del Mundo

Cuando leí la novela de García Márquez "El amor en los tiempos del cólera" se me ocurrió inventarme alguna historia que tratara de una enfermedad que no existiese en América, pero quizás en otra parte del planeta. Intenté escribir algo sobre una gripe de aves, porque conocía entre mis amistades a un fanático de aves, que criaba algunas en cautiverio, aunque sueltas dentro de su habitación de estudiante. Su padre, que era experto en crianza de aves, le advertía constantemente que corría el riesgo de contagiarse del 'moquillo de aves', una especie de gripe, por andarlas besando. En abril de 2009 viajé a Lima y tuve que pasar por todos los aeropuertos por los que hacía escala en medio del pánico desatado por una gripe aviar expandida por América y el mundo entero. Entonces desenterré mi cuento del Gallo Nono, pero no pude mejorarlo, ni corregirlo ni aumentarlo. Ahora que se acerca el Fin del Mundo pienso que mi cuento también pega. Y por ello, como diría Juan Ramón Jiménez, "no le quito ni le pongo una coma".
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El Gallo Nono, publicado en internet en diciembre 2012.


Antiedición de relatos


            En el invierno de 1998, gracias al fenómeno del Niño, el frío no pasó por Lima. Así pude ese año, en una veraniega noche limeña de un insomne 28 de julio, armar un librito con un puñado de cuentos míos ––recopilados de talleres, concursos y otros experimentos–– para que un editor los publicara.
  
             Mas la tecnología, o el destino, o mi torpeza con las computadoras, hizo en aquel entonces que por un error humano me quedara sin mis materiales, truncándose así el plan.

              Casi quince años después, gracias a la tecnología, o al destino, pude recuperar muchos de aquellos escritos y colgarlos por fin en la red, como una antiedición de aquel librito, pecado de juventud de oficio.  

Y ahora los he podido publicar en Alemania, en versión impresa, asequible a todo el mundo a través del portal de la editorial.


De vuelta a las armas políticas de la poesía


Günter Grass y su “Vergüenza de Europa”

      A pesar de que la obra más difundida internacionalmente del Nobel alemán, Günter Grass, es la de género novelesco, el reconocido escritor ganó su primer premio literario con un poema, allá por el año de 1955.  Y es que la lírica se ha mantenido siempre presente a lo largo de toda su carrera literaria e intelectual, en la que sus textos poéticos se presentaban con frecuencia como ecos de protesta frente a acontecimientos sociopolíticos coyunturales.
    Por ello, descifrar sus mensajes para traducir sus versos de impecable lenguaje sigue resultando una labor desafiante. Hace un par de días Günter Grass ha vuelto a arrancarle sonidos a su lira de la manera genial que lo caracteriza: con un verso bello y mordaz, multifacético y claro, elegante y sencillo, íntimo y social, histórico y actual. “Vergüenza de Europa”* se titula ésta su última entrega de aliento político: una epístola épica a Europa, en la que el poeta le reprocha a la Comunidad Europea la actual crisis del país griego.
      A continuación y con modestia, entrego mi versión, que discrepa tangencialmente en más de un verso de otras aparecidas en algunos medios de habla hispana. Todo sin ánimo de corregir a nadie, sino de reafirmar la gigantesca responsabilidad de despertar otras interpretaciones al asumir esta ‘traición’ en castellano a los versos de uno de los más grandes poetas vivos de lengua alemana.

*Original: Texto Europas Schande;
Audio: Lectura por Günter Grass

Vergüenza de Europa
Cerca al caos, no cumpliéndole al mercado,
lejana permaneces tú al país que te concedió la cuna.

Lo que buscaste de espíritu[1], que dicen hallaste,
ahora es subestimado, tasado peor que chatarra.

Como un deudor, colgado desnudo en la picota, sufre un país,
al que darle las gracias era antes para ti un dicho[2].

Condenado a la miseria está ese país, cuya riqueza
decora museos bien mantenidos: botín resguardado por ti.

Los que con armas al país bendito de islas
violentaron, llevaron con su uniforme a Hölderlin en el morral.

A duras penas es aún tolerado ese país, cuyos Coroneles[3]
una vez tú misma toleraste como aliados.

País despojado de derechos[4], al que el poder, que siempre tiene la razón,
ajusta el cinturón cada vez más y más.

Desafiándote viste Antígona de negro y a escala nacional
enlutado va el pueblo, cuya invitada has sido tú.

Fuera de ese país, sin embargo, los seguidores mentales de Creso han
atesorado todo lo que cual oro brilla en tus cajas fuertes.

¡Embriágate de una vez, embriágate! gritan los claqueros de los comisarios[5],
pero colérico te devuelve Sócrates, llena hasta el borde, la copa.

Maldecirán en el Coro[6] todo lo que constituyes los dioses,
cuyo Olimpo tu voluntad exige que se les expropie.

Desalmada te desgastarás tú sin el país,
cuyo espíritu a ti, Europa, te inventó.





[1] Traduzco como ‘de espíritu’ lo que en el original dice: ‘mit der Seele’; pues parece aludir al discurso bíblico que utiliza el complemento ‘de espíritu’ y no ‘con el alma’: ‘busquen y encontrarán’,  ‘los pobres de espíritu’, etc. 
[2] Traduzco como ‘dicho’ lo que en el original dice ‘Redensart’; pues parece aludir al concepto de ‘aforismo’, que el poeta no escribe con la palabra exquisita de ‘Aphorismus’ en alemán, sino que la expresa en forma lata, como caracteriza a la sencillez de su vocabulario en este poema.
[3] Traduzco como ‘Coroneles’ lo que en el original aparece como ‘Obristen’; pues alude sin duda a los militares de la llamada ‘Dictadura de los Coroneles’ (Grecia, 1967 – 1974).
[4] Traduzco como ‘país despojado de derechos’ lo que en el original aparece como ‘Rechtloses Land’; lo que significa claramente no un país que no tiene leyes, sino un país que no puede ejercer los derechos que tiene.
[5] Traduzco como ‘comisarios’ lo que en el original aparece como ‘Komissare’; pues alude obviamente a los funcionarios de la Comisión Europea de la Unión Europea.
[6] Traduzco como ‘en el Coro’ con mayúsculas pues en el original dice ‘im Chor’, lo que  literalmente significa “a coro” o “en el Coro”; yo me inclino a pensar en ambas como un juego de significados que alude, no obstante, directamente al Coro, como subtexto de la Tragedia griega que los actores pronuncian a coro.

CRITICA DIGITAL


Una ojeada al libro digital 
El espía del Inca de Rafael Dumett

La novela El espía del Inca ha sido publicada por LAMULA publicaciones en versión digital, con lo que dicha obra se pone así al alcance de cualquier ciudadano del mundo que disponga de una tableta de Kindle, un iPad, un iPhone o una Mac para poder leerla, y quizás pronto esté disponible para cualquier computadora. Eso es desde ya una cuestión bastante plausible, pese a las más crudas oposiciones al libro digital. Y es que se ha hablado mucho, y se sigue hablando, de si el e-book reemplazará al libro, y de las ventajas o desventajas de una edición digital frente a una impresa en relación a su almacenamiento, distribución, transporte, no sólo por cuestión de ventas, sino por la comodidad del lector mismo. Poco se ha dicho, no obstante, de los nuevos desafíos que la edición digital de literatura plantea para la crítica literaria, puesto que se trata de dos medios distintos que producen dos conceptos de libro distintos, y que por lo tanto conllevan un problema hermenéutico al momento de agudizar la mirada filológica.

     Para el caso de la versión digital de El espía del Inca de Rafael Dumett, la moderna entrega deja extrañar la tradicional separación de los distintos niveles del contenido de un  documento. En el caso de la versión digital que yo he adquirido por compra via Internet la de “Kindle para Mac”, el documento comprende, además de la novela en sí o mejor dicho, lo que yo sospecho que es la novela, una serie de textos extras.  Todos los títulos (de los textos extras y de los capítulos de la novela) se presentan en una misma jerarquía, sin ser separados sustancialmente. Esto en principio haría suponer que esos otros textos vienen a formar parte de la novela misma, y que tendrían que aportar un significado estético a la obra; pero no es el caso, creo. En El espía del Inca los textos extras a la novela (“Un quipu…”, Referencias, Agradecimientos, Personajes, Sobre el libro, Sobre el autor, Créditos) deberían haberse separado en otros compartimientos[1];como se hace con las obras cinematográficas en edición digital (DVDs), donde la película viene en un rubro separado de los otros que comprenden las entrevistas a los actores, el trailer, los entretelones de la filmación, etc. Por todo ello, me atrevo a decir que un lector quisquilloso, o tradicional, no sabría dónde empieza y dónde acaba la novela El espía del Inca en su versión digital. Siguiendo mi intuición, en esta entrega digital podrían comprender la novela mencionada: el título, la Dedicatoria, el Epígrafe, las Imágenes, los dieciséis capítulos (titulados ‘Primera serie de cuerdas’, ‘Segunda serie de cuerdas’, … hasta ‘Decimosexta serie de cuerdas’) y los glosarios finales: Glosario quechua castellano y Glosario español antiguo.

     El texto “Un quipu gigante hallado en una chulpa (M573)” que sigue al último capítulo de los titulados por series de cuerdas—  y sus respectivas referencias bibliográficas, es un escrito híbrido que no convence como una muestra textual de estética realista que podría ser parte de la novela; e incluso sobra como anexo a ella, porque como explicaré enseguida— el tema de las cuerdas de los quipus es suficientemente verosímil y no necesita mayor comprobación científica. Bien pegaría ese texto, quizás, como parte del estudio preliminar en una edición crítica; que no ha sido el caso en su versión digital.

     Pese a estas llamadas de atención sobre la edición digital de El espía del Inca, creo que se trata de una novela originalísima, no por ser la primera peruana en su género en versión digital, sino por el hecho de haber simulado la utilización de una clase textual inédita en materia novelesca: la cuerda, es decir, la transcripción (o como otros llamarían, la transculturación) de una cuerda de quipu a un texto escrito en español, titulado “Cuerda…”, producto de la fantasía de Rafael Dumett.

     Si bien esa clase o tipo textual inventado, ‘cuerda’, (por ejemplo, “primera cuerda: marrón tierra removida, en Z”; “cuerda secundaria: blanco entrelazado con negro, en Z”, etc., como se subtitulan los capítulos) gana en una primera impresión suficiente verosimilitud (por crear asociaciones con los estudios serios que vienen realizando antropólogos, arqueólogos, filólogos me cuento entre ellos—  respecto al quipu y sus textos hispanos correlativos, etc., y sobretodo con los diversos mitos que en torno al uso de los quipus se han escrito en la historiografía peruana desde épocas coloniales), dicha verosimilitud se tambalea un poco conforme se inicia la lectura, puesto que los tipos de redacción que supuestamente se transcriben desde las cuerdas son, sin embargo, de lo más diversos narraciones, descripciones, diálogos, y ponen a ratos en duda el intento de fingir la transcripción verdadera de una única cuerda de un quipu con un solo nudo. Es así como los títulos y subtítulos de los capítulos se transforman, conforme se va cerciorando el lector entendido, en un excelente elemento fantástico que abre la atmósfera ficcional propicia para crear un mundo donde es posible leer quipus así; a ello se suma lo que en la trama misma se expone de manera detallada y natural: el hecho de que algunos personajes mantengan segura familiaridad con el uso de quipus  cuestión cuya base histórica resulta irrelevante para la histoire— lo cual aviva la fantasía del lector en torno a la comunicación sistemática por medio de quipus. Y he ahí uno de los grandes méritos de Rafael Dumett, quien salvo esas zancadillas al lector en torno a la verosimilitud de su extremadamente fantasiosa clase textual ‘Cuerda” logra predisponer de buena gana al lector frente a los cientos  de páginas que le esperan, y convierte a las ‘cuerdas’ en el elemento atractivo clave para contar las peripecias de un espía de los tiempos incaicos en su afán por rescatar al último Inca, Atahualpa. Por otro lado, ese detalle de la verosimilitud de la función de los quipus no llamaría tanto mi atención, si no fuera porque reubica en otro campo a la novela El espía del Inca de Rafael Dumett, puesto que su narración deja de ser una novela histórica como ya la han llamado, y se convierte en una especie de novela fantástica con tema histórico.

       Rafael Dumett se suma así a los autores que han puesto a esas cuerdas de origen prehispánico como objetos centrales en la complejidad de sus materias narrativas; entre ellos,  Manuel Scorza, quien también fantaseó someramente en torno a los quipus y sus supuestas transcripciones occidentalizadas en su ciclo novelesco de La guerra silenciosa. En España la novela histórica y negra Nudo de sangre (Premio Primavera de Novela 2008) del escritor salmantino, Agustín Sánchez Vidal, que tiene a un quipu en el centro de sus enmarañados episodios, fue un éxito de ventas y ha sido traducida hace poco al alemán en una atractiva edición de bolsillo con ilustraciones a todo color.

            Esta rápida ojeada a la edición digital de El espía del Inca y al elemento más enriquecedor de la novela: el quipu que es también el dibujo central que presenta la portada— , amerita una segunda parte —que espero concluir pronto— donde los detalles señalados vayan más allá del ojo de buen cubero, superen los tropiezos digitales y centren la mirada en la intrigante histoire que Rafael Dumett ha 'anudado' pacientemente para sus lectores.  



[1] Aquí debo aclarar que la verdad es que Kindle no ha desarrollado todavía una forma de presentación coherente de formato digital para obras literarias, pues no hay mucha libertad para los editores digitales. En principio todos los libros digitales de Kindle tienen el mismo formato. De hecho los ingenieros electrónicos de la firma en cuestión deben estar trabajando en ello, para inventar algún programa editor que posibilite ediciones hermosas y diversas, y que distinga diversos rubros dentro del documento digital, como es el caso de las ediciones digitales de las películas cinematográficas. Mientras tanto, se me ocurre que a lo mucho se podría agregar una página al final de la novela, que diga ‘FIN’, como en el viejo cine: ‘the end’.

  
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Imagen: detalle de la ilustración de la carátula de la versión digital.

Por una biblioteca digital

Mentalidad colonial actual: saber es 'haber'

A pesar de los tiempos que corren, cuando cada vez son más los archivos digitales de incunables que las bibliotecas más grandes del mundo ponen a disposición de todos en la red, no deja de sorprender el poco interés de los estudiosos peruanistas en dar un salto significativo en ese sentido. Entre la comunidad académica peruanista aún parece persistir la actitud de creer firmemente no sólo en eso de que saber es poder, sino que se ha alcanzado un fanatismo coleccionista del que cree que poseer ’saber’ es tener en su haber la más grande cantidad de fotocopias de originales de incunables y libros de anticuario, así como de documentos escaneados de manuscritos coloniales, obtenidos de bibliotecas o archivo mundiales para uso restringido.
           Si bien la reproducción digital de documentos coloniales no niega ni pretende reemplazar la labor paleográficain situ, sino complementarla, o incluso incentivarla, lo cierto es que el gran problema en la discusión sobre las versiones de textos coloniales peruanos asequibles en la red va en otra dirección:  tiene que ver no tanto con el Privilegio o los derechos de autor (copyright) –pues en su mayoría esos libros serían en principio de dominio público– sino con la pertenencia y ubicación de los ejemplares en tal o cual institución, pública o privada, o persona particular. De otro lado, colgar en la red incunables coloniales, o libros raros, impresos en el Perú de los siglos XVI, XVII y hasta XVIII, supone un costo que quizás muchas instituciones nacionales –archivos, conventos, bibliotecas peruanos–  no estén en capacidad –y no tanto, en voluntad– de cubrir. Pese a esta zona gris, si todo aquello fuera una barrera realmente infranqueable, no existirían ciertas pocas páginas no comerciales, como http://www.idolatrica.com/.
                   Por todo ello, no sería mala idea que las autoridades intelectuales y políticas del Perú lleven a cabo un plan lector Digital colonial –pero en serio–, es decir, una especie de proyecto a gran escala que materialice el acceso a las fuentes primarias y primeras del pasado peruano de una forma acorde con los tiempos, es decir, de una manera democrática e inclusiva, vía Internet. Mientras mayor número de personas y estudiosos tengan acceso a esas lecturas, mayor será la posibilidad de debate, a todo nivel, pues la esencia del saber radica en su efecto multiplicatorio. Así, los endiosados intelectuales que vengan con sus misteriosas fotocopias bajo el brazo y hablen de cosas que nadie conoce, tendrán que abrir el ruedo para dar paso a una discusión de más voces con autoridad.
                   La Biblioteca Nacional del Perú tiene un número muy reducido de obras coloniales en su portal digital; del mismo modo, falta todavía que den el gran paso los archivos de conventos, y otras instituciones peruanas (el Archivo General de la Nación, el Arzobispal, bibliotecas universitarias, etc.).
                  Ojalá que así como se ‘recuperaron’ las piezas prehispánicas de Yale, se conserven para la posteridad en un portal digital peruano ciertas piezas coloniales a las que deberíamos tener acceso todos y que se encuentran en haber (es decir, en el ‘poder’) de particulares. Pienso en el Arte de la lengua Yunga [Lima: 1644], por mencionar sólo un ejemplo que haga referencia a las imágenes que acompañan este texto.

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Publicado en el blog LETRAS MULERAS (http://ofeliah.lamula.pe/).

Flora Tristán, Iván Thays y la comida peruana

Imagen: causa de atún y escabeche de pescado

Flora Tristán, Ivan Thays y la comida peruana
Mi profesor de lenguaje de primaria, Rodrigo Rodríguez, decía que antes de decir algo, niños, hay que pensar un poquito. Más tarde mi profesora de literatura en la secundaria, Martha Charriarse, decía que no es sólo importante lo que se dice, sino que el éxito de la comunicación radica en ‘saber decir’ en el momento oportuno. Mi profesor de lengua de la universidad, Luis Jaime Cisneros, agregó a esas enseñanzas que no es sólo relevante lo que se dice, bien pensado, en el momento oportuno, sino ‘el tonito con que se dice’. Todo es verdad. Así que en principio cualquiera puede opinar a favor o en contra de la comida peruana, como, cuando y donde sus experiencias de vida, su condición socioeconómica, y su competencia socio- y psicolingüística se lo permitan.

Releyendo las Peregrinaciones de una paria de Flora Tristán (Paris 1803 - Burdeos 1844) – porque se acerca el día internacional de la mujer y preparo una conferencia – di con aquellas líneas en las que la autora francesa de ascendencia peruana describe la comida arequipeña de manera muy personal:
Los arequipeños son muy aficionados a la buena mesa y, sin embargo, son poco hábiles para procurase un placer. Su cocina es detestable. Los alimentos no son buenos y el arte culinario esta aun en la barbarie. El valle de Arequipa es muy fértil, pero las legumbres son malas; las papas no son arenosas; las coles y las arvejas son duras y sin sabor; la carne no es jugosa; en fin, hasta las aves de corral tiene la carne cariácea y parecen sufrir de influencia volcánica. La mantequilla y el queso se traen desde lejos y jamás llegan frescos. Lo mismo sucede con la fruta y el pescado que viene desde la costa; el aceite que usa es rancio, mal purificado; el azúcar groseramente refinado, el pan mal hecho. En definitiva nada es bueno.
Voy a decir cuál es su manera de alimentarse. Se desayuna a las nueve de la mañana. Esa comida se compone de arroz con cebolla (cocidas o crudas, ponen cebollas en todo), carnero asado, pero tan mal preparado que nunca se puede comer. Enseguida viene el chocolate. A las tres se sirve una olla podrida (puchero es el nombre que se le da en el Perú), ésta que se compone de una mezcla confusa de diversos alimentos: carne de vaca, tocino y carnero hervido con arroz, siete u ocho especies de legumbres y todas las frutas que les cae a la mano, como manzanas, peras, melocotones, ciruelas, uvas, etc.

Un concierto de voces falsas o de instrumentos discordantes no sublevan la vista, el olfato y el gusto como lo hace esta bárbara amalgama. Vienen después camarones preparados con tomates, arroz, cebollas crudas y ají; carne con uvas, duraznos y azúcar; pescado con ají; ensalada con cebollas crudas y huevos con ají. Este último ingrediente lo empleaban con profusión en todos sus guisos, junto con otra cantidad de otras especerías. La boca queda cauterizada y para soportarlo el paladar debe haber perdido su sensibilidad. El agua es la bebida ordinaria. La comida se toma a las ocho de la noche y los guisos son de la misma calidad que los del almuerzo.
Las conveniencias en el servicio y los usos de la mesa no se practican mejor que las armonías culinarias. […]. Las únicas cosa buenas que he encontrado en Arequipa son los bizcochos y las golosinas hechas por las religiosas” [1].

Las declaraciones de este personaje significativo de la cultura peruana sorprenderían a muchos hoy en día. Pero hay que ver que Flora Tristán escribió este pasaje en el siglo XIX y – como lo han remarcado ya algunos críticos – desde la perspectiva de un estómago acostumbrado a “otra sazón” [2], entre otras razones.


Mi madre fue arequipeña, y yo crecí en Lima comiendo rocotos rellenos casi todos los domingos. Aquí en Múnich sigo preparando para mi esposo y mi hijo los santos rocotos, gracias al mercado global que ofrece esos frutos empaquetados crudos al vacío y/o congelados. Y pienso que, si me mudara con mi familia a otro punto del planeta lejos del Perú, seguiría llevándome ese pedacito de Arequipa – que mi madre trajo consigo primero a Lima – por donde quiera que fuese. Sólo quien desde la cuna creció comiendo estas bombas de calorías preparadas con amor puede superar patrioteramente cualquier indigestión o gastritis aguda. Iván Thays[3], a ti te comprendo bien.