Memoria de La guerra silenciosa



Foto: "Tupayachi en Chacayán, 1964"


Memoria de La guerra silenciosa
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[Fragmento]

“Tout sera oublié et rien ne sera répare” Milan Kundera. (Epígrafe a Redoble por Rancas)

Cuando hace veinte años ochos periodistas – ignorando el negro destino que en Uchuraccay les esperaba - marcharon en comisión de trabajo hacia la sierra alta de Ayacucho, hacía ya veinte años antes un insigne poeta peruano de la llamada Generación del 50, autor de versos como “Hay que vivir ausente de uno mismo / hay que envejecer en plena infancia / hay que llorar de rodillas delante de un cadáver / para comprender qué noche / poblaba el corazón de los mineros” , se dirigía por enésima vez también hacia las serranías – aquella vez a las de Cerro de Pasco - con el afán de buscar la verdad. Manuel Scorza era el nombre de aquel valiente. Hasta sus oídos sensibles al dolor y la injusticia habían llegado los rumores sobre la manipulación de las noticias oficiales en torno a unas matanzas de campesinos en los Andes Centrales. Se trataba de pleitos de tierras que envolvían a poderosos hacendados y a una compañía minera internacional. Sólo un informe de César Hildebrandt publicado en la Revista ‘Caretas’ diez años después de sucedidos los hechos cuestionaría los acomodos periodísticos de aquel entonces: ‘‘En marzo de 1962, aproximadamente treinta comuneros en busca de tierra fueron masacrados por fuerzas policiales. [Sin embargo...] ‘Sorda tensión crece en Pasco’ era el titular de ‘Expreso’ el 3 de marzo. El 5 de marzo, ‘La Prensa’ abría su edición así: ‘Mueren ocho comuneros al desalojar fundos en Cerro de Pasco’. Pero al día siguiente su corresponsal rectificaba: ‘Operación Desalojo de Fundos de Pasco ha dejado 15 muertos’. La versión definitiva de ‘La Prensa’ sería dada el 7 de marzo: ‘Ocho muertos sería el total en Desalojo’. ’’

En los comienzos de los años sesenta los pobladores de esas zonas altoandinas de Cerro de Pasco, que al igual que Uchuraccay se ubican a una altura que supera los 4000 m.s.n.m., acogieron a Manuel Scorza de buen ánimo, porque tenían confianza en los intelectuales, gracias a los incipientes contactos políticos habidos con el Movimiento Comunal del Perú, a través del cual Scorza había publicado algunos manifiestos, en los que denunciaba la prisión de dirigentes de Cerro de Pasco, la negación al derecho de reunión entre comuneros y la preparación de la masacre de las comunidades de Yanahuanca y Yarusyacán. Scorza ya visionaba: “Ni como intelectuales, ni como ciudadanos, ni como hombres podemos sentir estimación hacia nosotros mismos si guardamos silencio frente a este drama. Ha llegado la hora de decir que si nuestras justas reclamaciones no fueran atendidas, se llevaría al país a la violencia y al caos. [...] En esta hora crucial de su historia, que atraviesa el país, ha llegado el instante de preguntarse si los comuneros del Perú son o no peruanos. Ha llegado el momento de preguntarse si los millones de indígenas, que constituyen nuestras comunidades, tienen algún derecho o si para ellos existe solamente el hambre, la miseria y la violencia. Al comenzar la conquista del Perú los españoles discutieron si los indios pertenecían o no al género humano. Demandamos a la Justicia y a la Historia que esa respuesta todavía es negativa en el Perú.”

Pero los desalojos masivos que terminaban en masacres continuaron. A las comunidades de Uchumarca, Rancas, Chinche, Chacayán y Yanahuanca Manuel Scorza volverá varias veces luego de los terribles acontecimientos para recolectar información en fotos y grabaciones. Veinte años después, en mayo de 1983 en París, Scorza lo confesaría: “Recogiendo testimonios recorrí durante muchos meses la zona de manera clandestina, cuando después de 1962 en Cerro de Pasco se siguió el estado de sitio. En la práctica era muy difícil moverse, era muy peligroso” . Si bien al comienzo el poeta quiso sólo acoplarse a las protestas pacíficas, que pretendían respaldar con manifiestos las denuncias de los abusos del gamonalismo y la compañía minera, se hizo luego a la lucha junto a los comuneros, para llegar a la triste conclusión de que en el Perú el calendario anual de los pueblos más olvidados del altiplano tenía cinco estaciones: “primavera, verano, otoño, invierno y masacre”. Cuando toma conciencia de la gravedad de las cosas y al borde de inmolarse inútilmente en manos de los desalojos policiales, Scorza decide regresar a Lima y denunciar como se pudiera las injusticias; pero sus esfuerzos no prosperaron porque el problema del poblador andino no despertaba el interés de nadie, ni poderosos ni intelectuales le hicieron caso. Es más, acusado de instigador, bajo riesgo de encarcelamiento, tuvo que exiliarse voluntariamente del país. Así, al darse cuenta de la inutilidad del discurso de la Historia decidió valerse de la Ficción confirmando lo que creyó siempre, que la literatura era el primer territorio libre de América Latina.

Múnich, 15-ago-2003.

Publicado en QUEHACER, Revista Bimestral del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, 144 (set-oct 2003): 60-65.