Cómo leer a Mario Vargas Llosa



CONVERSATORIOS:

Cómo leer a Mario Vargas Llosa - I
25. Nov. a las 19:00 horas

Cómo leer a Mario Vargas Llosa - II
02. Dic. a las 19:00 horas


Consulado General del Perú, München.

Literatura cosmopolita desde Cuzco



“Usted nuestra amante italiana” es la entrega de un conjunto de cuentos del escritor cusqueño Mario Guevara Paredes, trazados en universos narrativos en donde los personajes experimentan ante la contemplación del mundo estados de perplejidad, de absurdo, de ironía y de paradoja, pero también de sosiego y de liberación gracias a las reacciones de supervivencia de sus antihéroes.
La diferencia constitutiva de los cuentos de este libro no es pareja, puesto que hay algunos relatos de corte clásico por su final sorpresivo, mientras que otros son más experimentales en cuanto a formas y temas. Entre las mejores entregas del libro se encuentra La espera no siempre es larga. Se trata de un historia a lo novela negra, que logra la tensión típica del crimen pasional, porque el ritmo de las acciones es parejo y el discurso avanza fluidamente, exponiendo los acontecimientos de manera lenta con el uso de precisos adjetivos. El mayor logro en el discurso es la presentación solapada de la situación de ensimismamiento casi febril en el que se haya el protagonista, lo cual ayuda también a no adelantar el final de la acción. El título del cuento alude al tema del alargamiento del tiempo ante la cuestión de la espera, pues toda la trama parece una fotografía de la lentitud densa y significativa que puede conllevar el instante, en definitiva, una anti-festina lente en la que se consumen las muertes ocurridas.
Destaca también el cuento Por siempre jamás, narrado por una voz femenina, que se inicia con un tono muy compacto, que se va aflojando poco a poco con el apelativo de ‘usted’, muy típico de los cuentos de Guevara. Es interesante el enfoque del tema del hastío en el que caen muchas vidas, cuyo bienestar se basa en prejuicios sociales. La historia de la mujer que mata al marido en un segundo de desequilibrio emocional es parte de un problema actual, que la sociedad minimiza y que al final impulsa a las víctimas de esa indiferencia social y jurídica a terminar haciendo justicia con sus propias manos. Otro rasgo ya típico de la cuentística de Mario Guevara se presenta en Desde el fondo oscuro. La propuesta de la que parte el cuento es la que propone el emisor del discurso: la de narrar los acontecimientos sucedidos y no la de hacer divagaciones filosóficas. El perfil de la víctima recuerda al personaje tipo del 'cornudo' que vuelve inesperadamente a la escena de la infidelidad y se hace al que no se da cuenta de nada, por una cuestión de honor. Por otra parte, el suicidio es un tema del romanticismo, aunque aquí se mezcla con otras posibles variantes del desamor, lo cual le concede un carácter abierto al cuento, y lo enriquece. En Usted, nuestra amante italiana un grupo de personas – hombres viejos – recuerda a una actriz italiana durante una velada al ritmo de una botella de vino. De hecho, no hablan todos en coro, sino que se entiende que alguien habla – o piensa en lontananza – en nombre de todos. Esto es peculiar por el hecho de que es una persona gramatical poco usada – primera persona plural – en un relato intimista. El texto se reduciría a una simple exposición de episodios sin concatenación en torno a los recuerdos de las cuitas que pasaban un grupo de amigos para poder ver en el cine las actuaciones de la otrora famosa actriz italiana, si no fuera porque hacia el final se nombra a la actriz en medio del fondo musical de un bolero que habla de la decadencia del romanticismo, y alude quizás con esto al triste final artístico de Laura Antonelli.
En general, todos los cuentos llevan en común, en el motor que impulsa las acciones, a un personaje – que no siempre es el narrador – que es parte de una relación de amantes, reales o imposibles, soñados o deseados, consumados o engañados. Tanto en La vida no vale nada, confesión de un borracho ante un barman en el escaparate de un local donde se bebe y baila, como en La mujer de negro, historia del amante que sueña con la amada y que fracasa antes de iniciar la lucha por ella, los finales reproducen, más que la sorpresa del amante, su desengaño y su perplejidad. Mientras que en Niña veneno, presentación del tema en torno a la banalidad de los criterios raciales que están vigentes todavía en muchas microsociedades peruanas, el final recuerda al de Alienación de Julio Ramón Ribeyro con la diferencia de que esta vez la justicia – o injusticia, según se vea – la pone el cielo. Dos cuentos de tramas que bordean lo absurdo son Janos el hombre que corrigió a Bretón e In extremis, ambos reflejo de una ideología del amante dolido que sigue su camino por la vida desenfadadamente, como anestesiado contra el sufrimiento por todas las pérdidas amorosas.
Con este libro Mario Guevara Paredes, sin abandonar sus temas y estilos característicos del antiheróico accionar de sus personajes, ha entrado en una etapa de maduración en su oficio y da luces que perfilan un estilo muy suyo entre la variada gama cuentística que presenta la literatura peruana actual.

Una mirada académica a la lengua huichol

Entrevista al Dr. José Luis Iturrioz

[Fragmento]

El Dr. José Luis Iturrioz, español de origen y mexicano de corazón, es investigador en la Universidad de Guadalajara, México, con especialización en el estudio de lenguas indígenas. Autor de Gramática didáctica del huichol (2001), Lenguas y literaturas indígenas de Jalisco (2004), Gramática de la lengua wijarika (2006), obtuvo el Premio Jalisco de Humanidades (2007) y ha sido en el segundo semestre del 2009 profesor invitado - una vez más - en la Universidad de Múnich, Alemania (LMU), donde amablemente aceptó esta entrevista en exclusiva para Sieteculebras.

¿Qué significa la palabra ‘huichol’?

‘Huichol’ se deriva del autónimo[1], es decir, de la palabra con que los miembros de la cultura huichola se nombran a sí mismos. Actualmente se tiende a creer, especialmente por parte de los propios indígenas, que los nombres con que los designamos en español y otras lenguas europeas son originalmente insultos y por eso proponen rechazarlos y sustituirlos por los nombres que tienen en sus propias lenguas. En internet, por ejemplo, se encuentra la información de que la palabra ‘huichol’ es un apodo que los aztecas aplicaron a los huicholes, pero las etimologías que se proponen carecen de todo fundamento. En realidad, si bien muchos de los nombres de la zona son de origen azteca, y en buena parte despectivos: por ejemplo, ‘tartamudos’, a unos, o ‘chichimecas’, que significa ‘perro’, a otros, etc., es necesario hacer un par de precisiones. En primer lugar, no todos los nombres aztecas fueron insultos. En segundo lugar, no todos los etnónimos de la zona huichola son de origen azteca. En un estudio diacrónico sobre los préstamos que los huicholes tomaron del español desde el inicio de la Colonia, muestro con todo rigor que en el siglo XVII la ‘s’ de la palabra ‘huisalica’ se pronunciaba con una ‘rr’ no vibrante, que se mantiene como tal en la zona oriental del territorio y que es el antecedente de la ‘rr’ en la zona occidental. Ese sonido los españoles lo interpretaron como ‘ch’. En algunos documentos coloniales la palabra aparece como ‘huitsolme’, lo que remite a hablantes de náhuatl, intermediarios de la administración colonial española, que le pusieron a la palabra huichola la marca plural -me del náhuatl; es decir, también los hablantes de náhuatl tomaron la palabra prestada del huichol.

¿Qué zona geográfica abarca hoy la cultura huichola?

Casi la misma que ocuparon desde que fueron reducidos en los tiempos coloniales, por utilizar el término que aparece en las crónicas. Los huicholes fueron reducidos por las tropas coloniales entre los siglos XVII y XVIII a un determinado territorio, que está al norte de Jalisco, al sur de Durango y Zacatecas, la mayoría vive hoy en el estado de Jalisco, lejos de Guadalajara, un poco menos abandonados que en los siglos precedentes.

¿La lengua huichola recibe algún apoyo para su conservación?

Ésa es precisamente la labor principal de mi grupo de investigación. Una manera de luchar contra su extinción es realizando una descripción científica de la lengua como una base imprescindible para aplicaciones didácticas. Además se persigue la formación de cuadros capacitados para enseñar huichol como lengua materna en las escuelas. Las gramáticas didácticas, que son un instrumento de primordial importancia para la revitalización de las lenguas y su transición a la escrituralidad. En este dominio somos pioneros y estamos poniendo un ejemplo que tratan de seguir no sólo en México, sino también en otros países como Chile. No tomamos como patrón o modelo al idioma español, ya que son esencialmente diferentes. La lengua huichola es polisintética, y codifica casi todo en el verbo, en las otras palabras la complejidad es menor. En el idioma español por cada verbo hay cuatro nombres, es decir, el español es una lengua nominal. Por el contrario, la lengua huichola es verbalizante, tiende a expresarlo todo con el verbo, pone atención no tanto en las cosas sino en los procesos.

¿Cómo ve el futuro de la cultura huichola, y de su lengua y sus estudios?

Yo tengo un lema que es “nada produce mas daño que el desconocimiento”. El que dice que las culturas indígenas no valen nada, es porque no las conoce. Una lengua es millones de veces más valiosa que un yacimiento arqueológico. Una lengua no se puede reproducir ni reconstruir una vez destruida. Si se pierde es para siempre. Las lenguas son el espejo de la capacidad humana. A los mismos indígenas hay que enseñarles a reflexionar sobre su lengua. Mucha gente que vive en Perú o en México piensa que lo que habla o lo que cocina no es bueno. Los propios hablantes de las lenguas indígenas tienen que cambiar su mentalidad, y saber lo que valen sus lenguas, pues la mayoría lo ignora. Eso es un trabajo que se debe hacer dentro de las comunidades, el de cambiar la actitud frente a los valores lingüísticos y culturales que ellos tienen de sí mismos, y hacia afuera, y convencer sobretodo también a los mestizos de ello.

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Entrevista completa en:

SIETECULEBRAS - Revista Andina de Cultura, Cusco, Nr. 28 (julio-set 2010), 22-24.


[1] Autónimo: denominación étnica, o etnónimo, con que se autodenomina una comunidad cultural, lingüística, étnica o nacional a sí misma.

La violencia de los ochenta en la novela peruana última

Entrevista al escritor Eduardo Huarag
(Fragmento)


(Imagen: Eduardo Huarag frente a la Facultad de Filología Románica de la LMU, München, enero 2010.)


La violencia terrorista vivida en el Perú hacia los años 80 y principios de los 90 y sus secuelas políticas, morales, sociales, económicas y psicológicas entre los habitantes del país ha sido tema central en muchas de las manifestaciones artísticas nacionales de los últimos años: desde trabajos artesanales y letras de canciones del folklore nacional, hasta películas cinematográficas, teatro, galerías fotográficas y producción literaria. Al menos en el género narrativo dicho tema parece haber inspirado los frutos más ricos en cantidad y calidad. Precisamente sobre las características más resaltantes de la literatura peruana última han tratado las conferencias que el profesor universitario y escritor Eduardo Huarag Álvarez ha dado en universidades e instituciones culturales europeas, en una gira realizada en enero 2010 por Alemania, Francia y España. Durante su paso por la Ludwig- Maximilians- Universität (LMU) de Múnich, Alemania, accedió amablemente a una entrevista.

En su última novela corta La barca (Ed. San Marcos, 2007) usted se enrola en la fila de los autores peruanos que toma el tema de la violencia de los años 80 y principios de los 90 como transfondo decisivo para una historia de amor. ¿Qué lo ha llevado a incursionar también en ese tema?

Bueno, hay varias cosas que tendría que mencionar. Primero, la experiencia vivencial de por medio. Yo pasé tres años, del 80 al 82, por la Universidad de Huamanga, en Ayacucho, y conocí una realidad muy diferente a la de Lima. Viajé hacia algunas localidades y constaté lo que significaba la pobreza extrema. No se podía pensar el país del mismo modo desde esos lugares ancestralmente marginados. De esa experiencia salió un tema, al que le fui dando vueltas por un buen tiempo, escribiendo una primera versión, y haciendo varios otros intentos, fallidos, por cierto. Y así fui armando una primera novela sobre esa materia: La promesa (2005). Esta novela, sin embargo, lleva la trama hacia otro asunto, de pronto sentí que el tema de la violencia se me había ido, y terminé escribiendo sobre el desgarrador tema del incesto. En cambio, en La barca (2007) a pesar de la distintas miradas desde diferentes espacios y tiempos, logré centrarme en la violencia y la trama policial. Y si bien el argumento central gira en torno a la relación de una pareja, Santiago y Alejandra, se tramite toda esa atmósfera de incertidumbre promovida por los servicios de Seguridad del Estado. En esta novela a través de la metafórica figura de una barca, que nunca llega a su destino y en la que mueren muchos anónimos personajes, he querido mostrar todas las implicancias que de algún modo supusieron esos años de violencia y de conmoción para el país. Creo que aquella fue una experiencia que no se puede ignorar o pasar por alto. Mi novela La barca fue así el resultado de una necesidad vital de transmitir y construir una historia sobre eso que me había dejado muy marcado por sus implicancias sociales, políticas, e incluso personales y sentimentales o emocionales.

Como sucede quizás también con novelas como La joven que subió al cielo ([1988] 2009), Rosa Cuchillo (1997), Abril rojo (2006), La hora azul (2007) e incluso Un lugar llamado Oreja de perro (2008), en las que el tema de la violencia terrorista está directa o indirectamente presente, ¿cree usted que todas ellas tienen algo en común, como para que se pueda hablar de la novela corta última en la literatura peruana?

Bueno, tienen en común eso que yo mencionaba hace un momento, esa veintena de años violentos que sacudieron la conciencia del país, tanto en Lima como en provincias. No es coincidencia que estas novelas toquen ese tema. Hay por parte de los autores un interés especial. En mi caso particular, tuve motivos de experiencia personal, pero soy consciente de que hay una actitud distinta de todos los escritores de tocar no sólo ese tema. A unos les interesa más la relación de la insurgencia con el pensamiento mesiánico, mítico; otros prefieren explorar en el conflicto existencial y el problema psicológico. Me parece que los escritores de ahora han tomado mayor conciencia del cómo hay que contar las historias, es decir, del uso concienzudo de técnicas y estrategias narrativas. Eso sí que es común a todos estos autores, si no, me atrevo a sostener que no serían relevantes sus obras.

¿Y esos escritores del Cusco – por ejemplo, Enrique Rosas-Paravichino, Luis Nieto Degregori, Mario Guevara - tienen algo especial en sus obras que permita hablar de una materia aparte con el título de ‘literatura cusqueña’ actual?

Creo que hay varias motivaciones en la producción literaria actual del Cusco. El tema de la violencia es sólo uno; también existe la tendencia hacia el rescate histórico, la metaforización, los hechos absurdos de la cotidianeidad, pero también los hechos extraordinarios muy cercanos al realismo maravilloso. Si nos ponemos a observar el conjunto de producciones de los últimos años encontraremos que no hay una temática o inquietud homogénea, como en la época del grupo Narración, por ejemplo. Hoy en día me parece que eso no existe.

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Entrevista completa en:

QUEHACER - Revista del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (Desco) Nr. 178 (abril - junio 2010), 102-107.


Ver más sobre QUEHACER 178:

http://www.desco.org.pe/quehacer-todas.shtml?x=6427



ENTREVISTA a Ofelia Huamanchumo

Manuel Scorza y el exilio,
la política y el compromiso con la literatura.
Por Fernanda Gayoso

Ofelia Huamanchumo la Cuba (Lima, 1971) ha publicado un estudio monográfico, Magia y fantasía en la obra de Manuel Scorza. Hacia una reflexión estructural de La guerra silenciosa, (Lima: Ed. Pájaro de Fuego, dic. 2008). Se trata de un libro pensado para invitar al debate a los estudiantes de literatura y está dedicado a Manuel Scorza - renovador de la conocida corriente literaria peruana del ‘indigenismo’ de los años 50 - como homenaje a su vida, que dedicó a la actividad literaria en gran parte desde el exilio. La autora, radicada en Alemania, nos comenta su visión sobre diversos temas relacionados con la obra scorziana: literatura, exilio, política, compromiso.

Ofelia Huamanchumo de la Cuba, en Múnich, mayo 2009.


¿Cuándo y cómo nace tu interés hacia la obra de Manuel Scorza?

A raíz de su muerte, en noviembre de 1983. Cuando la noticia del accidente aéreo se hizo pública llegó a mis manos Redoble por Rancas, y quedé fascinada ante el primer capítulo. Mis padres habían estado en Cerro de Pasco por los años sesenta, participando en el programa de Reforma Agraria auspiciado por el gobierno militar de entonces, poco después de las masacres ocurridas que Scorza toma de base para sus historias, y por eso mis padres lo recordaron en esos días de su fallecimiento contando anécdotas de esa experiencia y rebuscando su obra en nuestra biblioteca. Hasta aquel entonces, los cuentos de tema indigenista me parecían de lo más cansados y serios. En general, me gustaba leer de todo, menos Ciro Alegría, Clorinda Matto, Arguedas. Eso era para mí como ponerse a ver cuadros aburridos de vidas tristes de los pueblos serranos del Perú. Yo había viajado por la sierra con mis padres en plan de paseo, tenía otra visión de las cosas: ir hasta Ticlio en el auto era divertido, mirar la chimenea más alta del mundo en La Oroya y comprar ollitas de barro en la feria de Huancayo.

¿Cuándo te contagia Scorza su conciencia por el problema de los más relegados del Perú? ¿Fue la lectura de La guerra silenciosa?

Bueno, a la muerte de Scorza me enteré del motivo central que había movido siempre su vida y su obra, desde su poema de Canto a los mineros de Bolivia, por ejemplo, hasta las novelas que ya conocemos. Su bellísima poesía social y después el humor negro con que Scorza cuenta las tragedias de las maltratos de los campesinos y mineros en la sierra peruana fue lo que me cautivó, me hizo llorar de risa, primero, y de pena, después; porque además coincidió en esos años con otros cuadros que descubrí en la realidad cotidiana de mi vida, cuando regresaba del colegio y leía en el auto a Scorza, en los semáforos rojos de la avenida Javier Prado se ponían los mineros recién llegados a Lima a vender alfajores con cartelitos de reclamos por pagos incumplidos colgados al pecho, “de la mina tal, del centro minero cual”. Esos eran como cuadros vivos que te hacían ‘clic’ en la cabeza y te empezabas a preguntar cosas.

¿Qué te preguntabas?

Ninguna pregunta del tipo de si el Perú era ‘una promesa o una posibilidad’, pero digamos que me empezaba a parecer que en la realidad peruana había gato encerrado. En esos años yo cursaba la secundaria. A los adolescentes peruanos les gustan por lo general otras cosas. En principio la obra de Scorza me fascinó por su lenguaje ameno, de buen fabulador, como de quien cuenta algo bien serio con mucho humor, como un Benigni filmando el holocausto nazi. Pero ahí quedó el asunto. Fueron muchos años después cuando valoraré con seriedad su novelas desde el punto de vista de la crítica literaria y como ejemplo de un escritor auténtico, que dedica todo su arte para una obra de bien: sacar del silencio aquellas anécdotas borrascosas que la prensa y el poder habían silenciado en su momento sobre la matanza de mineros y campesinos en la sierra central peruana de los años 60, y que fueron destapadas también por el periodista César Hildebrandt diez años más tarde, a raíz de unas cartas que Scorza enviara a la prensa en tono de reclamo.

¿Y cómo entonces tomas conciencia seria de la protesta scorziana?

Por la forma como Scorza nos acerca a la tragedia de los campesinos y mineros, con el buen tratamiento de la magia y la fantasía de las historias que cuenta, que es lo digno de resaltarse, pues logra sensibilizar al más indiferente de los peruanos, o de los ciudadanos del mundo. Porque cuando yo inicié mis estudios de Letras en la Pontificia Universidad Católica de Lima, mis intereses literarios eran otros, me gustaba mucho y casi exclusivamente el Siglo de Oro español y leía bastante literatura alemana en la biblioteca del Instituto Goethe de Lima. Tengo además poco espíritu de luchadora social en masa, jamás fui a ninguna marcha de nada, a las que sí veía que iban mis colegas de la universidad, como quien va a una reunión social, parece que había que dejar bien claro en esos años que uno era de la élite intelectual democrática. Me acuerdo que era casi como un estatus ir a las marchas de Alejandro Toledo. A mí no me importaban las marchas, y yo lo decía además en voz alta y perdí ‘amigos’ por ello. Yo soy más del tipo ratón de biblioteca, me gusta leer, y escribir sería mi única forma de alzar alguna protesta, me dan miedo las multitudes.

¿Qué protestas políticas has publicado, por ejemplo?

Bueno, protestas tipo panfleto político: ninguna. Sólo saqué por los años 90 un boletín literario, Café con Letra, donde en la columna editorial escribía sobre lo que me inspiraba el mundillo literario limeño que yo frecuentaba en esa época: la falta de una política seria contra la piratería de libros, la falta de interés por motivar la lectura a través de bibliotecas públicas, el exilio acelerado de muchas promesas de la literatura, etc. Me acuerdo que dediqué un número a criticar a los poetas por la paz, por la democracia, por la dictadura, por la justicia total, etc., los puse a todos en un mismo saco de poetas panfletarios, creo, todo porque hacia fines de los 90 hubo una ola de recitales literarios con aire político en Lima y yo no veía, como no veo ahora, ningún ‘canto general’ ni ningún ‘aparta de mí este cáliz’ que quedara de esos años. Quizás valió el intento, fue política y moralmente correcto para algunos poetas y escritores participar en esos recitales.

¿Y tu libro no es parte de esas publicaciones de protesta política?

Por supuesto que no, pues se trata de la publicación de una tesis de investigación literaria que va dirigida sobre todo a los profesores o estudiantes de literatura, o a los lectores de Scorza, para invitarlos al debate. En el Perú se publica muy poco ensayo y mucho menos las tesis, a lo mucho éstas se prestan a lectura en sala en las bibliotecas universitarias, como si fuesen grandes misterios. Yo creo que es cuando hago mi tesis de postgrado aquí en Alemania sobre La guerra silenciosa, e investigo todo el contexto social, político, artístico, etc. en que Manuel Scorza escribe su obra y la publica, ahí es cuando, en la distancia del exilio, se me abren muchas preguntas más sobre el Perú, y el Perú empieza a dolerme de otra forma.

¿De qué forma?

Bueno, mis padres siempre me habían educado, con su ejemplo de vida, con cierta conciencia social por el prójimo. Mi madre dedicó toda su carrera profesional de asistencia social a luchar por la dignidad de la gentes de los pueblos jóvenes que en los años 70 se formaban a mucha velocidad en el cono sur y norte de Lima. Y mi padre, como ingeniero agrónomo, participó también toda su vida en programas de apoyo al campesino, sobre todo en la selva con los cultivos alternativos al ilegal de la hoja de coca, y publicó también sobre ello, desmitificando falsas creencias y criticando objetivamente la política agraria de los gobiernos de turno. En la distancia comprendí entonces que había un tipo de compromiso ético al que tenía que sumarse cualquiera que se sintiera no patrioteramente peruano, sino simplemente humano en cualquiera que fuese su actividad profesional. Entonces, por eso yo también me decidí a publicar un artículo en la revista QUEHACER en el 2003 para hacerles recordar a todos la obra y el mérito de Scorza en su oficio de escritor, que coincidía con el aniversario de los veinte años de su muerte y de la ‘matanza de Uchuraccay’. Yo llevaba recién tres años viviendo entre Lima y Alemania y me parecía que por todas partes se publicaba mucho sobre el terrorismo, pero en un mismo tono sordo y llorón, sin que nadie se hiciera la pregunta esencial que era la de los motivos por los que había surgido ese fenómeno del terrorismo en nuestra sociedad. Eso era lo que me llamaba la atención.

¿Crees entonces que la literatura o el ensayo pueden ser armas de protesta social?

Toda palabra puede ser un arma, incluso de doble filo. Hay de los que hacen del uso de la palabra un ejemplo admirable, pero también hay charlatanes y demagogos. Es difícil llevar la verdad en los labios. Sin ir muy lejos, a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación le ha costado esfuerzo. Muchos ‘sólo políticamente culpables’ al final y poco de la discusión sobre el origen del asunto. Lo mismo con los deseados polémicos museos de la memoria. Memoria de las consecuencias del flagelo terrorista, de los asesinos, de los paramilitares, de las violadas, de los desaparecidos, de los soplones, de los arrepentidos. Pero quién se ocupa del recuento de las causas… Me niego a creer que las causas del surgimiento del terrorismo se hallen en los genes o en la innata mala suerte de los relegados del Perú.

¿Crees que La guerra silenciosa, o la obra scorziana en general, puede seguir teniendo vigencia en el Perú?

Creo que La guerra silenciosa podría enumerarse entre los clásicos de la literatura peruana del siglo XX, no tanto porque si el problema de los campesinos, los mineros y sus tierras parece no haberse desterrado en el Perú, sino por ser un modelo de literatura comprometida, no en el sentido de haber sido escrita con una ideología política específica de su autor, sino por ser ejemplo del compromiso de un escritor con su tarea y su oficio; para los que vino al mundo: escribir, decir, no callar. Toda obra literaria es un compromiso estético y social del escritor consigo mismo y con su entorno, como se ve en el libro, muy tierno y humano, con notas y poemas sobre la vida y los sueños del gran escritor, que el año pasado la señora Hoyle, viuda de Scorza, publicó. Yo, por mi parte, he divulgado en conferencias y veladas literarias La guerra silenciosa a través de galerías fotográficas y la lectura de fragmentos de las novelas, pues creo que lo que vale es acercar al público al goce estético mismo de la lectura, más que discursear sobre las consecuencias que esa lectura pueda despertar, que es algo que queda en el nivel individual del lector. Lo que me apena todavía es el hecho de no poder divulgar como se debiera la obra poética de Scorza, pero en ello se trata de un problema de los derechos de autor que hasta hoy no se ha resuelto, y por lo cual han quedado bloqueadas hasta reediciones en imprenta y algunos otros proyectos de reediciones de la obra poética scorziana en el extranjero. ¡Una verdadera pena tamaño ensañado silenciamiento!.

ANTOLOGÍA FOTOGRÁFICA: Josemari Recalde

Testimonio, in memoriam.


Conocí a Josemari sólo de vista.

Las primeras imágenes que guardo de él son de las veces en que con frecuencia lo veía entre el público de recitales poéticos y conferencias de literatura en Lima a finales de los 80 y comienzos de los 90. Se me quedó marcada su figura por el parecido que guardaba con un amigo de mi infancia. Cuando inicié mis estudios en la Universidad Católica lo volví a ver entre los pasadizos del pabellón de Humanidades, la cafetería o la rotonda. Cuando ingresé a la especialidad de Literatura compartimos aulas y alguna mesa en algún coloquio de estudiantes.

También lo recuerdo en una tarde en la universidad, en el momento en que furtivamente se montaba en el tricilo-perú de uno de los jardineros de rosas y arrancaba a manejar por el tontódromo, corredor legendario que iba de la facultad a la biblioteca central. Llevaba de pasajera encima de la carretilla a Monserrat Álvarez, otra gran poeta. Los dos iban muertos de risa. Esa imagen de travesura temeraria se me ha quedado en la memoria; y otra, de la última vez que lo vi. Fue una noche en que yo celebraba con amigos de la universidad en el bar La Cabañita algo, o quizás nada. Él estaba sin compañía en otra mesa. Y fue entonces cuando al salir del local le pedí permiso para sacarle una foto para mi Antología Fotográfica de poetas peruanos del siglo XX, le dije, lo cual le hizo gracia y accedió. Y ésa es la foto que ahora he querido compartir con los lectores de su poesía, que celebran en estos días la aparición de su Libro del sol y otros poemas, edición a cargo de Intermezzo Tropical.

Mis infinitas gracias a los colegas del diario El Comercio de Lima por darle difusión a esta foto rescatada, de agosto de 1999, en su suplemento El Dominical (28.febrero.2010). Ahora la vuelvo a publicar aquí con mayor calidad y sin retítulos ni autoría, pues esta fotografía ya no me pertenece. Es de todos los seguidores de la vida y obra del poeta peruano Josemari Recalde Rojas (Lima, 1973 - 2000). Para ellos va.