Oswaldo Reynoso en Alemania





"La estética de la pobreza es un planteamiento político".
entrevista con Oswaldo Reynoso

Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) es autor del poemario Luzbel (1955); del libro de cuentos Los Inocentes (1961); de las novelas En octubre no hay milagros (1965), El escarabajo y el hombre (1970), En busca de Aladino (1993), Los eunucos inmortales (1995); y del libro de relatos El goce de la piel (2005). En gira por Europa el escritor nos habla de temas que en el Perú se entrelazan: literatura, política y poder.
¿Qué significa para tí ser invitado a un evento cultural en Europa como autor representativo entre la gama dispar y diversa como se considera en el extranjero a la narrativa contemporánea del Perú?
Estoy muy satisfecho porque fundamentalmente yo soy un escritor - podríamos decir – nacional. Mis relatos tratan del Perú y la difusión de mis libros ha sido exclusivamente en el Perú. Claro que últimamente me invitaron a la Feria de Colombia, a la Feria de Guadalajara. Pero la invitación de ahora es diferente porque tenemos la oportunidad de presentar nuestros libros, dar lectura a unos fragmentos y dialogar con el público alemán que tiene interés por la literatura latinoamericana y, en especial, peruana.
Este evento se convocó con el fin de promover un acercamiento crítico a la cultura peruana - a través de su literatura - a propósito de las elecciones presidenciales próximas. ¿Tú cómo ves esa relación entre literatura y política?
La literatura no puede estar ajena del entorno en que se desarrolla. Toda literatura expresa una ideología, que es la concepción que el hombre tiene de su historia y de su entorno económico, social y cultural. No puede haber una literatura ajena a la realidad en la cual vive el autor. Actualmente se está hablando de una literatura “globalizada” que dicen que es universal; pero habría que recordar a Mariátegui cuando hace un deslinde entre lo que es la literatura universal y lo que es la literatura cosmopolita La primera es aquella que está detrás de las modas de las grandes metrópolis cuturales o económicas y se olvida de su entorno social; la segunda es aquella que es capaz de penetrar hasta encontrar la raíz de la humanidad, es decir, de aquello que nos hace iguales a todos los hombres que vivimos sobre la tierra; caso Vallejo, Arguedas, Rulfo, Dostojewski y Proust.
¿Crees que tú has hecho alguna vez política con tus obras?
Yo creo que todas mis obras tienen un contenido político, puesto que yo siempre he querido expresar a través de la literatura mi ideología
Sin embargo, tu última obra, El goce de la piel, parece no ser una literatura de corte político.
Se dice que en mi última obra, El goce de la piel, no hay una posición política, pero me parece que eso es falso. Son cuentos que, por ejemplo como en el primero, hablan de la educación en el Perú, hasta cierto punto medieval, de mucho contenido religioso. En el primer cuento el personaje rompe esa concepción medieval y a través de la belleza de los cuerpos descubre el renacimiento, es decir, la libertad. Se ha dicho que en esta obra, cuyos relatos en conjunto conforman una novela, hay una propuesta que los críticos han llamado la “estética de la pobreza”. Y efectivamente es así; los personajes de mis novelas son pobres, el Perú es un país pobre, la gran mayoría de la gente es pobre. Mi novela precisamente dirige el ojo a la pobreza, pero no para hacer de ella un cuadro esperpéntico, sino para encontrar ahí la belleza. Para mi es más bello el cuerpo de un pobre que el cuerpo de un rico. Y ése es un planteamiento netamente político. En otro relato se tiene la estancia del joven que es tomado preso; ahí se ve cómo se denigra a la juventud en el Perú. Pero el joven a pesar de todo eso resplandece en belleza y en actitud moral, y eso es una actitud política A veces la gente cree que hacer política es hablar de determinados tópicos. Pero la “estética de la pobreza” es un planteamiento político.
Se podría decir que tus personajes son también seres marginales siempre.
Sí, son personajes marginales porque no participan de la sociedad y yo también me considero,- y me han considerado siempre - un escritor marginal, porque estoy aparte de los mecanismos de poder en el país.
¿Tú consideras que el escritor debe imponerse la marginalidad para poder escribir? ¿O el exilio, por ejemplo?
No, no lo creo. Esa es sólo mi concepción; no puedo exigírselo a nadie ni imponer esa concepción a nadie. Yo creo que todos los escritores deben ejercer a plenitud su libertad.
Retrocediendo hasta tus inicios literarios, en los años en que Oswaldo Reynoso publica Los Inocentes. Relatos de Collera (1961) ya se hablaba de dos corrientes en la poesía peruana: la poesía pura y la poesía social. ¿Hubo algo así en ese entonces a nivel narrativa?
No, creo que no hubo esa posición. En ese momento se descubría Lima a través de lo que se llamaba el “realismo urbano”. No había, en todo caso, una contraposición, sino dos corrientes, que Salayar Bondy y Wáshington Delgado llamaron “narrativa urbana” y “narrativa agraria”, esta última totalmente diferente a lo que se llama “literatura andina”. Porque la narrativa agraria se da tanto en la costa como en la sierra y selva, ya que se refiere a los personajes que trabajan la tierra, actividad que no sólo se desarolla en los Andes. Tenemos el caso actual del Cusco, que es una ciudad cosmopolita, a la que llega gente de todo el mundo y ya los problemas y personajes que se desarrollan en el Cusco no pueden ser agrarios o campesinos, sino personajes urbanos, y esto está sucediendo en otras ciudades del Perú que han alcanzado un desarrollo comercial.
¿Qué tendencias ves ahora en la narrativa peruana?
Cuando se habla de la narrativa peruana actual hay una confusión. ¿Nos referimos a la actual narrativa que escriben los jóvenes o a la que se publica? Actualmente en el Perú, escritores de diferentes generaciones, la más antigua constituida por los del 50, seguimos publicando. Si cuando se habla de literatura actual uno se refiere a la de los jóvenes, entonces sería literatura de jóvenes escrita por jóvenes, pero no toda la literatura. En la actualidad podemos distinguir todas las tendencias y escuelas, autores desde 80 años hasta 19, estamos en un período de auge; esto se debe a varias razones. Una vez destruida la dictadura de Fujimori ha habido mayores canales de expresión en el país; por otra parte, el avance tecnológico en las impresiones permite que cualquier persona a bajo costo publique y hasta uno mismo pueda diseñar su libro e imprimirlo en su computadora. Aparte están las páginas de internet. Todo esto ha permitido que haya una cantidad de impresiones considerable en el Perú, sobre todo en narrativa y tambien en poesía. Nunca antes se ha visto la cantidad de libros de poesía como los que se publican en estos últimos años en el Perú. No hay que olvidar tampoco las plaquetas que sacan los estudiantes en las universidades. No todo tiene valor, pero se ve un verdadero movimiento. Por otra parte, hay anualmente por lo menos siete congresos regionales, nacionales, de escritores, de estudiantes de lengua y literatura, los congresos del norte, etc. Hay una convocatoria masiva que junta a escritores de todas partes para que lean sus obras y entren en contacto y amistad, lo que permite un intercambio fluido. Antes un escritor de Tacna no sabía lo que se escribía en el norte; ahora a través de los congresos, de internet, del intercambio, de los viajes que hacen los jóvenes a lo largo del país, etc., se está llevando a cabo un verdadero movimiento cultural en el Perú, un movimiento cultural integrado.
¿Qué opinas del voceado “debate” entre escritores andinos y criollos?
A mí me parece que ha sido un debate insulso y desbaratado. La culpa de todo esto la tiene el escritor Zen Zorrilla. Yo no sé por qué se le ocurrió lanzar un manifiesto indicando que en el Perú la literatura era desarrollada por dos tipos de escritores, los andinos y los criollos. Yo me encontré con él y le dije: “Yo no soy un escritor andino ni criollo, dime tú entonces ¿qué mierda soy?”. Me miró extrañado y me dijo: “Bueno, es una división que yo he hecho desde mi punto de vista”. Y yo le dije: “Ya pues, pero ¿dónde me colocas a mí?”. Esas clasificaciones no corresponden a la realidad. ¿Qué es eso de andinos? ¿Los que escriben sobre el Ande, sea ciudad o campo? ¿O los que viven en el Ande? Entonces los que viven en Lima y escriben sobre el Ande ¿no son andinos?. Hay que aclarar. Por otra parte, con el término criollo, que es muy lato, se designa varias cosas. Tomando la acepción corriente, el criollo es el que vive en Barrios Altos, en Breña, gente a la que le gusta la jarana, que toma pisco, que sabe piropear, toca guitarra, se para en las esquinas. Eso es un criollo, de ahí la música criolla, las fiestas criollas. Para el señor Zorilla ‘criollos’ son los pitucos de Miraflores. ¿Qué tienen que ver el señor Ampuero o el señor Cueto con los criollos? Ellos son pitucos de Miraflores.
Pero sí hay división de escritores o ¿cuál es el meollo del asunto?.
De lo que se trata es de que hay un grupo de gente que domina los medios de comunicación en lo que se refiere a la cultura. Cuando los medios de comunicación en un país son pocos y los espacios que se dan a la difusión cultural son muy reducidos, se genera poder. Porque si en el Perú habría muchos espacios culturales, entonces el poder se distribuye, pero si no, el que maneja ese espacio se convierte en el dictador de ese espacio. Así, esos que dominan determinan quién es malo o bueno, quién debe salir, quién no. Y como están vinculados a los medios de comunicación que pertenecen a los grandes grupos de poder, entonces necesariamente son los que representan la cultura peruana dentro y fuera del Perú, es decir, la cultura oficial. Porque los grupos de poder también tienen su ideología cultural.
¿Y eso tiene algo que ver con las premiaciones de los concursos literarios?
Sí, si tiene que ver, pero más que todo con lo que hace años eran los criterios para calificar a un crítico. En el Perú habían fundamentalmente dos criterios para determinar el valor de una obra literaria: la opinión de un crítico, que a lo largo de su trabajo crítico había demostrado cultura y cierto acierto en sus observaciones. Este crítico se transformaba en una persona que podía opinar con fundamento y cuya opinión era aceptada, es decir, se ganaba su sitial como crítico. No era que un periódico lo convocaba y empezaba a ejercer de crítico, no. El otro criterio era la aceptación de los lectores. Ésas eran las dos normas para la valoración de una obra literaria. Actualmente eso ha desparecido.
¿Cuáles son los criterios actualmente entonces?
Ahora se valora una obra dependiendo de si sacó un premio, si la editorial es de gran prestigio, y si tiene traducciones a otros idiomas.
O si ha sido pirateada...
Sí, pero éstos son criterios al margen del valor mismo de la obra. ¿Por qué?. Porque supone, por ejemplo, que todos los escritores tenemos la obligación de presentarnos a un concurso. Yo no tengo ningún premio porque yo nunca me he presentado a ningún concurso. Pero la gente piensa así y el escritor que no gana es malo. Lo cual es un criterio deleznable; tanto como pensar que si ha ganado un premio su obra es buena. Por otro lado, las editoriales han degenerado en la calidad. Hace años la editorial Gredos publicaba buenas obras, uno compraba a ojo cerrado; o la editorial Losada o Fondo de Cultura Económica de México. Ahora no. Uno no se puede fiar de la editorial. Éstas quieren ahora un mercado de público y lanzan novelas como las de Coelho o Bayly. Además se ha descubierto que entran en negociaciones con los autores, quienes posiblemente van a recibir la mitad del premio, y etc. Hay autores que han denunciado esto, otros que se han retirado de los jurados. Eso es la alcahuetería literaria que se está produciendo en el mundo. Y ya en España se dice: “Lo que natura no da, Alfaguara no lo presta” [...risas]. El otro criterio, el de las traducciones, entra también en el negocio de las editoriales. Uno compra la traducción de una novela alemana o italiana, pero no siempre es buena, pues ahí también funciona lo del mercado.
Para terminar, ¿qué elementos crees tú que nos quedan entonces, o qué criterio?
Los elementos de ahora son sólo la valoración del lector. Sólo el lector en su fuero interior puede determinar qué obra deja de leer y cuál lee. De ahí la gran misión de la educación. Los profesores deben formar el buen gusto literario en sus alumnos, pero para ello ellos mismos deben empezar por cultivarlo.

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Publicada en la Revista Andina de Cultura SIETECULEBRAS n° 21, jul-oct 2006.