Las eternas enseñanzas de Luis Jaime

Las anécdotas de y con el profesor Luis Jaime Cisneros, que todos los que fuimos alumnos y alumnas suyos hemos rememorado en estos días a causa de su triste partida, podrían llenar miles de hojas de un grueso cuaderno In memoriam. Yo creo que quienes conocimos al maestro Luis Jaime lo recordaremos siempre con gratitud por ese preciso momento en que en nuestras vidas se atrevió a dejar una marquita, una pequeña huella que sólo los abnegados forjadores logran hacer y que provocan un giro en el camino de nuestras existencias, para bien. Y es que fue justamente su faceta como docente lo que yo más admiré de su persona: esa entereza que hasta los últimos momentos de su vida lo llevó a no desfallecer en la noble tarea para la que vino al mundo.

Cuando hace algunos años encontré en mi buzón de correos un sobre con el borde blanquirojo del correo peruano y con una rotulación hecha a máquina de escribir, cuál no sería mi sorpresa al abrir la carta y confirmar que el remitente que anunciaba el sobre era la voz de mi profesor de antaño en la Católica, Luis Jaime Cisneros, en puño y letra. Hasta aquí me habían seguido en feliz reencuentro luego de mucho tiempo – con motivo de la publicación de mi primer libro – su voz alentadora y sobretodo consejera, además de su confianza de amigo, capaz de compartir los recuerdos que esta hermosa ciudad de Múnich le traían y sus últimos proyectos de publicación e inquietudes.

Ese fluido intercambio epistolar ya no podrá concretizarse ninguna vez más, a partir de ahora, en su consabido rito de un encuentro anual en la biblioteca de su casa en Miraflores, allá en mi lejana Lima. Por suerte, en el tiempo eternizado de sus enseñanzas lo veré una y otra vez, maestro Luis Jaime. ¡Hasta siempre!.

A cien años del nacimiento de José María Arguedas

(Imagen: Carátula del libro)


El próximo 18 de enero se cumplirán cien años del nacimiento de uno de los más representativos estudiosos de la cultura andina y popular en el Perú: el escritor y antropólogo José María Arguedas (Apurímac, 1911 – Lima, 1969). Este ilustre peruano dedicó su vida a luchar contra el olvido y por la salvaguarda de elementos culturales rescatables de las tradiciones andinas sobrevivientes en las regiones más olvidadas del Perú, con su carga autóctona y colonial. En ese sentido podemos encontrar consuelo en pensar que la ‘designación oficial’, por parte del gobierno peruano, del 2011 como Año del centenario del Macchu Picchu para el mundo – y no como muchos hubiéramos preferido fuera dedicado a la difusión de la obra de Arguedas – puede ser indirectamente también un llamado de atención hacia el significado de la tarea que tanto propulsara Arguedas mismo, es decir, la importancia de la preservación del patrimonio cultural peruano.

La forma que Arguedas tuvo de luchar por la conservación de los elementos culturales de marcado acervo prehispánico fue no sólo a través de su labor como antropólogo, es decir, recolectando material de danzas y canciones, instrumentos musicales, transcribiendo mitos orales andinos, o traduciendo del quechua manuscritos coloniales – como el del Inkarrí, por ejemplo – etc., sino utilizando la literatura como herramienta de compromiso y difusión. Es así como, entre otros muchísimos ejemplos que se podría mencionar, la tradición andina del baile de las tijeras y la visión peculiar del mundo que mantiene su danzak’, o bailarín, se trasluce en el cuento La agonía de Rasu Ñiti; o las celebraciones del cuento Yawar Fiesta se nos acercan en su mayor crudeza. Con todo, el mayor mérito de la obra literaria de José María Arguedas radica en que la más variopinta paleta de mitos, creencias y leyendas andinos se nos pone a disposición con una mirada especial: la del sujeto que aún en el siglo XX conserva una serie de rasgos ‘menos occidentalizados’ en algunos lugares del territorio peruano.

Precisamente sobre una cuidada selección de su obra literaria menos conocida en el género de narrativa breve y su labor antropológica y ensayística trata el libro Qepay Wiñaq… Siempre. Literatura y antropología (Iberoamericana - Vervuert, Madrid – Frankfurt am Main: 2009, 189 págs.), con prólogo de Sybila Arredondo, viuda de Arguedas, y con una edición crítica y estudio a cargo de Dora Sales (traductora literaria especializada en literatura postcolonial, profesora de la Universidad Jaume I de Castellón, España), quien afirma: "Como antropólogo y narrador, José María Arguedas libró un doloroso pulso entre la pervivencia de la cultura popular procedente del mundo quechua y la innegable e imparable modernización de la sociedad. Arguedas siempre apostó por el diálogo y la creación integradora, defendiendo la posibilidad de una relación dinámica y dialógica con el fondo popular". El libro ofrece también una bibliografía seleccionada de José María Arguedas, y otra bibliografía crítica sobre él y su obra. Asimismo contiene una decena de fotos y un detalle facsímil de uno de sus manuscritos.

La selección del libro comprende dos partes: Ficción y Ensayo. En la primera se encuentran las narraciones breves: Warma Kuyay (Amor de niño), 1933; Yawar (Fiesta), 1937; Huayanay[1], 1944; Yawar huillay[2], 1945; La agonía de Rasu Ñiti[3], 1962; y el cuento El sueño del pongo, 1965, en ambas versiones, quechua y castellana. En la segunda parte de la selección se hallan los escritos: “Entre el kechwa y el castellano, la angustia del mestizo (1939)”, “La canción popular mestiza e india en el Perú, su valor documental y poético (1940)”, “La novela y el problema de la expresión literaria en el Perú (1950), “La cultura: un patrimonio difícil de colonizar (1966)”, “Algunas observaciones sobre el niño indio actual y los factores que modelan su conducta (1966)” y “No soy un aculturado (1968)”.

Para quienes no están familiarizados con la obra de Arguedas, en este libro, Qepay Wiñaq… Siempre. Literatura y antropología, la editora, Dora Sales, presenta de forma amena los cuentos breves, anteponiéndoles epígrafes en base a citas de obras del mismo Arguedas, de modo que las narraciones se presentan como conectadas en un todo global arguediano. Por otro lado, para quienes ya hemos seguido desde siempre al gran escritor de la conocida corriente del indigenismo, la presentación de sus ensayos se nos ofrece como una invitación a su relectura y como un desafío a la hora de evaluar su vigencia. Por todo ello, este reciente libro – aún no muy difundido por las librerías peruanas – puede marcar en este año que se inicia un punto de vista diferente para la difusión, discusión y debate de y en torno a la obra arguediana, que ojalá halle ecos con motivo de la celebración ‘inoficial’, aunque real y no marginal, del centenario del nacimiento de tan ilustre personaje de la cultura peruana, como fue José María Arguedas.


[1] (del quechua): golondrina.

[2] (del quechua): canto de sangre.

[3] Rasu Ñiti (del quechua: el que aplasta nieve) es el nombre del danzante de tijeras.