TRADUCCIÓN - Günter Grass

Acerca del poeta Günter Grass
[Fragmento]
La política y la literatura han ido muchas veces de la mano. Vivo ejemplo de ello es la carrera intelectual del laureado novelista Günter Grass (Danzig, 1927), quien como integrante de Grupo 47 – asociación informal de escritores alemanes de la postguerra - había seguido en sus inicios una línea realsocialista de renovaciones estéticas sin precedentes, para más tarde continuar tratando con singular talento temas del discurso público alemán: la postguerra, la reconstrucción, el feminismo y la cuestión ecológica. Su primer premio literario lo alcanzaría en un concurso de poesía en 1955; sin embargo, es la publicación de su primera novela Die Blechtrommel (1959), El Tambor de Hojalata la que le alcanzó fama internacional, a la vez que le facilitó la puesta en escena de piezas teatrales para las que anteriormente no había encontrado auspiciadores. Günter Grass ha continuado desenvolviéndose en diversos campos artíticos como la pintura, escultura, narrativa, dramaturgia y , con mayor gusto, según el propio autor, en la poesía. Ha logrado, entre otras muchas distinciones, el Premio Nobel 1999. Pese a todo, su obra poética no ha tenido mayor difusión debido a la escasez de traducciones poco motivadas por la dificultad que ofrece el estrecho nexo entre las fechas de publicación de los poemarios y las coyunturas sociopolíticas; sin embargo, un canto íntimo y a la vez universal se percibe. He aquí una selección de textos correspondientes a su primer poemario Die Vorzüge der Windhühner (1956), que vislumbran la trama de su primera gran novela, poniendo además en evidencia una constante en Grass: el paralelismo temático entre su obra narrativa, la más extendida, y su poesía, la menos divulgada. Se trata de una traduccción temática al español. Queden en lengua alemana la belleza del ritmo y otros juegos de expresividad fónica de sus versos.

A todos los jardineros
¿Por qué queréis prohibirme comer carne?
Ahora venís con flores,
me guisáis margaritas,
como si no quedase suficiente resabio a otoño.
Dejad los claveles en el jardín.
Si ya las almendras están amargas,
el gasómetro,
que vosotros llamáis bizcocho -
y me seccionáis a mí,
hasta que suplique por leche.
Decís: verduras, -
y me vendeís rosas al kilo.
Es sano, decís, y mentáis los tulipanes.
El veneno,
atado a pequeños ramilletes,
¿debo comérmelo con algo de sal?
¿debo morir de campanillas de mayo?
Y las lilas sobre mi tumba –
¿Quién me protegerá de los vegetarianos?
Dejadme comer de la carne.
Dejadme con el hueso a solas,
para que así él pierda su vergüenza y se muestre desnudo.
Sólo cuando yo me aparte del plato,
y halague bulliciosamente a los imbéciles,
sólo entonces abrid los jardines,
para que yo pueda comprar flores 
pues me encanta verlas marchitarse.
(Publicado en FavillaRevista de literatura y lingüística, I, 1, Lima, oct 2000)